Caso Amaya Zabarte: la pesadilla continúa. Hemos pasado del podía haberle pasado a cualquiera al ponte en su lugar, porque la familia Novoa sigue encontrándose con continuos palos en las ruedas según van intentando dar pasos para conseguir, no ya que se haga justicia, sino que el caso acabe en un juicio. Cada vez que llega una fecha o momentos claves en teoría a su favor, no tardan en torcerse las cosas de manera radical. La impotencia y la frustración de la familia es absoluta, ya que, a pesar de que no cesan en su empeño por que no quede impune lo sucedido, se están topando con muchos más obstáculos de los esperados.

Lo más impactante es que una de los mayores trabas que se han encontrando está siendo la instrucción de la jueza Ana Isabel Pérez Asenjo, titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Donostia-San Sebastián. El último revés y decepción que se ha llevado la familia Novoa llegó el pasado viernes 23 de enero, cuando estaba citada para declarar la principal testigo que había citado la acusación particular. Esta, que era una chica que cuando sucedió el incidente era menor de edad, y que fue quien atendió a Amaya cuando se encontraba malherida en el suelo, pasó un muy mal trago cuando casi 22 meses después tuvo que responder a las preguntas y al tono de las mismas del abogado representante de la Ertzaintza y, posteriormente, de la propia jueza. 

Indignación

Su actitud "agresiva e intimidatoria" alcanzó tal punto que la testigo abandonó la sala entre lágrimas, lo que, como es normal, provocó la indignación, no solo del abogado de la acusación particular, sino también de su familia, que le estaba aguardando fuera del juzgado y que no entendía cómo era posible que le hubiesen tratado de tal manera. Como ya le sucedió a Amaya en más de alguna ocasión anterior, sintió que le asignaban el papel de investigada, en lugar de víctima, o en este caso de testigo, que, además, fue la que le socorrió en primera instancia, ya que las imágenes demuestran que cuando la herida yacía en el suelo un agente le pegó una patada. 

Dentro de lo que cabe, se puede entender el comportamiento del abogado de la Ertzaintza, que hacía su trabajo, pero, en su afán por desprestigiarle, incluso llegó a recordarle manifestaciones que hizo en la entrevista que en su día concedió a este periódico y a preguntarle si conocía la diferencia entre el ruido de los botellazos y de una carga policial “por haber estado en incidentes anteriores”. 

Posteriormente, la jueza se mostró “arisca” y “muy impertinente” con cuestiones absurdas como a ver “si sabía lo que era una patada y con qué se daba una patada”. Y le echó en cara en varios momentos que no se acordara bien de alguna circunstancia después de que haya tardado casi dos años en convocarle para tomarle declaración. Al parecer, la testigo mantuvo una actitud muy digna y no perdió la compostura en ningún momento a pesar del evidente acoso constante que recibió. Según el abogado de la familia, aguantó con una entereza digna de destacar. No hay que olvidar tampoco que la jueza no levantó la cabeza del ordenador en los apenas diez minutos en los que tomó declaración a Amaya Zabarte.

Cambio radical con los ertzainas

Pero lo peor estaba por llegar. Cuando finalizó y no pudo reprimir el llanto, fueron pasando seis ertzainas a los que se tomó declaración por su carga en el caso de María Martín, la joven herida en el ojo por bala foam, la jueza modificó el tono de forma radical y pasó a mantener en todo momento una actitud “cercana y comprensiva”. Sin ningún reproche cuando repetían que no se acordaban cuándo y dónde habían disparado las balas o salvas al aire.

Por si fuera poco, ayer se conoció que la tercera denunciante por haber recibido un pelotazo en la nuca, A.U., que decidió volver a poner la denuncia en vista de las injusticias que estaban sucediendo y en solidaridad con las otras dos heridas, ha visto cómo la jueza lo ha vuelto a archivar al haber prescrito el posible delito al año por tratarse de lesiones leves. Como explicó la familia, “es buscar el atajo a la trampa en todo momento para no continuar con las investigaciones”. No se entiende muy bien el empeño de la jueza en archivar con la máxima celeridad posible en lugar de tratar de investigar un posible delito por imprudencia temeraria, ya que si la bala impactó en su nuca (solo el hecho de estar muy abrigada impidió que sufriera lesiones más graves) y se encontraba cerca de los bares donde pasaba mucha gente, podía haber golpeado en la cabeza a alguno de los muchos niños que había en ese momento en la zona.

Hasta el final

Los Novoa también se han llevado una enorme desilusión al comprobar que en las imágenes que la jueza había reclamado a Euskal Telebista, donde debía estar la grabación de los dos cámaras que cubrieron ese día los incidentes previos al duelo ante el PSG, no aclaran absolutamente nada y, además de que son muy breves, no recogen ni el momento de la carga ni la posterior patada que recibió Amaya por parte de un ertzaina.

Los reveses son continuos y constantes, pero Joseba Novoa, deja muy claro que llegados a este punto no piensan rendirse y que no van a dejar de intentar derribar nuevas puertas para lograr que se haga justicia.