Julio Valdeón (Valladolid, 1976), radiografía en su último libro una de las obras maestras de Bruce Springsteen, Darkness On The Edge Of Town, álbum publicado en 1978. En Springsteen en el corazón de la tormenta (Efe Eme), Valdeón se adentra en la gestación de un disco capital en la historia del rock, el trabajo de madurez del boss. Es esta una versión revisada y ampliada de American Madness, libro que el periodista lanzó en 2009. En este segundo texto el autor bucea, con más detalle si cabe, en la fascinante historia de un álbum canónico.
¿Qué diferencias presenta esta segunda edición del libro respecto a la primera?
El texto está ampliado con toda la información que nos ha llegado en los 16 años que han transcurrido entre ambas versiones. El primer libro salió en 2009 y se dio la casualidad de que, un año más tarde, en 2010, vio la luz The Promise, la boxset que homenajeaba las tres décadas de vida de Darkness On The Edge Of Town. Incluía canciones inéditas, un documental sobre la gestación del álbum y el mítico concierto que Bruce y la E Street Band ofrecieron en Houston en 1978. Gracias a este lanzamiento y a la autobiografía que el propio Springsteen publicó en 2016, el puzzle se ha ido completando, de modo que vi la oportunidad de actualizar el libro.
¿Por qué decidió poner el foco en ‘Darkness’ y no en otro momento de la trayectoria de Springsteen?
Considero que Darkness representa una etapa especialmente fascinante por diversos motivos. En primer lugar, Springsteen estuvo a punto de ver naufragar su carrera a causa de la amarga batalla legal que mantuvo con Mike Appel, su primer mánager, quien poseía los derechos de las canciones. Bruce estuvo más de un año sin entrar en un estudio, ya que para grabar necesitaba el permiso de Appel. Todo este proceso generó la ruina económica de la banda y desembocó en una situación absolutamente angustiosa. Springsteen se vio obligado a sacar fuerzas de flaqueza y reinventarse. Por otro lado, Darkness es el disco con el que el de Nueva Jersey encuentra su sonido adulto, la voz que marcará el resto de su carrera, con influencias que serán esenciales para él, como el cine de John Ford, el country de Hank Williams y la literatura de John Steinbeck. Darkness propone un sonido y una escritura mucho más compactos, más directos que los tres álbumes que Bruce había lanzado previamente. En tercer lugar, no podemos pasar por alto la gira de presentación de la obra. Es la gira de Springsteen por antonomasia. Tanto él como la banda salían al escenario desatados, con los ojos inyectados en sangre, exhibiendo una furia y una pasión que dejan sin aliento.
“Springsteen ha confesado que durante aquellos años no tenía vida. Solo le importaba su música”
¿Es una elección casi imposible, pero ¿con qué concierto de la gira se quedaría?
Me fascina la actuación en el teatro Roxy de Los Ángeles, que tenía un aforo muy limitado, de alrededor de 500 personas. Muchos de los fans no consiguieron entrar por las pequeñas dimensiones del local y, también, porque muchas de las entradas quedaron en manos de gente de la industria musical y de la prensa. Por ello, Springsteen comenzó el concierto mosqueado y pidió perdón a los aficionados que se quedaron fuera. Asimismo, tocó tres noches consecutivas en Passaic, Nueva Jersey, y los dos primeros shows fueron especialmente memorables, como también lo fueron las actuaciones que ofreció en el teatro Winterland, en San Francisco. Conciertos arrolladores que te dejan boquiabierto. Eran especialmente maravillosos los quince minutos en los que enlazaba Racing In The Street con Thunder Road, para mí, uno de los mejores instantes de la historia del rock. Esas canciones nunca han sonado mejor que en esa gira.
¿Se puede decir que se estaban jugando su futuro?
Totalmente. Esos conciertos eran una balsa salvavidas. Fue entonces cuando empezó a construirse su leyenda sobre las tablas. La dura coyuntura a la que se habían enfrentado previamente hizo que tocaran con una concentración inaudita. Pensaban que era ahora o nunca, y eso se percibe al escucharlos. Da la sensación de que estaban tocando para la posteridad. La seriedad que desprendían era abrumadora. Bajo mi punto de vista, un concierto merece la pena cuando surge un instante de catarsis, cuando un pasaje, aunque sea de cinco minutos, te vuela la cabeza, te deja sin respiración y te emociona. Eso, aunque no suceda muy a menudo, es lo que propicia que una actuación sea verdaderamente especial. Lo que resulta demoledor de los conciertos que Springsteen regaló en 1978, es que la pasión de la que hablo se despliega durante todo el show, sin excepción. El grado de profesionalidad y sabiduría que han alcanzado con los años es brutal, pero el hambre que tenían entonces es incomparable.
‘Darkness’ está compuesto por diez canciones, pero durante la grabación Bruce contaba con muchísimas más, alrededor de 70. La selección debió ser dura.
Se decantó por las canciones más influidas por el country y un rock más austero, menos festivo. Tenía tantos temas que parecían sacados de ciclos diferentes. Remaban en direcciones dispares, y él estaba obsesionado con la idea de que un álbum debe contar una historia coherente, basada en un arco narrativo sólido. Finalmente, optó por una historia que germina en canciones como Racing In The Street o Darkness On The Edge Of Town, es decir, un relato sobre las deudas con el pasado, la vida del trabajador y la pérdida de las ilusiones. El resultado es un disco repleto de interrogantes que apelan al inicio de la edad adulta. Las canciones más románticas quedaron inevitablemente desechadas, como es el caso de Because The Night, un cañonazo que cedió a Patti Smith y que fue un enorme éxito en sus manos.
Sin embargo, ‘The Promise’, un tema maravilloso, no fue incluido pese a que sí encajaba con la temática del álbum.
En efecto. Es una de las grandes canciones de aquella época, majestuosa tanto en la letra como en los arreglos y la melodía. Pero Springsteen, en el fondo, tenía miedo a que fuese interpretada como demasiado autobiográfica y que pareciese que contaba su ruptura con su amigo y mánager Mike Appel. Es una pena que no acabara en el disco, aunque, afortunadamente, 30 años después fue lanzada.
Vayamos a la grabación del disco. Fue una odisea, ¿verdad?
Fue un infierno por varias razones. Primero porque, una vez finalizado el juicio con Appel y recuperado el control sobre su música, comenzaron a grabar en un estudio en el que las cosas no funcionaban. No obtenían el sonido adecuado, por lo que se fueron a otro estudio en mitad de la gestación del álbum. Por otro lado, durante esos años Springsteen era como un novelista que va descubriendo su libro a medida que lo escribe. Se metía en mil callejones, cogía desvíos e ideas de manera constante. Las canciones surgían sin parar. Acumuló 70 u 80 temas, la mayoría de una calidad asombrosa. Podría haber construido su carrera de los siguientes seis o siete años solo con el material que grabó durante ese año. Y habrían sido discos fabulosos. El nivel de autoexigencia que tenía para seleccionar las composiciones era tremendo. Es difícil escribir algo que merezca la pena, pero es aún más complicado tomar la decisión de descartarlo.
“El disco es un relato sobre las deudas con el pasado, la vida del trabajador y la pérdida de las ilusiones”
Salió a relucir la parte más obsesiva de su carácter.
Sin ninguna duda. Springsteen ha llegado a confesar que durante esos años no tenía vida. Solo le importaba su carrera, su música. No había nada más, y los miembros de la banda se veían obligados a amoldarse a ello pese a tener familias. Además, grababan de noche. Imagina lo que suponía entrar en el estudio de grabación a las ocho de la tarde y salir a las diez de la mañana del día siguiente. Y no durante una semana o dos, sino a lo largo de meses, de lunes a domingo. Fue una tortura.
¿Cómo refleja ‘Darkness’ lo que se vivía en Estados Unidos a finales de los 70?
Muestra la antesala de la llegada al poder de Ronald Reagan, unos años duros y oscuros marcados por una crisis económica que afectó profundamente a la clase trabajadora. El álbum se grabó en Nueva York, una ciudad que en esa época era tan fascinante como peligrosa. Había una escena artística muy viva mezclada con una violencia y una miseria que eran palpables en las calles, donde la droga comenzaba a hacer estragos. Era como una ciudad del tercer mundo en el epicentro del imperio estadounidense.
¿Usted vivió 16 años en Nueva York. ¿Algún concierto de Bruce en 'La Gran Manzana' que recuerde con especial cariño?
Lo vi las noches en las que interpretó, de principio a fin, los álbumes The Wild, The Innocent & The E Street Shuffle y The River, en el Madison Square Garden. Fueron actuaciones sensacionales. También presencié la magnífica entrevista que le realizó Elvis Costello en el teatro Apollo, donde tocaron juntos varios temas.
¿Cómo ve el futuro de Springsteen? ¿Lo volveremos a ver en Donostia junto a la E Street Band?
Ojalá siga saliendo de gira. Por desgracia me perdí los conciertos que ofreció en Donostia este año, pero tengo varios amigos que acudieron y quedaron encantados, especialmente la segunda noche, la de la tormenta, que debió ser increíble.