Una única salud

José Manuel Etxaniz: 'El alfabeto griego'

19.06.2021 | 23:53
José Manuel Etxaniz: 'El alfabeto griego'

La propaganda monclovita anunciaba que estaban coordinando con la Casa Blanca las agendas presidenciales para una cumbre bilateral en Bruselas. El encuentro se produjo en el pasillo que conducía a los servicios, adonde se dirigía apresurado Biden cuando fue asaltado por el estadista Sánchez, como si del vendedor de los porteros automáticos de La Escopeta Nacional se tratara, sin que el americano le mirara siquiera, preocupado como estaba con no relajar el esfínter de la uretra, preguntándose quién sería el plasta que le daba la brasa en trance tan comprometido. La oficina de propaganda admitió la brevedad de la reunión, pero añadió que resultó muy fructífera. Desolador. El efecto boomerang de la foto opportunity.

Los medios nos trasladan durante una semana la preocupación de nuestros jóvenes y sus familias con el examen de Selectividad, que aprueba el 94%. Hice el bachiller, elemental y superior, por Ciencias, en Mundaiz, con el plan de estudios de 1953 del ministro Ruiz Giménez. De las respectivas reválidas nos examinamos en el Instituto Usandizaga. Todos de corbata. Durante la reválida de cuarto, un compañero se despojó de la americana para escribir más cómodo y uno de los vigilantes, con bigotito, le espetó, de usted naturalmente, si se creía que estaba en los toros. Al acojono generalizado, encima el sarcástico comentario. Se salvó de que le expulsaran por su segundo apellido, Quincoces, y ser familiar del famoso futbolista alavés del Valencia. Y los exámenes de francés, orales ante el tribunal. Luego vendría la reválida del Preu. El porcentaje de aprobados en junio rondaba, como mucho, el 65%. Ignoro las bondades de aquel plan, al parecer, clasista y selectivo, pero sospecho que la preparación media del alumnado era muy superior a la que existe ahora, cuando miles de jóvenes carecen del más mínimo conocimiento de los hechos científicos más simples, de Historia o de Geografía. A los concursos televisivos me remito o a los propios periodistas.

Después, el sistema iría degenerando, degenerando, como justificaba el torero Juan Belmonte, El Pasmo de Triana, con el nombramiento de su banderillero, el falangista Joaquín Miranda, como gobernador civil de Huelva después de la Guerra. A nuestro plan de estudios de bachiller le han sucedido cinco planes diferentes en los que las asignaturas propias de Letras (Latín, Griego, Filosofía, Religión) fueron perdiendo peso específico porque los políticos catetos y progres que los diseñaron pensaban que eran cosas de curas. Mientras, han crecido las audiencias de Telecinco. Igual, hasta tiene algo que ver.

Viene esto a cuento porque la OMS, considerando lo políticamente correcto, ha decidido rebautizar las variantes del virus SARS-CoV-2 con letras griegas, ahora que nadie estudia griego, para evitar que los gentilicios (india, británica, brasileña, sudafricana) estigmaticen las denominaciones de origen. Pobres, eso no. Y yo que creía que las denominaciones de origen indicaban únicamente, cosas ricas. Para entendernos, la variante británica queda etiquetada como Alfa (B.1.1.7). La sudafricana como Beta (B.1.351). La de la samba como Gamma (P.1). Y la hindú se denominará en lo sucesivo Delta (B.1.617.2). Podría añadirse, parodiando a La Codorniz, la expresión que la revista hizo popular: ¡Aleluyas, albricias y panecillos de Madagascar!

A veces pienso que tienen razón los que aseguran que nos echan algo en el agua para hacernos cada vez más tontos o esos otros que mantienen que, con tantas chorradas, nos extinguimos como especie en un par de generaciones más.

Lanzan, desde el Departamento de Sanidad, el globo sonda sobre la aplicación de Pfizer a las personas del tramo 60-69 que estamos pendientes de la segunda dosis de AstraZeneca. Algunas esenciales se han sentido manipuladas y chantajeadas cuando intentaron administrarles Pfizer contra su voluntad, según denunció NOTICIAS DE GIPUZKOA hace unos días. Nuevamente las faltas de comunicación y transparencia habituales desde la gestión de la pandemia.

Vayan buscando los del LABI las vacunas que faltan de AstraZeneca. La variante india avanza a gran velocidad y pronto será la mayoritaria y es un 64% más contagiosa que la británica, según la agencia de salud pública inglesa. Sin embargo, tiene poca capacidad de contagio entre personas que hayan recibido la pauta completa de vacuna. En Catalunya y Madrid ya están adelantando la inoculación de la segunda dosis de AstraZeneca. Aquí no podemos quedarnos atrás, siendo, como somos, los mejores.

El lío lo han montado las administraciones. En alborotada avalancha de palabras, han dado explicaciones que no procedían sobre los diferentes tipos de vacunas, sus mecanismos de acción e incluso se ha dejado elegir la vacuna a la ciudadanía. Nadie elige la marca ni la añada del suero, la anestesia o el antibiótico que le aplican en un hospital. Ahora no hay marcha atrás. A nosotros nos corresponde AstraZeneca porque la evidencia científica obtenida de los ensayos clínicos realizados y los datos de farmacovigilancia inducen a la OMS y la EMA a recomendar esa pauta.

Biden ha anunciado que donará 500 millones de dosis de Pfizer a los 92 países más pobres del mundo. El pasado 10 de junio, Venezuela denunció que el banco suizo UBS le había retenido 10 millones de dólares ingresados para el pago de vacunas. No se atreven a venderles las vacunas, ni el banco a formalizar la transacción, por temor a una posible sanción de EEUU. Existe otra opción. Recurrir al Covax, el Fondo de Acceso Global para Vacunas Covid-19 impulsado por la OMS, la Comisión Europea y el Gobierno de Francia que facilitará vacunas a los países económicamente insolventes. Mientras, nosotros preocupados por la vacuna de la Roja.

Hoy domingo comeremos en el balcón, rodeados de geranios, como si de un patio cordobés se tratara. Salmorejo, rabo en salsa y pastel de arroz, acompañado de un verdejo de Montilla Finca la Cañada. Con la peli de Helen Dorn, el escocés The Glenrothes de diez años.

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