Ignacio Garitano
Coordinador del plan de vigilancia y control de la pandemia en Euskadi

"Sobre todo tenemos que entender que no estamos en la normalidad ni vamos a estar en ella en muchos meses"

19.07.2020 | 00:24
Ignacio Garitano.

Ignacio Garitano analiza la situación actual del COVID-19 en Euskadi, marcada por la proliferación de rebrotes. Un momento clave para la contención de la pandemia

donostia – El especialista gasteiztarra coordina el Plan de vigilancia y control de la pandemia de COVID-19 implementado por el Departamento vasco de Salud el pasado mayo, en plena desescalada, para rastrear y atajar con rapidez los posibles rebrotes del virus a través del programa Go.Data. Garitano encabeza un "vasto" equipo multidisciplinar que abarca la atención primaria, los servicios de medicina preventiva o de salud laboral de todos los hospitales vascos, las unidades de salud pública y epidemiología de los tres territorios o el Instituto vasco de seguridad y salud laborales (Osalan) y que tiene en su red de 36 enfermeras gestoras su figura más novedosa. Concluye una semana de intenso trabajo para el epidemiólogo, marcada por los distintos focos de covid-19 detectados en distintas localidades de Euskadi, donde desde el jueves el uso de la mascarilla es obligatorio. Garitano, que también es médico de familia y hasta la irrupción del coronavirus desempeñaba su labor profesional como ginecólogo en el HUA-Txagorritxu, responde a este periódico en este momento "crucial" para el control de la crisis sanitaria.

¿Cuál es la situación epidemiológica que más le está preocupando a día de hoy?

–Ahora mismo yo sé contestar a qué es lo que menos me preocupa. Y lo que menos me preocupa es Álava, porque tiene pocos casos y porque los que nosotros conocemos están muy controlados. Siempre hay una parte que no vemos, pero nuestro sistema, que es bastante completo, a día de hoy nos da una foto de Álava que es muy buena. Porque incluso los casos nuevos salen en su mayoría de contactos que ya están aislados, en previsión de que puedan ponerse enfermos. Cuando alguien enferma y sale de estos posibles contactos ya no es ningún peligro ni ninguna preocupación, porque ya está en su casa.

La otra cara de la moneda la está representando ahora Gipuzkoa, donde los rebrotes han ido sucediéndose en distintas localidades. ¿Cómo es el panorama a día de hoy?

–En Gipuzkoa ha habido muchos casos. Ha habido brotes conocidos en Ordizia, en Zarautz... Pero, por así decirlo, aquí no hemos hecho una vigilancia normal, porque ha habido varias acciones complementarias que hasta ahora no se habían hecho en ningún sitio. En este sentido, hemos sacado un poco de pecho y hemos intentado hacer lo que pensábamos que era lo mejor, que ha sido bajar al terreno y decir las cosas como son. Cuando hemos detectado que había un brote relacionado con el ocio nocturno en el que ya los contactos de los casos se te pierden, porque son entre personas que no se conocen, hemos hecho llamamientos a la gente que ha estado en determinadas circunstancias, fechas o locales para que contacte con nosotros y se haga una PCR. Esto ha servido para multiplicar el número de pruebas que hubiéramos hecho de manera rutinaria y así hemos encontrado lo que estábamos buscando, algo que probablemente de otra manera no hubiéramos conseguido.

¿Esperaba llegar a estas cifras?

–Con estos llamamientos a que la gente que ha estado en esos eventos y fechas se haga la PCR, evidentemente vas a localizar más casos que el sistema normal no hubiese encontrado. Pero lo suyo es encontrarlos. Si no lo haces entras en el peor escenario, porque van a seguir existiendo. Esto es como el avestruz. Que metas la cabeza debajo no quiere decir que no esté pasando nada. Ha sido un número de casos importante, pero casi siempre estaban ligados a lo que estábamos buscando. La exposición pudo ser en un momento dado en el ocio nocturno de la zona de Ordizia y allí encontramos una serie de casos que después se extendieron a otros grupos de gente joven. Y en otros casos, como ha podido ser en Zarautz, va cobrando fuerza que el origen han sido esas celebraciones de gente joven, de 17 y 18 años, justo el mismo día de terminar la Selectividad. Y aquí hemos hecho lo mismo. Estamos contentos de haber acertado cada vez que hemos hecho una iniciativa de estas, porque si no estos casos hubiesen pasado más desapercibidos. Creo que hemos sido valientes y de alguna manera también humildes saliendo así a la palestra. Pero la situación es la que es. Los casos están en franco ascenso y tenemos claro lo que debemos hacer, que es lo mismo que hemos hecho hasta ahora: encontrar sus contactos, aislarlos y ver si podemos controlar todos los focos.

Entiendo que aquí confluirán varios factores, pero ¿a qué se puede achacar este importante número de rebrotes?

–Voy a contestar otra vez al revés. ¿Cómo hemos conseguido bajar la curva hasta casi cero? Estando encerrados en casa. Todo lo que no sea estar encerrados en casa, con un virus que se transmite relativamente fácil y en una población muy virgen para él... Pues el guion está escrito. Está pasando lo que sucede cuando mucha gente se relaciona entre sí sin medidas de protección y estando mucho rato unos con otros y en grupos grandes. Si estás cinco horas por la noche en un bar, no sabes ni el nombre ni el teléfono de las personas que han podido estar a tu lado, llegamos a esta situación. Colectivamente todos queríamos creer que esto iba a ocurrir en otoño o en invierno, pero el virus una vez más nos ha puesto los pies en el suelo y ha empezado a trabajar. Vuelve a encontrar gente a la que infectar y circunstancias favorables para hacerlo: agrupaciones de gente sin guardar distancias. ¿La solución es meterse todos en casa? Desde el punto de vista médico, evidentemente sí. Pero desde el punto de vista práctico, probablemente no es posible, porque no le conviene a nadie. Por eso tenemos que hacer un esfuerzo enorme en poner la mascarilla en medio del virus, mantener las distancias y hacer la mayoría de nuestras actividades al aire libre, porque así es más difícil que el virus se contagie. Sobre todo, tenemos que entender que no estamos en la normalidad y que no vamos a estar en ella en muchos meses. Tenemos que aprender a vivir de otra manera.

La consejera Nekane Murga ha hablado esta semana de un "elevado" volumen de casos importados. ¿En qué cifras nos movemos?

–Voy a corroborar esa idea, pero también a matizarla. Hemos detectado que el origen de muchos de los brotes que tenemos era un caso que ha venido de fuera. Lo que pasa es que esto es como una chispa y la gasolina. Tú puedes tener un brote de 100 casos con solo uno importado. Si ese caso va al lugar adecuado en el momento adecuado, si hay mucha gente y esas personas se tiran diez horas en una discoteca, ya está. No necesitas que los 100 casos vengan de fuera, con que tengas uno ya te la lía. Yo creo que se refería a eso. Pero evidentemente, el brote de Ordizia tiene un probable origen en Lleida y hay varios ejemplos más. Hubo un pequeño cluster en Bilbao también de temporeros que venían de Lleida, que por suerte tenían pocos contactos sociales y a priori se ha controlado sin problema... Y luego también el azar juega un papel muy importante, porque el caldo de cultivo existe en cualquier sitio. En este sentido, limitar el aforo y los horarios de los bares, sobre todo nocturnos, es muy importante.

Se está viendo ahora que los nuevos casos que van apareciendo, por lo general, son más leves. ¿Se debe a esta detección precoz?

–No. No voy a decir que es una idea falsa, pero sí mal interpretada. Este virus es muy leve en el 85% de la gente. Lo que pasa es que cuando la gente que se contagia es joven, podemos tener muchísimos casos antes de que haya mala suerte, alguien se ponga malito y acabe en la UCI. El problema de tener muchísimos casos en gente de 17 años es que a lo largo de las semanas esos jóvenes se van a relacionar con sus mayores, con sus abuelos y con sus padres, y entonces acabarás teniendo casos en gente de 60, 70 u 80 años. Y en esas personas, la probabilidad de tener complicaciones va a ser mayor. El virus trabaja igual, pero causa gravedad en un grupo y en otro, menos. Lo que ha pasado es que hasta hace una semana casi no teníamos enfermos de edades preocupantes y ya empezamos a detectarlos. El guion es claro: si los contagios siguen aumentando y se mantienen así en el tiempo, o hay algún grado de transmisión comunitaria, el virus acabará afectando también a esos grupos de edad más vulnerables.

¿Las personas sin síntomas tienen la misma capacidad de contagio que las que sí los presentan?

–No, no. Cuanto más grave es el cuadro, más contagioso es. La gente más contagiosa es la que está en UCI o en plantas con cuadros graves.

¿Y en qué porcentaje de los casos totales que están detectando se mueven los asintomáticos?

–No sabría contestar ahora. Pero sí puedo decir que casi todos los casos que están saliendo de esos muestreos masivos que hemos ido haciendo en las carpas –en Ordizia, Tolosa o Zarautz– son asintomáticos. También es cierto que en esos pueblos hay gente que no ha ido a las carpas, sino a su médico de familia porque ya tenía algún síntoma. Pero la mayoría de los casos que hemos encontrado en estas intervenciones son a raíz de un caso de un cluster que ya has conocido y todos los que salen de ahí son asintomáticos.

Una prueba más de que no debe caber la relajación.

–Creo que estamos en un momento crucial. De pelea del sistema para intentar modular lo que parece que puede estar viniendo. El mensaje es muy claro, es el mismo que hemos mandando siempre. Lo que pasa es que cuando hay gravedad cala, y cuando no la hay, cala menos. Hay que tomar las precauciones de las que hemos hablado muchísimas veces. Ahora ya se ha hecho obligatoria la mascarilla. Y hay científicos que mediante modelos matemáticos han igualado la efectividad de su uso con el confinamiento.

Ha habido controversia con la obligatoriedad del uso de las mascarillas. Hay mucha gente que se pregunta por qué ahora sí y no antes.

–Las evidencias han ido variando. Es muy triste reconocerlo, pero al principio de la epidemia los médicos a veces pensábamos que la mascarilla no valía para nada. No la aconsejábamos y eso es así, vamos a ser francos. El día 1 de marzo la recomendación era no usarla, salvo cuando había que tratar a enfermos. Hablo del uso de la mascarilla en la calle. Sin embargo, hoy ya hay evidencia científica de que con una mascarilla normalita, incluso una casera de tela si todo el mundo la utiliza, las probabilidades de contagio disminuyen muchísimo. Y lo de la obligatoriedad también es un poco triste. La norma anterior a la que tenemos ahora era muy clara. La mascarilla era obligatoria salvo cuando no se podía mantener la distancia de seguridad. Ese cumplimiento ha sido nulo. No hay más que ver las imágenes de las calles, de los bares y de las aglomeraciones. Y lamentablemente se ha tenido que recurrir a esa obligatoriedad. Cumplámoslo. No esperemos a delegar la responsabilidad en las fuerzas del orden para que vengan detrás de nosotros y multarnos. Eso es muy triste.

"Tenemos que esforzarnos en poner la mascarilla en medio del virus y hacer nuestras actividades al aire libre"

"Los casos están en franco ascenso y tenemos claro lo que hay que hacer: encontrar sus contactos y aislarlos"

"Estamos en un momento crucial para intentar modular lo que parece que puede estar viniendo"

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