alerta mundial por el coronavirus

Cuando la oficina se traslada al salón de casa

El confinamiento ha servido para dar el salto en la digitalización y apostar por otras formas de trabajar

04.05.2020 | 01:37
Una persona trabaja desde su domicilio.

Levantarse de la cama para trasladarse al salón o la cocina y ponerse a trabajar se ha convertido, por exigencia del estado de alarma, en rutina para muchas personas que llevan ya casi dos meses sin pisar la oficina, las aulas o la fábrica.

Muchos eran quienes venían abogando por incrementar el peso del teletrabajo y son quienes ahora, tras esta experiencia forzosa, ven avalada su tesis. Parece que está extendida la opinión de que se pueden aumentar las horas de trabajo desde casa, aunque ya hay diferencias de opiniones en torno a si es conveniente o resulta grato.

El teletrabajo puede contribuir a acortar la jornada laboral fuera del hogar y beneficiar la conciliación, pero también puede poner su grano de arena hacia un mayor aislamiento social.

Las profesionales que han tomado parte en este reportaje trabajan sin mayores dificultades desde su hogar, aunque para unas el trabajo se empobrece más que para otras.

En la elaboración de documentos o comunicados parece, a priori, no tener tanta importancia el trato directo, el tú a tú, como en una clase en la que el docente puede relacionarse presencialmente con el alumnado y obtener una información directa.

Pero en ningún caso la relación presencial puede desaparecer de forma absoluta. Reuniones, cambios de impresiones y puestas en común son vitales para que el resultado del trabajo sea óptimo.

Además, si se atiende a lo que señalan las cuatro profesionales con las que ha hablado NOTICIAS DE GIPUZKOA, se agradece salir de casa y delimitar el espacio de la vida laboral y de la personal.

Pasarse casi 24 horas con la ropa de casa, cuando no en pijama, genera una inercia de la que desean salir más pronto que tarde.

Mientras, las nuevas tecnologías, las plataformas que permiten mantener reuniones online y el acceso casi ilimitado a la información posibilitan que las tareas que se efectúan habitualmente en la oficina cambien de marco y pasen a realizarse en casa mientras los pequeños juegan o los jóvenes estudian.

El problema radica en hallar un espacio adecuado y conseguir, cruzando los dedos, que las conexiones no fallen en el peor momento, cuando más se necesitan.

"Me apaño, aunque a veces no sea fácil"

– Cristina Sarasola trabaja en el gabinete de comunicación de Alcaldía en el Ayuntamiento de Donostia, aunque desde que se decretó el estado de alarma lo hace desde su casa, en concreto, desde la cocina donde ha montado su provisional despacho, que funciona también como sala de juego para su hijo.

Sarasola intenta mantener una rutina diaria, levantándose a las 8.00 horas y encendiendo su ordenador que, se congratula, tiene "muy buena conexión" con su equipo de trabajo en el Ayuntamiento, lo que hace posible que no haya demasiadas interferencias, por lo menos en lo que a la tecnología se refiere.

Cristina es madre de un bebé de 20 meses al que tiene que tratar de entretener mientras trabaja. "Mi marido no puede teletrabajar y yo me tengo que arreglar para centrarme más cuando él vuelve o engañándolo con los juguetes que le traigo a la cocina. Me voy apañando, aunque me lleve algún sobresalto cuando entra reclamando mi atención", explica Sarasola.

La ventaja de su trabajo, añade, es que normalmente no requiere de una respuesta inmediata, por lo que puede ir sacando horas de aquí y de allá para rematarlo. "A veces madrugo mucho para adelantar y otras lo hago por la tarde cuando mi marido está en casa, pero no es fácil", apunta.

Recientemente tuvo que ir al despacho por vez primera, algo que reconoce que le hizo hasta ilusión y que contribuyó a que la mañana se le hiciera más corta porque, afirma, prefiere salir cada día de su casa para ir al trabajo y diferenciar la vida familiar y la laboral. "Me gusta ir a la oficina, tener mi tiempo para el trabajo. Pero me he arreglado bien", apostilla.

La experiencia, asegura, evidencia que sí se podría dar más peso al teletrabajo, aunque "a veces sea algo difícil y en otras ocasiones imposible, porque el trabajo requiere de tu presencia". "Hoy en día con el teléfono, el ordenador y las herramientas que hay estás permanentemente en contacto y puedes trabajar más desde casa", concluye Sarasola.

Los alumnos entran en mi casa y yo, en la suya

Itziar Iriondo es docente de la Facultad de Educación, Filosofía y Antropología de la EHU/UPV. En concreto, imparte sus clases en las ramas de Educación Primaria e Infantil. "Todos los días durante la cuarentena han sido diferentes y hemos pasado por distintas fases en función de las necesidades del alumnado y su situación", explica Iriondo.

Actualmente, cuando faltan dos semanas para que finalice el curso con el alumnado de tercero, Itziar Iriondo imparte clases online "todos los días menos los martes", respondiendo su organización a una rutina que ha establecido aunque, reconoce, "me paso todo el día con el ordenador y el móvil encendido, accesible casi 24 horas al día. El alumnado sabe que puede contactar conmigo cuando quiera por un canal u otro".

Imparte las clases a través de la plataforma que considere más adecuada y que le permita ver a sus alumnos y alumnas, con el horario que se estableció al inicio del curso e intentando que sean "lo más parecidas posible" a las presenciales.

A Itziar Iriondo le gusta el contacto directo con el alumnado, la riqueza que ello conlleva, pero se esfuerza por sacar adelante su trabajo de la mejor manera posible con la dificultad añadida de que "en casa estamos dos personas teletrabajando y otras dos que están estudiando. Todos necesitamos nuestro espacio y recursos tecnológicos y lo resolvemos negociando".

De lo que ha sido consciente Iriondo en este tiempo de teletrabajo es que "para aligerar una parte que nos quita muchas horas, que son las reuniones con los compañeros, es una herramienta muy útil. Las reuniones online pueden ser más efectivas que las eternas que mantenemos".

"Hemos comprobado también que es posible dar clases: con muchos inconvenientes y alguna ventaja", aunque sea este un recurso a utilizar de forma complementaria, señala. Iriondo tiene claro que "la relación personal es siempre más enriquecedora y cercana" y la ausencia de esta relación se deja notar más con el alumnado que con los compañeros y compañeras.

"Como doy clases a un grupo reducido, de más o menos 30 alumnos, estamos creando un microcosmos casi familiar, porque ellos entran en mi casa y yo en la de ellos", destaca como aspecto positivo de la experiencia. En el otro lado de la balanza sitúa lo complicado de gestionar la participación online, mantener el debate a través de una pantalla.

Sopesando pros y contras Iriondo no tiene dudas: "Tengo muchas ganas de volver a la normalidad, iría a la facultad mañana mismo a todo correr".

"Intento que la niña no interrumpa las llamadas"

Teletrabajar con una niña de dos años y medio en casa no es tarea sencilla, según ha podido vivir en sus propias carnes la periodista Ruth Gabilondo, de Estrategia Empresarial. Tanto ella como su pareja trabajan desde casa desde que estalló la crisis del coronavirus y no les está resultando sencillo adaptar las rutinas domésticas con las laborales. "Mi pareja tiene un horario de oficina con lo cual, yo intento adaptarme. Me levanto antes para aprovechar las dos horas que me deja mi hija antes de que ella se despierte. Cuando mi pareja empieza a trabajar, yo paro y me quedo un rato con la niña, y luego tratamos de hacer turnos: cuando él está más tranquilo, yo escribo y si él tiene una videollamada, cojo yo a la niña", cuenta esta periodista, para quien la mayor dificultad de estos tiempos estriba en acoplar su rol laboral con el de madre. "Cuando coincide que uno tiene que hacer una entrevista y el otro una videollamada, es imposible ocuparte de la niña y tienes que tirar de cosas como poner dibujos en la tele, algo que en otros momentos evitas", señala Gabilondo.

Además, apunta que, desde casa, una pierde el horario laboral. "Me paso todo el día con el ordenador encendido, con un horario caótico, intentando llegar a todo, trabajando hasta las 22.00 horas. De normal, trabajo de lunes a viernes, pero ahora tengo que trabajar los fines de semana porque es cuando mi pareja libra y yo puedo aprovechar mejor el tiempo y concentrarme más", admite.

Aunque esta periodista reconoce que la opción del teletrabajo es muy interesante para favorecer la conciliación, solo lo ve viable si "uno de los dos puede encargarse de la niña". "Intentamos que cuando hacemos entrevistas o videollamadas la niña no interrumpa, pero son momentos de tensión, porque te reclama, no te concentras y tienes la sensación de estar disculpándote constantemente", cuenta. Afortunadamente, esta situación se repite muchas veces al otro lado del teléfono o la pantalla, con lo que la empatía ha aumentado en las últimas semanas. "Al otro lado también escucho muchos niños, así que me estoy encontrando con mucha comprensión", agradece.

Por todo ello, está deseando "volver cuanto antes a la normalidad para, en mis horas de trabajo, estar trabajando y en mis horas de ocio estar siendo madre al 100%". Sin embargo, le preocupa la vuelta a la oficina si no se reabre la actividad escolar. "¡Si no hay cole, a ver cómo lo hacemos!", se plantea.

"Va a servir para ver que el teletrabajo funciona"

– Lidia Uribarrena está acostumbrada a trabajar largas horas desde casa. Así desarrolla gran parte de su labor como diseñadora gráfica freelance, aunque el confinamiento lo ha potenciado todavía más, sobre todo en lo que respecta a la relación con los clientes. "Utilizamos el teléfono, el Skype, distintas aplicaciones... Pero para lo que antes necesitabas una reunión de una hora, ahora necesitas tres. La mayoría no estaba adaptada digitalmente y les tienes que enseñar", explica. Eso conlleva que el horario laboral se dilate. "Tienes el trabajo siempre a mano y más cuando el fin de semana no puedes salir. Yo que soy creativa noto el no poder desconectar y no estar fresca", lamenta.

La situación en su sector es contradictoria. Por un lado, el trabajo se ha multiplicado, porque el cierre ha puesto de manifiesto la importancia de valorar el aspecto digital, las redes sociales, y por otro, la crisis económica derivada del COVID-19 ha puesto en jaque los negocios de muchos de sus clientes, lo que se traduce en dificultades a la hora de facturar. "Es un momento de muchísimo trabajo, puede que de los últimos 30 días haya trabajado todos, pero no sabemos cuándo vamos a cobrar. Me encuentro en la tesitura de que tengo clientes que llevan conmigo mucho tiempo, algunos han tenido que cerrar el negocio, pero necesitas ayudarles porque en el momento en que se cierra todo la parte digital coge mucha importancia, pero no sabemos cuándo vamos a poder facturar las horas", explica.

Con todo, considera que el confinamiento ha supuesto una oportunidad para demostrar que otra forma de trabajar es posible. "Muchas empresas han visto que el teletrabajo funciona, con lo cual la conciliación puede funcionar perfectamente. Ahora mismo no ha quedado más remedio que teletrabajar y nos permite ponernos al día porque en Europa se hace mucho más. Es una herramienta que estaba ahí y que se ha visto que funciona", valora.