Juan Ayllón Barasoainvirólogo

"No hay balas mágicas contra el virus, y quizá la vacuna no sirva para la gente más frágil"

06.04.2020 | 00:44
"No hay balas mágicas contra el virus, y quizá la vacuna no sirva para la gente más frágil"

Este experto cree que el COVID-19 ha venido para quedarse aunque, una vez que la población lo pase, se parecerá a otros coronavirus con los que convivimos

DoNOSTIA – Da por hecho que en el Estado español hay diez veces más casos que los diagnosticados y por eso se conoce a tanta gente famosa con COVID-19, porque se les hacen más test. A Ayllón Barasoain, virólogo y director del Área de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Burgos, no le sorprende cómo cursa la epidemia, pero sí el impacto que tiene sobre los más mayores.

"Si sabemos lidiar con la gripe, deberíamos lidiar con el coronavirus sin pánico", dijo usted a principios de marzo. Pues se nos ha ido completamente de las manos.

–El virus está haciendo lo que creíamos que iba a hacer, comportarse como una gripe pandémica. Porque se está expandiendo muy rápido entre una población que no tiene defensas. Y tiene los mismos grupos de riesgo que una gripe. Bueno, en realidad tiene menos, porque hay que descontar a los niños y a las mujeres embarazadas.

Pero se ha convertido en una tragedia de enorme magnitud.

–Está teniendo este impacto tan tremendo, no solo porque hay muchos casos en muy poco tiempo, que eso ya lo predecíamos, sino porque ha golpeado de lleno a los sectores más vulnerables de la población. Y, sobre todo, porque azota de forma fatal en las residencias de ancianos. Un brote entra en una residencia y la letalidad es muy alta. Y luego está el continuo bombardeo de casos, minuto a minuto, que incrementa la sensación de que es el fin del mundo.

¿Es la mayor crisis sanitaria?

–Es una crisis muy grave porque afecta de lleno a la gente a la que no tenía que afectar, a la gente que se tenía que haber protegido más. Si el virus entra en una residencia de 150 personas, se van a morir 30. Y tenemos muchísimos de estos centros porque nuestra población está muy envejecida.

La afección entre los sanitarios está siendo también brutal.

–El porcentaje se sitúa en el 10% del total de casos y es lógico porque, como son los que están continuamente con enfermos, tienen más riesgos. Encima tienen problemas de equipamiento y todo eso aumenta el contagio y añade tensión al sistema de salud. Sigo pensando que esta enfermedad acabará afectando esencialmente a todo el planeta y a la mayoría de la población a lo largo de cierto tiempo. Pero que haya llegado tan rápido a la población más vulnerable es lo que está causando este gran impacto.

El daño es terrible pese a contar con un buen sistema de salud.

–Es un sistema muy eficiente porque los resultados son buenos para lo que cuesta. Pero nos estamos llevando este disgusto porque tenemos un sistema infrafinanciado que llega a fin de mes justito, y cuando pasa algo extraordinario como esto, se colapsa. A nosotros se nos ha colapsado enseguida porque no había un colchón de seguridad. Nos gastamos el 6% del PIB en sanidad, mientras otros países similares se están gastando un 10%.

Usted ha asegurado que, gracias a anteriores epidemias de SARS y MERS, no se partía de cero.

–Y efectivamente es así. Por eso ya se está trabajando en varios tratamientos como el que se utiliza contra la malaria. Esas terapias ayudan, pero no vamos a tener un tratamiento milagroso. De hecho, de las cuarenta y tantas vacunas planteadas, muchas ya se empezaron a desarrollar contra el SARS y ahora se modifican contra el COVID. Pero una pandemia te la tienes que comer. Pasó en 2009 exactamente igual, pero entonces tuvimos la suerte de que esos mayores de 65 años, que son los que ahora están falleciendo, estaban protegidos porque tenían cierta inmunidad.

¿El coronavirus ha venido para quedarse o permanecerá entre nosotros con algún cambio?

–Lo malo desde luego, en el caso del Estado español, son estas semanas. Lo más fácil es que, una vez que la población mundial lo haya pasado, si se queda, que es lo probable, no cause los problemas actuales y se acabe pareciendo a otros coronavirus que ya conviven con nosotros. Esa es la experiencia que ya tenemos de otras pandemias, incluida aquella horrorosa de 1918. En otros países está por llegar con esta virulencia, pero les acabará llegando. Se dice que Wuhan controló la epidemia, pero el virus se escapó de allí y China sigue teniendo más de 1.000 millones de habitantes que no han visto el virus.

¿Es posible que se llegue a convertir en un virus estacional?

–Cuando aquí llegue el buen tiempo no va a dejar de circular, pero es previsible que veamos menos facilidad de transmisión. Será entonces cuando se vean problemas más gordos en el hemisferio sur.

Trabajó usted diez años en Nueva York con Adolfo García Sastre, que es uno de los expertos en virus respiratorios que actualmente investiga una vacuna. ¿cuándo podría estar lista?

–La vacuna va a tardar meses porque es muy importante que sea segura y eficaz. La contrapartida del garantismo de poner en el mercado algo totalmente seguro, con un periodo de pruebas y unos ensayos muy exhaustivos, es que va a tardar tiempo y esta oleada nos la tenemos que comer sin vacuna.

Se están probando tratamientos con anticuerpos de personas que ya han pasado la enfermedad, como sucedió con el ébola.

–No está claro que sean útiles, aunque en algunos hospitales se utilizan con pacientes muy críticos. Pero debemos entender dos cosas, tratar un virus es mucho más difícil que tratar una bacteria. Y no tenemos balas mágicas, ni siquiera la vacuna, que quizá no sirva para la población más frágil. La gente muy mayor con patologías asociadas no va a responder casi nunca bien a esos tratamientos porque es muy vulnerable. Y, probablemente, tampoco respondan bien a una vacuna. Lo bueno de la vacunación será crear un escudo protector a su alrededor para que no les llegue de ningún modo el virus.

¿Qué opina de cómo ha funcionado la coordinación institucional? Los primeros días de marzo fueron vitales en la propagación y no se hizo mucho para detenerla.

–Mantengo que durante el comienzo del brote, a finales de febrero, la coordinación entre autonomías fue bastante buena. Fue a principios de marzo cuando empezó a cundir el pánico y comenzó a fallar, porque las autonomías fueron tomando decisiones cada una a su ritmo y todo eso provocó una reacción en cascada. Las decisiones políticas tomadas a partir de cierto momento habrá que evaluarlas una vez haya pasado todo esto. Pero hay que tener en cuenta que a principios de marzo estábamos siguiendo las recomendaciones que nos hacían los técnicos y la OMS. Y, segundo, hay que considerar que, si tomas medidas demasiado extremas, acabas causando más mal que bien porque el impacto económico también repercute en la salud. Ahora es muy fácil decir que el confinamiento se debería haber hecho dos semanas antes, pero la situación no lo indicaba.

¿Cuando se levante la cuarentena volverán a registrarse más casos?

–Es que vamos a tener este virus circulando durante mucho tiempo. Al final este virus, o se acaba extendiendo lo suficiente como para que ya no tenga más población diana, o lo atajamos con una vacuna que haga lo mismo, pero sin causar infección.

"El COVID tiene este impacto tan tremendo porque está afectando a los más mayores, a los que teníamos que haber protegido más"

"Se dice que Wuhan controló la epidemia, pero el virus se escapó de allí y por eso la enfermedad acabará infectando a todo el planeta"

"Nos estamos llevando este disgusto porque nuestro sistema sanitario está infrafinanciado y cuando pasa algo así, se colapsa"