Un arrepentimiento de narices

Qué sería de la historia del cine sin las bellas narices de Rossy de Palma, Adrien Brody, Cate Blanchett o Barbara Streisand. Lejos de limarlas o pasar por el quirófano, los cuatro han ganado presencia (y personalidad) en la gran pantalla gracias al protagonismo de sus prominentes napias. Porque un buen hocico siempre ha dado caché, particularidad y un plus de marca personal al que renunció la hoy protagonista de nuestro texto: Jennifer Grey. Nunca una operación estética desató tanta aflicción

09.05.2022 | 19:44
Jennifer Grey y Patrick Swayze.

Afirma la rumorología televisiva de principios del milenio que todo era éxito, dinero y felicidad en la vida de la actriz Keri Russell (más conocida por todos como la inolvidable Felicity) hasta que decidió cortarse su icónico cabello rubio y rizado (imitado en aquellos años por muchas, y muchos). Se cree que el cambio drástico de "look" al inicio de la segunda temporada fue la causa objetiva de una reducción significativa en las calificaciones de la serie. El principio del fin (también en audiencias) para una producción que, junto a 'Ally McBeal', marcó una época dorada en la ficción americana. Pero un hecho tan insignificante y anodino como un rasurado total supuso un trastoque mayúsculo en la percepción del programa.

Hecho curioso y similar que también sufrió en carnes propias, pero veinte años antes, la actriz Jennifer Grey, indiscutible estrella de la década de los 80 tras protagonizar el exitazo de 'Dirty Dancing' (junto a Patrick Swayze). Excelente artista, también de nariz notoria y personal, recalca en las memorias que acaba de publicar ('Out of the Corner') que su polémica rinoplastia le condenó "al ostracismo profesional". "Entré al quirófano como una celebridad y salí siendo una persona absolutamente anónima. Siempre seré esa actriz que ya nadie reconoce porque me operé mi particular nariz. Me hice invisible", detalla la fantástica 'Baby'.

El caso es que, animada y obligada por su madre, Grey se sometió a dicha intervención estética dos años después del estreno de la cinta que le hizo mundialmente conocida. Y aunque no le guarda rencor, una madre siempre es una madre, lo cierto es que su progenitora sí que fue la culpable de que Jennifer perdiera un rasgo físico que le diferenciaba del resto de las protagonistas del momento. Ya lo aseguraba Edmond Rostand: "Un gran nariz puede ser el índice de un gran alma".

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