Víctor Manuel: “En general, los políticos son muy defectuosos”

29.01.2020 | 13:05
El artista asturiano acaba de lanzar un libro de gastronomía.

Le gusta la cocina, afición que no comparte con Ana Belén, su esposa desde 1972: "A ella cocinar no le gusta nada", reconoce. En su libro recorre recetas que ha degustado a lo largo de sus viajes; saliva al hablar de la comida mexicana, con su explosión de sabores, y se muestra apasionado por la cocina de fusión de Perú. Reposado a la hora de conversar, repasar su música es recorrer más de medio siglo de historia, así que la charla da para largo. Tiene alma de artista y también una cara política. Se muestra decepcionado con la clase dirigente actual y sonríe cuando habla de su largo matrimonio: "Es que nos los propusimos como algo provisional", dice.

Ha hecho una versión libro del título de una gira: El gusto es mío.

Sí, de la gira El gusto es nuestro. Me lo sugirió el editor, a mí me pareció bien, lo consulté con mis compañeros y también les pareció bien.

Víctor Manuel, Ana Belén, Miguel Ríos y Joan Manuel Serrat. Muchos años en la misma profesión, más o menos de la misma generación, y sin embargo, amigos. ¿No hay celos o egos que pongan zancadillas?

Ja, ja, ja? No. Quiero creer que somos lo suficientemente inteligentes para que eso no exista. Tuvimos dudas cuando hicimos la primera gira, que fue hace ya veintitantos años, porque todo era una incógnita. Era una gira no hecha y no sabíamos si la tentación era pisarse la manguera entre bomberos o aguantar el tirón. Acabamos más amigos de lo que éramos antes. Así seguimos, y espero que para siempre.

Siempre que hablamos de usted o de Ana Belén, como también de otros cantantes, hablamos de los artistas de la Transición, ¿gusta o molesta?

Ni gusta ni molesta, pero tenemos que ser algo más. Si hemos atravesado la Transición es porque veníamos de antes, y si seguimos aquí es que tiene que ser algo más. En la Transición todos estuvimos ahí, intentando hacer algo, cada uno en la medida de sus fuerzas, pero lo que nos mantiene son las canciones, o en el caso de Ana, el ejercicio de su profesión. Este trabajo nuestro no se sostiene si no hay canciones detrás, canciones que queden en la memoria de la gente, canciones que cosan tu carrera? La gente me reconoce por una serie de canciones. Es que no hay nada más poderoso que la música.

¿Ni siquiera es más poderosa la política?

No. La música es el instrumento más poderoso e instantáneo y democrático que existe. Tú no decides qué canciones son para ti o cuáles no. Escuchamos miles de canciones en nuestra vida, pero en el disco duro de nuestra memoria, cuando estamos al final de nuestra vida, quedan cuatro, y esas son con las que te vas al otro barrio.

¿Por qué nos quedan unas canciones y otras no?

Porque son con las que recuerdas un beso, un amor, una caricia, una situación determinada... Eso es lo que hace que tu memoria, por un motivo u otro, vuelva a esa música. Hicieron un estudio y yo lo experimenté con mi madre. Cuando mi madre estaba ya devastada con otro montón de devastados en un salón de una residencia y les ponían a media tarde pasodobles, movían la cabecita todos. Mi madre no me conocía desde hacía mucho tiempo, pero la música seguía en alguna esquina de su cerebro. Es el gran poder la música, que aunque no quieras, dentro de ti se mete una canción y ya no te deja nunca más.

Desde 1966 cantando. No va a caber su currículo en esta entrevista...

Ja, ja, ja? Nunca pensé que esto iba a ser así de largo. Surgió de una manera inconsciente, como suceden estas cosas. Yo era un crío al que le gustaba escuchar la radio, y también me gustaba un tipo de música que no era la más habitual. Escuchaba voces que no eran lo que se entendía por buenas voces. Había gentes que tenían defectos cantando, pero me gustaban. Me enteré también de que ellos mismos se escribían sus canciones, encontré un agujero en el cielo y pensé: Por aquí me meto yo.

Y ahí sigue. 

Era un inconsciente que no sabía ni cantar ni componer, pero decidí hacerlo. Después llegó el aprendizaje. Intentas componer canciones que luego no salen; salen churros, salen copias? pero vas afinando hasta que ves que aparece algo, vas tirando de ese hilo y llegamos hasta este momento en el que estamos hablando tú y yo.

Y llegaron La romería, El abuelo Víctor y un montón de temas que han atrapado a mucha gente y a lo largo de mucho tiempo.

Es verdad. Fíjate, era el año 1969, yo estaba haciendo la mili, me invitaron a hacer un programa en Televisión Española, y allá apareció un chaval con el pelo muy corto, cuando en aquel momento los chicos llevaban melenas. Todos menos yo. Te veían 20 millones de personas, y si lo que cantabas les gustaba tenías media vida hecha. Yo me salía del tiesto. Recuerdo que aquel verano de 1969 canté en una discoteca en la playa de Zarautz, se me acercó una chiquita y me preguntó: ¿Tú eres del Opus? Le pregunté por qué y me dijo: Como llevas el pelito tan corto...

Pero usted sí que tiene alma política...

Todos la tenemos, aunque unos la manifiestan más que otros. 

La Transición está siendo muy criticada en la actualidad.

Creo que ya están empezando a dar menos la lata con que si estuvo bien o mal hecha. Recuerdo una conversación que tuve con un chaval de Podemos, que son los que más cuestionan si lo que se hizo en 1978 estuvo bien. Yo le dije: Yo voté la Constitución tapándome las narices, igual que te he votado a ti tapándome las narices. A mí no me gusta todo de todos los partidos, pero hay que elegir, y por lo tanto, te tapas las narices y votas a ese que has elegido.

¿Se podía haber hecho mejor?

Nunca se sabrá. La Transición fue un asunto muy difícil, muy escabroso, y había voluntad de entenderse. Es que la otra posibilidad era terrible.

Muchas más posibilidades de entendimiento que ahora.

Ahora es que somos ricos.

¿Somos ricos?

O creemos que somos ricos. No hace falta entenderse, pueden ir las cosas por sí solas. De hecho, no manda nadie y la economía más o menos circula, no se caen los aviones, seguimos teniendo luz, teléfono, todo sigue funcionando? Todo esto da alas a los que piensan que no hace falta entenderse.

¿Le ha desilusionado la clase política?

Sí. En general, los políticos son muy defectuosos. No entienden muy bien para qué están puestos ahí como clase política, pero la política está hecha para entenderse y para llegar a acuerdos. 

¿Qué cree que va a pasar con Vox?

Explica a una serie de gente que votaba al PP y que está más enfadada de lo normal. El trasvase de votos es una reacción de gente que está muy enfadada con la clase política y que decide votar jodiendo. Es gente que va a ver a quién jode más. No me he leído el programa de Vox, pero los argumentos que sostienen desde ese partido son de otro mundo. Pensar que aquí no hace falta inmigración, por poner un ejemplo, para trabajar, es como decir que están zumbados.

¿Cuánto tiempo le da al nuevo gobierno?

Creo que poco, porque el asunto está muy enquistado. El caso es que cuando el nacionalismo enreda como lo está haciendo en Cataluña, se juega con materias muy peligrosas.

¿Cuántas veces ha cambiado de partido a la hora de votar?

Tres veces: PC, Izquierda Unida y PSOE.

Volvamos a lo más personal. ¿Es fácil que convivan dos artistas con la proyección que tienen tanto usted como Ana Belén?

Es fácil. Bueno, es fácil si te quieres y entiendes a la persona que tienes a tu lado. Yo formo parte de esa tropa de señores que han nacido con una determinada educación, una educación muy maternalista y que se han regenerado, en el sentido que se han feminizado, que se han pasado al otro lado y han entregado sus armas.

¿Una rendición difícil? Bueno, si se le puede llamar rendición.

No, no es una rendición. Es estar uno al lado de la otra o viceversa. ¿Fácil? Supongo que dependerá de cada uno de nosotros. Es entender cómo es una mujer, cómo es la mujer que vive contigo y cuál es el espacio que debe tener. Pero es lo mismo en el hombre: hay que saber cuál es el espacio que debe tener un hombre o una mujer.

La de ustedes sí que es una trayectoria matrimonial larga.

Sí, pero porque es provisional?

¿Provisional? Pero si llevan casados desde 1972, ¡48 años!

Siempre pensamos que es así, provisional, aunque quizá no con esa palabra. Como pareja siempre hay algo de provisional y piensas, o pensamos: Si esto no funciona, qué se le va a hacer. Es que para que funcione tienes que estar cuidándolo, y Ana y yo creo que eso lo hemos hecho, al menos por el momento. Ja, ja, ja?

Han sido muy discretos ante la prensa y su vida familiar no ha traspasado mucho de la intimidad.

Cuando nuestros hijos eran pequeños fue un momento muy difícil para mantener la discreción. Nos propusimos que los hijos no tenían que vivir la vida nuestra, aunque siempre han estado con nosotros, han viajado en muchísimas ocasiones, sabían a qué nos dedicábamos y ellos han querido dedicarse a lo mismo.

¿Con pesar de los padres?

No, de pesares nada, nosotros encantados con lo que han elegido. A mí me llama la atención cuando algún músico o algún artista dice: Prefiero que mi hijo no se dedique a esto. Siempre pienso: ¿Qué les habrá pasado a estos con su profesión? Mira, yo siempre he dicho que la mía es una profesión cojonuda y nosotros encantados que los dos sean artistas.

Hay un álbum suyo que se titula Todos tenemos un precio. ¿Tiene precio Víctor Manuel?

Creo no tenerlo, pero? Pienso que no lo tengo en el sentido de que siempre me he sentido muy libre. Solo dependo de que alguien decida comprar una entrada mía en un teatro, de que alguien decida comprar un disco mío. Esa es mi fuente de mantenimiento, porque nunca he tenido en mi trabajo otro tipo de ingresos. Cuando he intentado hacer otras cosas siempre me ha ido muy mal. Desde hace años, únicamente canto, compongo y escribo canciones.

En 1986 editó un álbum que tuvo mucho éxito: Para la ternura siempre hay tiempo. ¿Cree que ahora hay tiempo para la ternura?

Creo que sí, y en lo personal, por supuesto. Quizá socialmente nos hemos endurecido todos mucho; somos más desconfiados hacia los demás y es el momento del yo: de lo que yo piense y de lo que yo haga. Pero necesitamos reconocer en el otro no a un extraño o a un enemigo, sino a un posible compañero de ruta y de vida.

En 1996 lanza Sin memoria, ¿a quién iba dirigido ese canto?

Es una canción hecha en un momento muy concreto. Había llegado al poder el Partido Popular y empezaba el ciclo en el que se decía que había que abandonar la guerra civil, que era una cosa muy lejana y que había que echar tierra sobre ella y pensar que debajo no había nada. ¿Qué crees que pasa si tapas una herida que está infectada?

¿Que sigue supurando?

Y lo seguirá haciendo por muchas vendas que le pongas. Mira, a veces hay notas en los periódicos que parece que solo leo yo. Hay una historia que me impresionó sobremanera cuando empezó lo de la Ley de Memoria Histórica. Apareció una familia de la provincia de León que llevaba pagando el alquiler desde que acabó la guerra de 400 metros de una parcela muy grande de cereal porque sabían que allí estaban enterrados su padre y dos hermanos. Pagaban ese alquiler para que no labrasen sobre ella, pero no podían desenterrar a sus familias, ¿qué te parece?

Que es una historia extrema, pero es el reflejo de una sociedad. Finalizamos el año sacando a Franco del Valle de los Caídos. ¿Se tenía que haber hecho hace tiempo?

Sí, lo tenía que haber hecho el PSOE hace tiempo, pero? Siempre pongo el ejemplo de mi padre. Con quince años se quedó huérfano y jefe de familia con cinco hermanos y su madre. Su padre, mi abuelo, fue fusilado y enterrado en la fosa común del cementerio de Oviedo con otro tío abuelo mío. Para mi padre nunca existió aquello. Recuerdo que nos llevaba siempre por Todos los Santos a mi hermano y a mí a poner flores y al salir del cementerio civil le preguntaba: ¿Por qué mataron al abuelo? Y él me decía: Por robar una cesta de huevos.

Por miedo, supongo.

Por supuesto. A mi padre nunca se le hubiera ocurrido decir más que eso. Él seguía pensando igual. ¿Miedo? ¿Cómo no iba a tener miedo? Escuchaba Radio Pirenaica tapado con una manta, estaba acojonado, y vivió acojonado toda su vida. Luego se le juntó con lo mío. Le dejaban notas en el coche en Mieres que decían: Te vamos a matar, rojo

PERSONAL

Edad: 72 años (7 de julio de 1947).

Lugar de nacimiento: Mieres de Camino (Asturias).

Familia: Lleva casado con Ana Belén desde 1972. Tienen dos hijos: David y Marina. Ambos son artistas, él es músico y ella es actriz.

Inicios: Su recorrido es de larga duración. Con diez años aprendió a tocar la armónica y con doce tuvo la primera guitarra. Sus primeros pasos artísticos los da con la orquesta Bossa Nova. 

Trayectoria: En 1964 se fue a Madrid para aprender solfeo y piano. Participó en varios programas de Televisión Española de los 60. Empezaba la carrera de uno de los cantantes que más tiempo lleva cantando. Resumir su vida profesional es muy difícil por su extensión. Ha lanzado álbumes tan populares como Quiero abrazarte tanto (1970); Dame la mano (1971), Todos tenemos un precio (1974); Canto para todos (1977); Soy un corazón tendido al sol (1978); Luna (1980); Ay amor (1981); Para la ternura siempre hay sitio (1986); Sin memoria (1996); Vivir para cantarlo (1999); El hijo de ferroviario (2001) y Nada está en su sitio (2018), entre otras. La romería, El abuelo Víctor, Quiero abrazarte tanto, Soy un corazón tendido al sol, Solo pienso en ti o Quién puso más son canciones instaladas ya en la memoria colectiva de un país.

'El gusto es nuestro': En 1996, Víctor Manuel, Ana Belén, Joan Manuel Serrat y Miguel Ríos se unieron para realizar una gira bajo el nombre de El gusto es nuestro. Esta fusión de amigos se mantiene en pie 23 años después. Para la publicación de su libro ha utilizado en parte el nombre de esta gira y se ha presentado como El gusto es mío.