Laura Escanes se 'obregoniza'

Criticar los posts de la 'influencer' se ha convertido, injustamente, en deporte nacional

29.06.2020 | 18:50
La 'influencer' Laura Escanes.

Cuando habla en Instagram sube el pan, Diga "hola", "adiós" o "Pamplona". Criticar los posts de la 'influencer' Laura Escanes se ha convertido, injustamente, en deporte nacional, más aún desde que contrajo nupcias con Risto Mejide, el personaje más odiado y resabido de nuestra televisión. Pero nunca había experimentado tantos ataques hasta la pasada semana. ¿El motivo? Voluminoso: La catalana, a sus 24 años, se ha sometido a una operación de aumento y elevación de pecho

Afirma con ímpetu una tía mía de Alsasua que "mano que teta no cubre, no es teta, sino ubre". Y razón no le falta. Porque al menos servidor nunca ha entendido ese clamor por los pechos grandes que existe entre ciertas féminas y grupos de señores mayores. ¡Llámenme raro, o discreto, pero quien escribe estas líneas siempre ha pensado que la virtud, para mujeres y hombres, se halla en el término medio! En la belleza de lo común, lo ordinario, lo natural. Pocas cosas más amenazantes y antiestéticas existen que dos bustos como los de Yola Berrocal, esos que muestra en cada plano de La Casa Fuerte de Telecinco (por cierto: ¿alguien ha entendido la filosofía del nuevo reality?).

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Felicidad ??

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Y lo mismo pienso del miembro viril. Y de esa equivocada publicidad constante que se hace de productos como el Jes Extender para rozar los veinte centímetros, cuando todo el mundo sabe que el tamaño medio radica en erección en los 13,58. Pero vamos, dicho esto, que cada cual se inyecte lo que quiera. Los kilos de látex o ácido hialurónico que considere. Y a la edad que mejor le convenga.

Es lo que ha hecho la influencer Laura Escanes. A sus 24 años, la catalana se ha sometido a una operación de aumento y elevación de pecho. Y, craso error, lo ha narrado con pelos y señales en sus redes sociales. Suponemos que obligada tras la consiguiente rebaja que le habrá aplicado su clínica de confianza. Pero claro, si miles de voces, injustamente, ya la critican a diario por el simple hecho de decir "hola", "healthy" o posar con su conocido marido, Risto Mejide, el incomprensible odio digital desatado contra su persona la pasada semana ya superó cualquier límite. Tanto que en una decisión sin precedentes la joven influencer se ha borrado durante unos días del mundo virtual para disfrutar, lejos del foco mediático, de que a partir de ahora lucirá una talla más de sujetador. Un hecho estético que, en principio, no debería generar tanto revuelo, más allá del entendible cotilleo de barrio que, en Instagram, va adquiriendo tintes faltones y envidiosucos