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EH Bildu y la industria vasca

El Plan de Industria 2030 es absolutamente coherente con el modelo industrial vasco

EH Bildu y la industria vascaIrekia

Podemos afirmar sin dejar resquicio a la duda que EH Bildu mantiene en su ADN político determinados elementos estructurales de la tradición política de la izquierda abertzale. Pello Otxandiano, en el último artículo publicado en su blog, vuelve a atacar y deslegitimar la política industrial liderada por EAJ-PNV para intentar ganar credibilidad en una cuestión en la que esa izquierda abertzale ha sido un agente tóxico durante décadas. 

Otxandiano recuerda una y otra vez operaciones como la de Euskaltel o Ibermática afirmando que “hubo alternativa” pero las instituciones vascas se dejaron llevar por la “corriente neoliberal”. Tiene el morro (permítaseme la expresión) de aplicar a EAJ-PNV una frase que acuñó en los años 80 el ministro socialista Carlos Solchaga, aquella que afirmaba que “la mejor política industrial es la que no existe” y que el PNV ha rebatido con contundencia y con políticas industriales activas desde entonces hasta ahora, manteniendo a lo largo de todas estas décadas, y casi en solitario, un discurso rocoso en defensa de la industria como factor principal de desarrollo económico y humano. 

Lo grave de todo esto es que, para fundamentar su crítica, Otxandiano elimina de la ecuación el contexto económico y financiero que se produjo en todo el mundo entre 2008 y 2013. Para ahondar en el contexto, es conveniente recordar que la creación de Kutxabank se produjo en 2011, a un mes escaso de que ETA anunciara su cese definitivo. A lo mejor, Otxandiano creerá que él lo habría hecho mucho mejor, pues que le pregunte a su compañero Martin Garitano cómo vivió la legislatura 2011-2015 en la Diputación de Gipuzkoa y de qué márgenes financieros dispuso para capitanear la lucha contra el “neoliberalismo reinante” (nótese la ironía). 

Dice Otxandiano que la supuesta falta de definición de la política industrial del Gobierno “nos deja a mitad de camino” a la hora de dotarnos de la política industrial que necesitamos en estos momentos. La “definición” que él adelanta se centra en una premisa que resulta simplificadora y muy peligrosa: “se requiere de una medición operativa del interés público con el fin de determinar en qué medida una actividad empresarial persigue dicho interés”. Es decir, según el esquema ideológico de EH Bildu, debe ser la Administración pública la que determine qué actividad industrial es o no es de interés público y, así, establecer los instrumentos para “definir” la colaboración público-privada. Otxandiano lo llama “definición” y yo lo llamo “intervención”. 

Pero lo más grave de todo esto es que EH Bildu muestra una incapacidad manifiesta para entender los pilares del denominado “modelo industrial vasco” que, tras la durísima década de los 80, tocó diseñar al vicelehendakari Jon Azua. En la base de este modelo reconocido internacionalmente hay dos elementos fundamentales: la apuesta por el conocimiento excelente, que ha servido para especializar y diversificar nuestra industria, y la profundización en una gobernanza colaborativa cuya apuesta inicial consistió en la creación de los clústers. 

Desde el inicio, la orientación del Gobierno Vasco ha estado regida por un claro espíritu de cooperación, y en ningún caso de intervención. Y, ahora, Otxandiano critica el Plan de Industria 2030, cuyo núcleo estratégico ni comprende ni comparte. En dicho Plan se afirma lo que sigue: “Los retos que enfrentamos hoy –industriales, tecnológicos, energéticos y ambientales– están interconectados y se afectan mutuamente de una manera que no tiene precedentes. Por ello, en lugar de centrarnos exclusivamente en qué hacer, en las acciones concretas, este Plan quiere innovar en cómo hacer, de forma que se responda a la nueva complejidad que caracteriza los procesos de transformación industrial”. En ese sentido, el elemento diferencial del Plan radica en la implementación de un nuevo modelo de gobernanza práctico y colaborativo, basado en la ejecución de lo que llama “proyectos transformadores”. 

Por lo tanto, el Plan de Industria 2030 es absolutamente coherente con el modelo industrial vasco y lo lleva a una nueva definición que, ante todo, profundiza en la cooperación entre los agentes relevantes de nuestra red para abordar conjuntamente proyectos de calado transformador. Hablamos de cooperación mucho más que de intervención. 

Es lógico que una organización como EH Bildu, cuyo control absoluto está en manos de una formación política (Sortu) que se define públicamente como “revolucionaria”, proponga la intervención o incluso la planificación de la economía por parte de los poderes públicos, por no hablar de la defensa abierta del “decrecimiento” que proponen, por ejemplo, en Debagoiena. Lo que no es de recibo es que Pello Otxandiano pretenda camuflar la verdadera esencia de su modelo político manipulando y ensuciando el modelo industrial vasco. 

No soy nadie para dar lecciones a Otxandiano, pero si me aceptara un pequeño consejo, le recomendaría que se esmerara un poco más en estudiar en profundidad nuestro modelo industrial y sacara las lecciones pertinentes para modificar su posición política que, en mi opinión, se encuentra muy lejos de la realidad y de las necesidades presentes y futuras de la industria vasca.

*Parlamentario de EAJ-PNV y burukide del Euzkadi Buru Batzar (EBB)