En lugar de mirar la salida del sol, hacer yoga y comenzar el día con unos minutos de meditación, uno tiene la mala costumbre de leer la prensa a primeras horas de la mañana, con un café y escuchando algunas de las canciones de Bob Dylan como ésta en su disco Time out of mind; not dark yet
Shadows are falling and I’ve been here all day / It’s too hot to sleep and time is running away / Feel like my soul has turned into steel / I’ve still got the scars that the sun didn’t heal / There’s not even room enough to be anywhere / It’s not dark yet, but it’s getting there
“Las sombras caen y he estado aquí todo el día. / Hace demasiado calor para dormir y el tiempo se acaba. / Siento como si mi alma se hubiera convertido en acero. / Todavía tengo las cicatrices que el sol no ha curado. / Ni siquiera hay espacio suficiente para estar en ningún sitio. / Aún no ha oscurecido, pero se está haciendo de noche”.
Los titulares de la prensa son la atracción o la repulsión para crear en el lector ya sea un mensaje preconcebido o una noticia inesperada que alimenta tu curiosidad para proseguir su lectura. Los editores son muy hábiles y también a veces manipuladores. Breaking news, está a la orden del día, en cada momento, para incitar al ciudadano a consumir la noticias, como consumimos otros productos, que es en lo que nos han convertido las sociedades posmodernas, en consumidores, no en ciudadanos.
En la última de las ocurrencias del 47º presidente de los EEUU, en su guerra contra el narcotráfico desplegó algunos miles de soldaditos con sus juguetes de guerra y algún submarino en las costas de Venezuela, no sé si dentro de sus aguas territoriales o en las aguas internacionales. En varias operaciones públicas, la Armada de los EEUU afirma haber matado a muchos narcotraficantes y destruido sus embarcaciones. Juicio y sentencia rápidas inapelables. Las protestas de Venezuela y sus aliados no se hicieron esperar. Acusado de narcotraficante, dictador y otros calificativos nada halagadores, el gobierno de los EEUU puso el precio de 50 millones de dólares a la cabeza del presidente de Venezuela, no sabemos si vivo o muerto, sola o incluye también su cuerpo, como en el viejo Oeste. Las cartas estaban ya echadas. La guinda la ha puesto en este año 2026 con la captura de Nicolás Maduro y su esposa. Además ha prometido que controlará el país hasta una nueva transición y recuperar el petróleo que les robaron. La Doctrina Monroe, en honor de uno de los presidentes de los EEUU, ya decía en 1823 que América para los americanos, estableciendo que los países de América Latina eran tan solo el patio trasero de los EEUU, aunque no lo dijera con dichas palabras, por lo que nadie tenía derecho a intervenir, solo ellos. Y la historia de las intervenciones de los EEUU son bien conocidas, desde Haití y la República Dominicana entre 1915 y 1934 por el presidente W. Wilson hasta la última en 1989 por el presidente G. W. Bush para derrocar a Noriega y darle hospedaje gratuito en una cárcel en Nueva York. Por lo que los venezolanos tienen razón para inquietarse por las actitudes de un presidente que aspira al Nobel de la Paz.
El uso y el abuso de drogas tanto legales como ilegales está al orden del día, pero hablemos solo de las ilegales. Una guerra, pues todos los presidentes aman esa palabra para combatir cualquier problema social, guerra contra la inmigración, el narcotráfico, la corrupción, la obesidad... ahora ha vuelto la moda de la hambruna como arma de guerra, los griegos asediaron a Tebas durante diez años. Una guerra contra el narcotráfico que ya comenzó hace varias décadas con el apoyo militar y económico a países como Colombia, Ecuador y Perú, y a Centroamérica. Una guerra que nunca parece finalizar, que nunca se ha ganado ni se ganará mientras la demanda de estupefacientes de las sociedades más ricas siga creciendo.
Según el último informe de UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito) sobre producción y consumo de drogas en 2024, el consumo mundial de drogas está en constante expansión. En el informe se estima que las drogas más consumidas son cannabis (228 millones), opioides (60 millones), anfetaminas (30 millones), cocaína (23 millones) y éxtasis (20 millones). El tráfico de opio ha sido desplazado desde Afganistán desde la llegada al poder de los talibanes. En 2023, la producción de opio en Afganistán cayó un 95% respecto a 2022 debido a la prohibición impuesta por el gobierno. En ese mismo periodo Myanmar la aumentó, habiéndose reducido un 74% la producción de opio a nivel mundial. Se ha estimado que hay alrededor de 11 millones de personas en el mundo que se inyectan drogas, de los cuales 1,4 millones están infectadas con VIH.
El informe también resalta la emergencia de nuevos opioides sintéticos y las desigualdades en el acceso al tratamiento de las personas dependientes en los países más afectados. De los 64 millones de personas con trastornos por uso de drogas, solo uno de cada once recibe tratamiento y menos aún en caso de las mujeres.
La producción de cocaína en 2022 fue estimada en 2.757 toneladas, un aumento del 20% respecto a 2021. El área de cultivo de coca creció un 12% hasta 355.000 hectáreas en los países andinos. En 2023 la UE confiscó 419 toneladas y los EEUU unas 40, una mínima parte de la producción.
Las cifras de incautación de drogas es solo la punta del iceberg del trafico mundial. En 2024 se registraron 236 toneladas de metanfetamina incautadas, un aumento del 24% respecto a 2023. Su producción industrial se concentra en el Triángulo de Oro, en particular en el Myanmar y sureste de Asia. Por lo que parece que el negocio de las drogas va viento en popa para los beneficios de algunos y las desgracias de muchos otros.
En 2024 según informes del CDC, 80.391 personas fallecieron por sobredosis de drogas en Estados Unidos, lo que representa una disminución del 26,9% respecto a las aproximadamente 110.037 muertes de 2023. 54.743 de esas muertes estuvieron relacionadas con opioides, mientras que las muertes vinculadas a opioides sintéticos disminuyeron un 37%.
En la Unión Europea, con una población mayor que los EEUU en 2022, los datos más recientes disponibles estimaron en 6.400 las muertes relacionadas con drogas. En España, según los datos del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA), las muertes ligadas a sustancias psicoactivas se duplicaron entre 2011 y 2021, pasando de 453 a 1.046 muertes anuales, incluyendo todas las drogas.
Para los que tengan memoria, pueden recordar el gran desafío que representó para la sociedad española la llegada de la heroína en los años 80. Solo después de programas de prevención, sustitución y otras medidas puestas en marcha por las comunidades autónomas y las autoridades locales lograron controlar y mitigar los problemas del abuso de drogas. Parece evidente que las políticas de los países europeos con mayor tolerancia y más programas de prevención han sido más exitosos que en los EEUU. Si bien es cierto que han surgido otros problemas con la llegada de las drogas sintéticas y el mercado floreciente que representa para los traficantes.
Pero parece obvio que en esta ley del mercado, la demanda y la oferta van de la mano. Y también parece obvio que las medidas policiales y militares no son la única respuesta posible a un tema más complejo y que requiere un mayor conocimiento de las causas. Una mayor insatisfacción con las expectativas sociales y sus presiones por el éxito y otros múltiples factores puedan aportar algo mas de claridad a un tema que desborda todos los estratos sociales. Pero hemos vuelto al imperio de la fuerza y manu militari. No parece que haya interés por reflexionar sobre las causas y proponer soluciones alternativas. La discusión sobre la legalización parece estar estancada en muchos países.
EEUU despliega su músculo militar como los matones del patio de un colegio para resolver los problemas inherentes a la sociedad de desigualdad que ha creado. No será con estas estrategias que resolverán sus problemas al tiempo que van desmantelando sus programas sociales a los mas desfavorecidos, criminalizan el uso de drogas, aunque hay excepciones en algunos estados. Como canta Bob Dylan, It’s not dark yet, but it’s getting there.