En el debate sobre la crisis del fentanilo en Estados Unidos se insiste, una y otra vez, en señalar enemigos externos y soluciones espectaculares, cuando el origen del problema está bien documentado dentro de sus propias fronteras. Durante al menos dos décadas, grandes farmacéuticas estadounidenses produjeron y vendieron toneladas de fentanilo y otros opioides, recetados de forma masiva por médicos que los dispensaban casi como si fueran aspirinas. Las autoridades sanitarias lo sabían, las empresas lo sabían y existen numerosos artículos de aquellos años que lo acreditan. Cuando la adicción ya estaba profundamente instalada en la sociedad estadounidense fue cuando las mafias –locales, mexicanas o chinas– vieron un negocio claro y se subieron al carro. Pero el origen del desastre, y todavía hoy una parte importante del mercado, sigue ligado a las farmacéuticas de Estados Unidos. Cambiar ahora el relato para cargar toda la responsabilidad en el exterior, como hace Donald Trump una vez más, no es solo falso: es una forma de eludir responsabilidades.

¡Envía tu carta!

Si quieres enviar tu Carta al Director, no puede exceder las 30 líneas y debe ir firmada. Debe adjuntarse fotocopia del DNI del remitente y número de teléfono. NOTICIAS DE GIPUZKOA se reserva el derecho de publicarlos, así como el de resumirlos y extractarlos. La dirección de envío es cartas@noticiasdegipuzkoa.eus

Pensar que el problema de la droga en Estados Unidos se va a resolver bombardeando Venezuela resulta tan absurdo como creer que así se fortalecerá la democracia en Sudamérica. De hecho, cabe preguntarse si ciertos líderes que hoy se presentan como salvadores –ya sea Milei, Bolsonaro u otros– no terminarán derivando, a medio plazo, en nuevas versiones de aquello que dicen combatir. Menos propaganda y más memoria. Menos enemigos imaginarios y más autocrítica. Solo así se podrá afrontar un problema que es, ante todo, consecuencia de decisiones internas y de una impunidad prolongada.