Winter
And I feel like my castle’s crumbling down.
(Castle’s crumbling – Taylor Swift feat. Hayley Williams)
¿Qué se supone que puedes hacer cuando tu mundo se cae a pedazos ante tus pies? Cuando ves que aquel castillo, construido desde los cimientos, se va tambaleando poco a poco hasta quedar en ruinas.
¿Qué haces cuando las palabras son más afiladas que los cuchillos, disparadas para hacer daño y rasgar tu corazón? Cuando tu felicidad, todo tu esfuerzo y trabajo, e incluso tu vida privada, se convierten en la mecha previa a la explosión.
Al despedirme de mi hogar, para ir en busca de mis sueños, jamás pude llegar a imaginar que algunas sonrisas y palabras amables solo eran el disfraz de aquellos que prenderían la mecha. Arrasándolo todo.
La ficha
- Título: Un lugar entre pompas de jabón
- Autora: Raquel Silva
- Género: Novela
- Editorial: Ediciones Kiwi
- Páginas: 366
Capítulo uno:
Winter
Trying to find a place in this world.
(A place in this world–Taylor Swift).
Respiré con profundidad antes de salir del taxi. Había sido un viaje largo desde Florida y lo que más me apetecía en ese momento era llegar a mi cuarto, para dormir hasta que el sol volviera a ponerse. Pero mucho temía que eso no iba a ser posible. Tenía el tiempo justo para registrarme, ir a la habitación que se convertiría en mi hogar en los próximos años y reunirme con mi entrenadora a la hora acordada.
Saqué mi equipaje del coche y, como pude, atravesé el arco de la puerta de entrada al campus cargada con toda una vida metida en un par de maletas grandes, un macuto deportivo y una mochila.
Tras recorrer el primer tramo del camino empedrado que hacía repiquetear las ruedas de mis maletas, me paré ante una impresionante fuente rectangular cuyo centro, rodeado por el agua, tenía unos setos perfectamente cortados que formaban el nombre de esta pequeña ciudad de Minnesota; el mismo que daba nombre a la universidad: Pinefox.
A pesar de tener el tiempo pegado a los talones, saqué el móvil del bolsillo y me hice un selfi, fotografiando la fuente y mi cara con ojos cansados, pero con una gran sonrisa. El primer recuerdo de todos los que con ilusión quería capturar para crear un álbum de esta nueva etapa de mi vida.
Proseguí mi camino, rodeando la fuente para poder continuar hasta el edificio principal con paso acelerado y con la mirada fija en la gran edificación. No quería volver a distraerme. Ya tendría tiempo de recorrer cada lugar, hacer fotos y entretenerme en cada cosa que llamara mi atención una vez estuviera instalada y con todo en orden. Por ello, ni me paré a leer el lema de la universidad, grabado sobre la entrada. Simplemente, atravesé las grandes puertas y, tras preguntar a la primera persona con la que me crucé, me dirigí a las oficinas para mi registro.
Me puse a la cola, que por suerte no era demasiado larga. Tan solo eran unas cinco personas esperando, como yo, a entregar los papeles, que les dieran los horarios y, si se habían inscrito, un número de habitación para alguna de las tres residencias que la universidad ofertaba a los estudiantes. Aunque, poco a poco, la fila fue llenándose detrás de mí.
Cuando llegó mi turno, una agradable señora de cabellos canos, recogidos en un moño, y unas gafas que no dejaban de resbalársele por la nariz, ante su inútil intento de dejarlas en su sitio, me dio la bienvenida. Una vez me identifiqué, buscó entre una pila de sobres aquel que marcaba mi nombre, y que tenían el sello de la universidad, y me lo entregó. En su interior se encontraban mis horarios y clases. Por último, abrió uno de sus cajones para entregarme las llaves de mi nuevo hogar mientras me deseaba toda la suerte del mundo en esta nueva etapa de mi vida.
—Residencia Omega, habitación 113 —me dijo, al mismo tiempo que me daba también un plano del campus, donde me marcó el lugar exacto en el que se encontraba el edificio y me señalaba con el dedo la ruta más rápida por la que llegar.
Cuando la amable señora se cercioró de que me había enterado del camino que debía seguir, le di las gracias y, tras mirar la hora para ver cómo iba de tiempo, me dirigí hacia allí.
La zona residencial se encontraba al final del campus, junto a una de las laderas del bosque de pinos que daba nombre a la ciudad.
Al llegar, tenía las piernas tan cargadas por la caminata a paso ligero que pensaba que me fallarían de un momento a otro.
Nada más atravesar las puertas, busqué el ascensor. Mi habitación se encontraba en la tercera planta y, aunque tenía por costumbre subir por las escaleras, debido al miedo que había cogido cuando de pequeña me quedé atrapada en el de mi antiguo hogar, por culpa de un corte de luz, tuve que arriesgarme a cogerlo para poder subir con mi equipaje.
Caminé por el pasillo hasta mi habitación y llamé a la puerta. Sabía que tendría que compartir dormitorio con otra chica y no quería irrumpir así por las buenas en el caso de que ella ya estuviese instalada.
—Adelante. —Escuché que decían desde el interior.
Me recibió una muchacha que tendría más o menos mi edad, de piel oscura y el cabello tan negro como el carbón, recogido en varias trenzas de raíz.
—Hola —saludé mientras entraba en la estancia—. Soy Winter. Creo que soy tu compañera.
—Shamika —se presentó mientras dejaba sobre la mesa de estudios el neceser que tenía en las manos para saludarme—. He escogido esta cama; espero que no te moleste.
—Para nada, me gusta estar junto a la ventana. —Con una sonrisa atravesé la habitación y, tras dejar el macuto y la mochila en el suelo, junto a las maletas, me senté en la cama y di unos pequeños botes para comprobar la comodidad—. Perfecta.
Shamika me lanzó una sonrisa relajada y me imitó, dejando a un lado su maleta a medio vaciar para embarcarnos en una pequeña y agradable charla de presentación donde me comentó que este era su primer año como estudiante en la universidad. Había vivido toda su vida en una pequeña localidad del estado de Texas, por lo que, al igual que yo, había hecho un largo viaje hasta llegar aquí, gracias a una beca que, si bien en mi caso era deportiva, la suya era de ciencias.
Era muy fácil hablar con ella, tanto que el tiempo pasó casi sin darme cuenta.
Cuando la alarma que había programado en el móvil para avisarme de que me quedaban tan solo unos quince minutos para reunirme con mi entrenadora sonó, me disculpé con mi compañera de cuarto y, sin haber deshecho las maletas, me dirigí a toda prisa escaleras abajo solo para, en cuanto traspasé la puerta principal de la residencia, echar a correr en dirección a la zona deportiva de la universidad, rezando a los astros para que se alinearan y pudiera llegar antes de que lo hiciera ella.
Sobre la autora
Raquel Silva nació la Nochevieja de 1989 en Extremadura. Le encantan las rutas por la naturaleza, los paisajes y contemplar el cielo estrellado, tal vez por ello posee una mente soñadora y llena de ideas que plasmar en sus escritos. Desde pequeña siempre ha estado rodeada de libros y fue a temprana edad cuando comenzó a escribir sus historias. Ha participado en un par de antologías solidarias de relatos y autopublicó una pequeña historia, pero fue en 2021 cuando cumplió su sueño de publicar Escrito en las estrellas con Ediciones Kiwi, a la que seguiría en 2023 Cuando la luna recupere su luz. Al año siguiente publicó Ocho segundos para enamorarme y ahora está de promoción con Un lugar entre pompas de jabón.