A lo largo de sus cerca de cien metros de recorrido, la pequeña calle Mañueta de Pamplona alberga o ha albergado emblemáticos y populares comercios de la ciudad: su centenaria y famosa churrería, en la que hacen cola cientos de personas todas las mañanas de sanfermines y todos los domingos de octubre; las aceitunas Valero; la zapatería Calzados La Mañueta, en la que muchos pamploneses hemos comprado alpargatas o zapatillas económicas para destrozarlas sin remordimientos en fiestas, etc. Pero además de todo eso, la Mañueta también ha sido hogar de famosos artistas, como uno de los más grandes guitarristas de la historia del flamenco, Sabicas, o como el irreverente poeta Ramón Irigoyen.
El Zinc Palace
También en la Mañueta se ubica un pequeño frontón, que tuvo antaño días de esplendor, cuando fue conocido popularmente como el Zinc Palace, a cuenta de su tejado de zinc. El frontón fue inaugurado en 1913 por don Gerardo Areta, un emprendedor hortelano del barrio de la Magdalena, y su esposa doña Agapita Labiano, quienes compraron un edificio entero de la pequeña milla de oro pamplonesa y convirtieron su patio en el Frontón Moderno −ese era su nombre oficial−, una cancha que pronto adquiriría carácter propio, llegando a designar un estilo, el mañuetero, a cuenta de las apuestas y los heterodoxos partidos que en ella tenían lugar, en los que las normas cambiaban en cada desafío (un pelotari contra tres, o contra dos con las piernas amarradas, o contra uno con una silla a la espalda, etc.) y en los que tomaban parte todo tipo de pícaros, ganapanes y trotamundos, como Luis Zubielqui, Limpias, un pastor y carbonero nacido en la localidad navarra de Espronceda. La especialidad mañuetera de “Limpias” era fingirse débil, incluso expectorar sangre (que absorbía de una muela picada), y acabar remontando partidos con una clara desventaja en el marcador, dando de esa manera la vuelta a las apuestas.
Las correrías de Limpias (vida nocturna, partidas de póker, desafíos inverosímiles −por citar uno que no llegó a cumplir: arrojarse en paracaídas y caer sentado sobre la estatua del caballo de Espartero en Logroño−) se harían famosas en diversas localidades, como Barcelona, Zaragoza o Bilbao, donde pasaría sus últimos años de vida, convirtiéndose en un xelebre de la ciudad, con sus camisas estampadas y su enorme Montecristo al morro, y donde moriría dos veces, pues en una ocasión unos amigos le gastaron la funesta broma de publicar en un periódico una necrológica falsa. Zubielqui fallecería realmente en 1986, dejando hasta sus últimos días su impronta, pues al parecer acostumbraba a escaparse del hospital a los bares de copas próximos, en los que se juntaba al amanecer lo mejor de cada casa.
De Iruña a Nueva York
El Frontón Moderno o Zinc Palace, en el que Limpias campó a sus anchas, se ubicaba en el número 13 de la Mañueta y es más que probable que muchos de quienes entraban o salían por esa puerta se encontraran unos metros más adelante a un gitanico trasteando con su guitarra española en un balcón y quedaran admirados ante la destreza y el duende de aquel renacuajo, que no era otro que el genial Sabicas, uno de los grandes maestros del flamenco. Agustín Castellón Campos Sabicas nació, en efecto, en el número 7 de la calle Mañueta, y vivió en Pamplona hasta los diez años, edad en la que se trasladó a Madrid, ciudad en la que asombró con su arte a los círculos flamencos y en la que permaneció, ya convertido en una estrella, hasta el año 1936, cuando con la ayuda de la ministra anarquista Federica Montseny (de la cual el novio de su hermana era chófer) acabaría exiliándose a América en un periplo que le llevaría a Argentina, México y, finalmente, Nueva York, donde se establecería hasta su muerte y hasta donde acudían a visitarlo en peregrinación jóvenes guitarristas como Paco de Lucía, que se reconocían pupilos de Sabicas (y ante los que Sabicas intentaba mantener su autoridad, poniendo en sus manos guitarras con las cuerdas desgastadas, reservándose para sí mismo las nuevas, pues, decía, el maestro no podía sonar peor que el alumno).
Más ‘Seis grados’
Sabicas también frecuentó o compartió apariciones en galas benéficas o programas de radio en Estados Unidos con otras celebridades como Dean Martin, Judy Garland, Sammy David Jr... o Frank Sinatra, cuyo nombre serviría de apodo al protagonista de una de las novelas del escritor argentino-catalán Raúl Núñez, autor underground de culto, precursor del realismo sucio en España, cuya obra está recuperando estos últimos años la editorial Efe Eme. Sinatra, así se titulaba también la novela en cuestión, fue publicada originalmente por Anagrama hace más de cuarenta años (en la novela, por cierto, ambientada en el Barrio Chino de Barcelona, habría podido figurar con total naturalidad un personaje como Luis Zubielqui 'Limpias') y tuvo cierto éxito, reforzado sin duda por la adaptación cinematográfica que hizo Francesc Betriu, protagonizada por Ana Obregón, Maribel Verdú o, en el papel principal, el pamplonés Alfredo Landa.
Por cierto, el segundo apellido de Alfredo Landa no era otro que Areta, apellido que el actor portaba con orgullo, como demuestra que sirviera para bautizar a uno de sus personajes más recordados, el de Germán Areta, el detective de El Crack, la película de José Luis Garci. Pues bien, Landa heredó dicho apellido de su abuelo materno Gerardo Areta, que no era otro que aquel hortelano pamplonés que inauguró en 1913 el Frontón Moderno, más conocido como el Zinc Palace, y a cuya puerta, como recordó el actor navarro en alguna entrevista, su abuela Agapita Labiano cortaba las entradas, allí, en el número 13 de la calle Mañueta de Pamplona, a donde hemos regresado, cerrando el círculo y dando por concluidas también estas colaboraciones estivales, que esperamos hayan sido de su agrado, y que pueden volver a consultar, junto con otros Seis grados publicados en veranos anteriores, en este enlace: https://patxiirurzun.com/category/seis-grados/.