Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo se consolida no como una jornada de celebración, sino de reivindicación por la igualdad de género, los derechos laborales y el empoderamiento femenino. En este contexto, conversamos con Nerea Isasi sobre los desafíos actuales, el retroceso en los espacios sociales y el impacto de los nuevos discursos machistas en la juventud.
Hoy es 8 de marzo, una fecha oficializada por la ONU en 1975 para recordar la lucha histórica de las mujeres. Para marcar esta jornada, las instituciones vascas han lanzado la campaña «Dale espacio a la igualdad». ¿Cuál es el objetivo principal de esta iniciativa?
Es una campaña interinstitucional impulsada por Emakunde, las tres diputaciones forales y EUDEL. Con ella reivindicamos esos espacios que las mujeres habíamos conquistado y en los que, actualmente, tenemos la sensación de estar retrocediendo o incluso desapareciendo.
¿Dónde está perdiendo la mujer más espacio?
Resaltaría especialmente el ámbito digital como un nuevo espacio emergente para las comunicaciones y las redes sociales. Estamos observando que muchas mujeres dejan de utilizar estos entornos debido a los mensajes de odio y a la violencia digital que se ejerce contra ellas.
Violencia digital antifeminista
¿A qué tipo de discursos se enfrentan las mujeres en estos entornos digitales?
Se dirigen principalmente contra mujeres feministas que reivindican sus derechos. Son mensajes que van más allá del debate ideológico; se convierten en acoso personal. Muchas mujeres están abandonando estos espacios por la violencia que sufren, una hostilidad que a menudo trasciende la pantalla y se traslada a la vida real.
¿De dónde proviene este discurso tan violento y qué busca conseguir?
Proviene de la reacción ante la conquista de derechos por parte de las mujeres. Sectores de la ultraderecha y discursos machistas se empeñan en afirmar que ahora es el hombre quien está discriminado. Su objetivo es mantener los privilegios que han ostentado históricamente. Nosotras no pedimos privilegios, pedimos derechos. Para que nosotras tengamos derechos, ellos deben renunciar a esos privilegios; nadie debería tenerlos, todos deberíamos gozar de las mismas oportunidades.
¿Cree que estos mensajes están logrando desplazar al feminismo, especialmente entre las nuevas generaciones?
Desafortunadamente, sí. El reciente barómetro de juventud y género indica que estos mensajes están calando hondo entre los chicos jóvenes, quienes se están alejando del feminismo. No ocurre lo mismo con las chicas, pero es una tendencia preocupante entre los varones. Es preocupante porque ellos son el futuro y estos discursos a estas alturas no deberían estar sobre la mesa. No pedimos nada más allá de lo que merecemos, sino igualdad efectiva de derechos entre hombres y mujeres; los mismos derechos y oportunidades que los hombres.
Cambios que se puedan dar en el feminismo
¿Son las mujeres jóvenes quienes más sufren las consecuencias de este reavance del machismo?
Creo que lo sufrimos todas las mujeres en todas las edades. La diferencia es que las jóvenes se atreven a denunciar y a alzar la voz, algo que no ocurría tanto en el pasado. Según una investigación que hemos realizado en la Diputación Foral de Gipuzkoa sobre violencias digitales, observamos que las mujeres mayores a menudo no identifican estos comportamientos como violencia machista, mientras que las jóvenes sí tienen esa conciencia clara.
¿Considera que la sociedad actual es lo suficientemente reflexiva sobre los cambios que propone el feminismo?
El problema no es hacer la reflexión, sino quiénes reflexionan; seguimos siendo las mismas las que analizamos, decidimos y nos enfrentamos a los problemas. Muchos hombres aún no se ven identificados con esta causa ni la asumen como propia. Mientras no lo hagan, tendremos un problema, porque la desigualdad es un conflicto que atañe a toda la sociedad.
Más allá de la jornada reivindicativa de hoy, ¿cómo se puede fomentar esa reflexión colectiva?
Quiero invitar a todos los hombres a unirse a estas reivindicaciones. La igualdad no es solo un beneficio para las mujeres; es un avance para toda la sociedad. Es el único camino para conseguir un mundo más justo para las futuras generaciones.