La segunda mesa del encuentro, denominada Mujeres transformando el sector, puso el foco en el liderazgo, la gestión y la rentabilidad del ámbito rural, con especial énfasis en los proyectos que están impulsando las mujeres. La conversación, moderada por Oihana Prado, periodista de NOTICIAS DE GIPUZKOA, contó con la participación de Oneka Zaballa, directora de Agricultura y Ganadería del Gobierno Vasco; Maixa Otegi, profesora y directora de innovación del centro Fraisoro; Maite Retolaza, responsable de la sidrería Oiharte y presidenta de Euskal Sagardoa; y Naiara Ezeiza, gestora del sector agro de Gipuzkoa de Laboral Kutxa.
Zaballa, desde su posición institucional, remarcó que “queremos un primer sector fuerte, que sea sostenible y, sobre todo, que tenga un futuro real. Para lograrlo, la competitividad y la rentabilidad son imprescindibles, como también lo es adoptar una mentalidad diferente. No hay que olvidar que el sector primario se compone de empresas; compañías que tienen que ser viables, para lo que se necesitan elementos como la modernización, la innovación o la digitalización. Asimismo, hay que convivir con el cambio climático, un desafío presente en nuestro día a día. Considero que la base de todo es el relevo generacional. Sin él, llegará un momento en el que nuestro trabajo concluirá. Los jóvenes traen talento, nuevas ideas y están acostumbrados a la utilización de las nuevas tecnologías”.
“Gazteei, bai gizonei bai emakumeei, beren proiektuak garatzeko sektorean sartzea ahalbidetuko dieten politikak diseinatu behar dira”
Zaballa no ignoró el hecho de que en Euskadi contamos con un hándicap importante: “Las parcelas son pequeñas y cuesta mucho acceder a ellas. Hay que diseñar políticas que permitan a los jóvenes, tanto hombres como mujeres, introducirse en el sector para desarrollar sus proyectos. También es fundamental el asesoramiento, el acompañamiento y facilitar contactos, con el propósito de que la transferencia de conocimiento sea fluida.
Otra percepción
Por su parte, Retolaza se hizo la siguiente pregunta: “¿Por qué no hay relevo generacional? Creo que hay mucho trabajo por hacer en lo que respecta a la educación de los jóvenes que tienen la oportunidad de continuar con el negocio familiar. En la sociedad se opina que la de campesino es una profesión venida a menos. Podríamos decir que tiene una mala reputación, y eso no sucede con otros ámbitos profesionales. Es un problema de difícil solución que habría que atajar”.
“Sektorearen etorkizuna bermatzeko, proiektuak erakargarri izan behar du, baldintza duinak eskainiko dituena eta bizitzeko denbora ere bai”
Otegi, del centro Fraisoro, reconoció que, pese a que los cambios se perciben muy lentamente, el número de alumnas que llegan a la escuela se va incrementando “poco a poco con el paso de los años”. Por otro lado, continuó por el camino abierto por Retolaza, señalando que “se piensa que los trabajadores del primer sector son unos ignorantes. Nosotros estamos para eliminar esa creencia que para nada se corresponde con la realidad. Y es que nuestra relevancia es absoluta. ¿Cómo se alimentaría la sociedad si no fuese por nosotros? Conseguir este cambio de relato es un desafío que no entiende de géneros”.
Ahondando en esta problemática, Zaballa señaló que “se piensa, erróneamente, que la gente que trabaja la tierra se dedica exclusivamente a cuidar vacas u otros animales. Pero detrás hay formación, conocimiento y técnica. Hay muchísimo potencial que no podemos perder, y las escuelas agrarias representan un referente muy valioso”.
En opinión de Zaballa, una de las claves reside en formular un mensaje diferente a los jóvenes: “Lo que les llega es puramente negativo. Es cierto que van a venir problemas que no vamos a poder controlar, como sequías o crisis sanitarias. Se trata de conseguir una estabilidad, y para ello hay apoyos por parte de la Administración. Hay que centrarse en la rentabilidad y el futuro”.
“Para asegurar ese porvenir, el sector tiene que ser sugerente”, defendió Retolaza. Por ejemplo, las nuevas generaciones valoran mucho su tiempo libre a la hora de decantarse por un empleo. ¿Qué sucede en el ámbito agrario en este aspecto? Que ni siquiera pueden permitirse ponerse enfermos. Yo vivo en Goierri y es muy complicado luchar con lo que ofrece la industria en lo que se refiere al horario y la estabilidad”.
Un problema social
Todas las participantes en el encuentro estuvieron de acuerdo en que el problema es social, y Ezeiza aseguró que desde Laboral Kutxa están decididos a “revertir la situación. El primer sector es parte de nuestra identidad como territorio, y apostamos por él a nivel estratégico. Como entidad, somos un aliado para que los proyectos salgan adelante, intentando ofrecer soluciones adaptadas a cada caso para que la productividad del día a día no se vea resentida”.
En cuanto a las ayudas, Zaballa mencionó que desde la Administración se dan apoyos estructurales para “la modernización de las explotaciones, con herramientas que facilitan y agilizan la labor diaria. También activamos una serie de medidas cuando se dan circunstancias que se escapan de nuestro control, como por ejemplo lluvias torrenciales. Intentamos que los trabajadores no se vean perjudicados a final de año por estos condicionantes excepcionales. Además, ofrecemos formación en gestión empresarial para que se controlen las finanzas y haya una buena planificación”.
Otegi puso sobre la mesa otra cuestión a debatir: “A todos nos gusta el paisaje tan verde de Gipuzkoa y presumimos de él. A los campesinos les cuesta mucho esfuerzo mantenerlo así y no obtienen ningún beneficio económico por ello. Creo que ese es un foco de competitividad e innovación que el primer sector debería aprovechar”.
“Ez da beharrezkoa astean zazpi egunez lan egitea; ikuspegia aldatu behar dugu sektorea belaunaldi berrientzat erakargarria izan dadin”
Productos de calidad
Asimismo, Zaballa destacó que “En Euskadi tenemos productos altamente reconocidos en el mercado. Si conseguimos posicionarlos bien, los productores tendrán un mayor margen de beneficio. Por ejemplo, el sello Eusko Label está muy ligado a la tierra y, también, a personas concretas. Que el consumidor final te pueda identificar es muy positivo. Si todo ello lo unimos con la gastronomía, el turismo y la industria alimentaria, el valor añadido es enorme”.
Siguiendo por esta línea, Retolaza remarcó que la clave es creer en el producto y apostar por él: “La calidad y variedad que poseemos en Euskal Herria es impresionante. Los consumidores son conscientes de lo que compran y lo aprecian”.
Un oficio duro
En lo tocante a la igualdad de género, Retolaza reconoció que a la hora de trabajar con su marido “en ningún momento me he sentido infravalorada por el hecho de ser mujer, y hemos transmitido esos mismos valores a nuestros hijos e hijas. Ahora que tienen edad para trabajar en nuestra sidrería, ven lo duro que es el oficio, de modo que percibimos de primera mano los motivos que dificultan el relevo”.
Ezeiza enfatizó que “a quienes quieren dedicarse a esto hay que demostrarles que no están solos, que en su entorno podrán contar con apoyos a nivel institucional y en entidades como la nuestra. Quien se anime tiene dónde encontrar formación y cooperación, así como la opción de desarrollar la idea que tenga en mente. Para nosotros es esencial que las actividades se consoliden en el tiempo”.
Es innegable que la aparición de referentes es necesaria, pero Zaballa reconoció que “quizás tenemos que empezar a generarlos. Es un sector en el que sin duda hay que meter muchas horas, pero se puede sacar una rentabilidad si se enfoca la actividad desde un punto de vista empresarial. Hay que organizarse; es importante encontrar a mujeres que transmitan su historia en el sector y muestren cómo lo han hecho y qué les ha motivado para salir adelante. ¿Por qué no va a haber instagramers del sector primario? Sería un aliciente potente para quienes se quieran incorporar.
“Lehen sektorea gure lurraldearen identitatearen parte da, eta erakunde gisa aliatu estrategikoa izan nahi dugu proiektuak aurrera atera daitezen”
Debe haber una recompensa
En contraposición, Otegi se preguntó: “¿Cómo podemos hacerlo atractivo, si un joven que trabaja en el primer sector tiene que dedicar incontables horas a sus quehaceres mientras sus amigos tienen jornadas de ocho horas? Primero tiene que cambiar el enfoque: no es necesario trabajar 24 horas al día, siete días a la semana. El problema es que, a veces, independientemente de las horas que trabajes, no llegas a los objetivos. Hay que encontrar las fórmulas para persuadir a las nuevas generaciones. Hasta ahora nos hemos vendido muy mal. Debemos cambiar la forma de hacer las cosas a nivel general”.
Para concluir con esta segunda mesa, Zaballa nombró las claves que, en su opinión, el sector necesita para su supervivencia: “relevo generacional, estabilidad normativa, reducción de trámites y competitividad. No se puede trabajar doce horas al día, o 24 horas, a cambio de nada. La sociedad también tiene que ver al sector como una vía de oportunidad por la que merece la pena apostar”.