La confianza del consumidor cae a niveles de 2022, muy por debajo del umbral de neutralidad, y rompe la tendencia al alza de los dos años anteriores. Mala señal. La consecuencia es directa: el 35,8% de los vascos ha pospuesto o cancelado compras importantes este año. Nunca tanta gente se había contenido en decisiones de gasto de peso en los 18 años en los que se ha realizado esta encuesta.
El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) alcanzó el máximo de la serie histórica en 2015 (120 puntos), tras años de recuperación postcrisis. Había tocado fondo en 2008 y 2009, en pleno colapso de la economía, con valores por debajo de los 60 puntos. Hoy se sitúa en 72, lejos del nivel de neutralidad (100).
Son varios los motivos que disparan la incertidumbre y la falta de expectativas. Por un lado, la sensación de que “todo sube”, de que la cesta de la compra cuesta cada vez más. Diecinueve de cada veinte consumidores lo perciben en su día a día.
Caída del ahorro
El principal golpe lo señalan en los productos de alimentación (70,9%); otro grupo relevante (20,1%) apunta a los precios de la vivienda, la gran preocupación de los consumidores, especialmente en Gipuzkoa y, en mayor medida, entre las personas de más edad.
Además, el 49,5% de la ciudadanía vasca declara que su capacidad de ahorro ha descendido respecto al año anterior. No es el peor dato registrado desde que arrancó este estudio —en 2022 se alcanzó un 62,5%—, pero el de 2025 es ya el cuarto valor más elevado de toda la serie 2008-2025.
Esta pérdida de capacidad de ahorro se produce en un contexto de fuerte carga hipotecaria. Tres de cada diez vascos mantienen una hipoteca, concentrada principalmente entre los 30 y los 59 años. Entre los 40 y los 49, más de la mitad sigue pagando su vivienda.
Viajes, coches y tecnología
El consumo defensivo es la respuesta a esta coyuntura incierta: viajes, coches y tecnología son las primeras renuncias reconocidas por los propios consumidores. El dato es contundente: un 35,8% ha aplazado una compra que consideraba importante.
Desde 2008 nunca tanta gente había postergado la adquisición de productos duraderos. El anterior techo se registró en 2020, con un 27,7%, mientras que históricamente el porcentaje se había movido en torno al 20%.
Gipuzkoa es el territorio que menos se resiente en este aspecto, cierto; aunque la cifra sigue siendo elevada: un 32,8% de compras postergadas, frente al 38,2% en Bizkaia y el 34,1% en Araba.
La tensión afecta a las edades centrales, hasta los 59 años, y a partir de los 60 la presión disminuye (23,5%); y más aún de los 70 en adelante (7,5%).