Usue Mori Carrascal, de 38 años, tuvo dudas antes de lanzarse a vivir de la investigación. Licenciada en Matemáticas, empezó a hacer la tesis en una empresa, pero prefirió volver a la universidad, a la facultad de Informática, para terminarla allí. Actualmente es docente e investigadora en la facultad.
“La docencia es lo que me devuelve el contacto con la realidad, porque la investigación es bastante solitaria y muy competitiva, tiene factores que son muy bonitos: aprendes mucho porque todos los días sacas algo nuevo, tienes tiempo, trabajas para ti... pero es verdad que luego tiene una parte competitiva que es difícil vivir solo de ello. La docencia contrarresta un poco eso”, asegura.
“Hay mucha gente que se queda por el camino, que se cansa, porque es verdad que es un mundo muy competitivo. No piensas en lo que haces, todo el rato te preguntas cuál es el siguiente objetivo”, afirma.
Agradecida
Aún siendo duro, se siente muy agradecida con el grupo que encontró en la universidad. “He tenido un apoyo importante por parte del grupo. Y una vez que estás en un grupo que rueda y tienes proyectos y funciona bien, es todo mucho más fácil. Es verdad que somos muy pocas chicas en el grupo, casi todos son hombres, pero no me he sentido olvidada o invisible, he tenido mucha protección y me han cuidado mucho”.
Como docente, vive diariamente cómo los estudiantes tienen marcados los roles y siguen faltando mujeres que alcen la voz. “Creo que en informática no llegan al 20% las chicas estudiantes. Es una situación a la que no conseguimos darle la vuelta. Desde que entran en la universidad, se nota que tienen los estereotipos y los roles de género muy marcados. En nuestro caso, tenemos que mostrar que la informática no es solamente una cosa de chicos frikis; es mucho más y todos los ámbitos de la ciencia se benefician de que haya diversidad, en este caso, de género”, reivindica.
La educación, el arma
Tiene claro que eso se combate con educación. “Desde muy pequeños reciben esos roles. Mis hijos tienen cinco años y ya lo veo en ellos”, insiste. “Veo, como madre, que hay un montón de cosas establecidas para chicos y para chicas. Y yo no les he dado esa educación pero lo absorben de algún sitio. Puede ser que sea de mí, sin quererlo, imagino que de todo lo que tiene a su alrededor. Así que tenemos mucho por hacer todavía”, concluye.