El intercambiador ferroviario de Riberas de Loiola afronta un “posible" sobrecoste del 25%
La Comisión de Seguimiento formada por diferentes instituciones “prevé el inicio de las obras en 2027”
El intercambiador ferroviario de Riberas de Loiola, una de las piezas clave del nuevo esquema de movilidad en Donostia y Gipuzkoa, encara una fase decisiva. Por un lado, “se prevé el inicio de las obras en 2027”. Es la primera vez que Adif, ETS, el Gobierno Vasco y la Diputación de Gipuzkoa establecen formalmente ese plazo y lo llevan a papel.
Pero también se empieza a contemplar la posibilidad de que los casi 36 millones presupuestados inicialmente se queden cortos y haya que ampliarlos hasta cerca de 45 millones. Es pronto aún para concretar números, ya que todavía se está redactando el proyecto constructivo.
Ha sido precisamente un primer avance de ese trabajo técnico el que ha alertado a las instituciones de un “posible sobrecoste del 25%” en la ejecución de las obras.
Un primer avance del proyecto técnico augura que los 36 millones presupuestados hace 4 años se quedarán cortos
El documento final con los detalles de cómo deberán ejecutarse las obras del intercambiador, que se adjudicó a la ingeniería Esteyco por 820.050 euros (sin IVA), deberá estar listo para el 20 de junio, como muy tarde. Luego vendrá el resto, la licitación de las obras, la adjudicación y el inicio de los trabajos.
Así lo recoge el acta de la reunión del 21 de julio de la Comisión de Seguimiento y Coordinación del convenio para la financiación y coordinación de esta infraestructura. Un organismo integrado por los gestores de infraestructuras ferroviarias Adif y Euskal Trenbide Sarea (ETS); y por la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Gobierno Vasco.
Las actas de las tres reuniones mantenidas por esta comisión de seguimiento entre 2023 y 2025 las ha hecho públicas recientemente la diputada de Movilidad Turismo y Ordenación del Territorio de Gipuzkoa, Azahara Domínguez, en respuesta a una solicitud parlamentaria de EH Bildu en las Juntas Generales.
Gipuzkoa cuenta hoy con dos grandes ejes ferroviarios: uno de norte a sur, por el que circulan los trenes de Cercanías, media y larga distancia (gestionado por Adif); y otro de este a oeste, de vía estrecha, gestionado por ETS: el Topo en Donostialdea, por ejemplo. Ambos discurren en paralelo en muchos puntos del territorio, pero sin conexión directa entre redes.
El intercambiador debería estar operativo en 2030 y permitirá el trasbordo entre las redes de Cercanías y el Topo
El intercambiador de Riberas de Loiola será el punto de encuentro. El lugar en el que se podrá realizar el trasbordo entre el Topo y los servicios de Cercanías sin necesidad de desplazamientos entre estaciones. Se trata de un punto estratégico en el que confluyen ambas líneas.
Aumento de precios
Ese papel estratégico del intercambiador explica también la complejidad técnica y su dimensión, que empiezan a reflejarse ahora en un “posible” aumento del presupuesto.
Los motivos de ese sobrecoste son varios, según se explicó en la reunión del 21 de julio de 2025. El principal de todos ellos son los cuatro años transcurridos entre ambos documentos técnicos (el inicial del proyecto y el que va a entregar la consultora Esteyco el próximo junio), con el consecuente incremento de precios.
También se menciona el distinto grado de detalle entre ambos documentos. Es decir, se contempla que el mayor grado de precisión del proyecto definitivo conllevará más gastos en la ejecución.
Y, por último, la incorporación de determinadas solicitudes del Ayuntamiento de Donostia vinculadas a la reordenación urbana del entorno, como la cubrición parcial de la trinchera ferroviaria y la ampliación del Parque de la Memoria.
Financiado a tres partes iguales
En la reunión del 21 de julio también se hizo una actualización de la distribución de la inversión en la obra hasta 2029: se mantiene por ahora el presupuesto del convenio, fijado en 35,94 millones de euros, pero las propias actas advierten de que el coste final podría incrementarse en torno a un 25% cuando se concrete el proyecto constructivo.
De este modo, Gobierno Vasco, Diputación de Gipuzkoa y el Estado, a través de ADIF, lo pagarán a escote: 35,94 millones dividido en tres partes iguales. Casi 12 millones cada uno. Y luego, si se confirma el sobrecoste, también lo asumirán del mismo modo.
Según el plan plurianual, hasta ahora cada una de las tres instituciones financiadoras ha aportado poco más de 166.000 euros entre 2024 y 2025; en el presente 2026 tendrán que poner otros 146.000; y ya el próximo año, cuando está previsto que comiencen las obras, comenzará el desembolso de verdad: 1,6 millones cada una de las tres partes para poner en marcha las obras a lo largo de 2027. Otros 5 millones de euros más en 2028 y otro tanto en 2029.
Tres años de obras
Se estima que las obras pueden durar unos tres años, lo que nos llevaría a ver completada esta infraestructura para 2030 aproximadamente: dos años más tarde de lo que se contempló de inicio. En el primer acta de la Comisión de Seguimiento, correspondiente a la reunión del 23 de noviembre de 2023, se menciona explícitamente la previsión de iniciar las obras en 2025.
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