El pan es uno de los alimentos más consumidos, ya que forma parte de uno de los básicos de la dieta mediterránea.

Está presente en desayunos, comidas y cenas, pero en los últimos años su consumo habitual ha sido objeto de debate.

Desde el punto de vista nutricional, el pan es una fuente importante de hidratos de carbono, el principal combustible del organismo.

También aporta proteínas vegetales, vitaminas del grupo B y minerales como el hierro o el magnesio. Sin embargo, no todos los panes son iguales y ahí reside la clave.

El pan blanco, elaborado con harina refinada, ha perdido parte de su fibra y micronutrientes durante el proceso de refinado.

Esto hace que su índice glucémico sea más alto, es decir, que eleve con mayor rapidez los niveles de azúcar en sangre. Consumido de forma habitual y en grandes cantidades, puede favorecer el aumento de peso si no se ajusta al gasto energético de cada persona.

Elegir el pan integral

En cambio, el pan integral, elaborado con harina de grano completo, conserva la fibra natural del cereal.

La fibra ayuda a mejorar el tránsito intestinal, aumenta la sensación de saciedad y contribuye a un mejor control de la glucosa. Por eso, los expertos en nutrición suelen recomendar priorizar el pan integral frente al blanco si se consume a diario.

La cantidad también es determinante. Comer pan todos los días no es perjudicial por sí mismo, siempre que se haga en el contexto de una dieta equilibrada.

El problema surge cuando su consumo es excesivo o cuando se acompaña de alimentos poco saludables, como embutidos u u otros productos ultraprocesados.

En personas con enfermedades como la diabetes tipo 2, el control de las raciones es especialmente importante. También deben prestar atención quienes padecen celiaquía o sensibilidad al gluten no celíaca, ya que en estos casos el pan tradicional no es apto y debe sustituirse por alternativas sin gluten.

El pan integral conserva el salvado y el germen del grano, lo que lo convierte en una excelente fuente de fibra Freepik

Varía según el estilo de vida

Otro aspecto a tener en cuenta es el estilo de vida. Una persona activa, que practica deporte con regularidad, tiene mayores necesidades energéticas y puede integrar el pan sin problema en su alimentación diaria.

En cambio, en personas con vida sedentaria, las raciones deberían ser más moderadas.

En los últimos años, algunas dietas han demonizado el pan como responsable directo del aumento de peso.

Sin embargo, los especialistas insisten en que ningún alimento por sí solo provoca obesidad.

El aumento de peso se produce cuando existe un desequilibrio entre las calorías ingeridas y las gastadas.

En definitiva, comer pan todos los días puede formar parte de una alimentación saludable, siempre y cuando se opte por el pan integral, se moderen las cantidades y se acompañe de alimentos nutritivos como verduras, legumbres, pescado o aceite de oliva.