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No era el día para el frenopático (3-3)

Una Real a la que volvió a machacar Munuera, que no le pitó un penalti y no mostró una roja clarísima a Bailly (quien acabaría empatando al final), se deja dos puntos ante el colista después de remontar un 0-2

No era el día para el frenopático (3-3)Ruben Plaza

No era el día para emociones fuertes. La visita del colista exigía una victoria obligatoria y, para lograrla, había que demostrar otras herramientas: dominio, control, paciencia, inteligencia, saber estar, colocación y no regalar. Los números siguen dejando en evidencia a la Real, con un balance negativo de goles que delata que sigue sin ser un equipo fiable. Y eso va a poner en peligro todos los objetivos marcados para lo que queda de curso.

Empezamos por lo negativo. Un equipo que se considere candidato a Europa no puede irse del partido y encajar dos goles en tres minutos. Tampoco puede recibir tres dianas a balón parado ni permitir que le empaten después de haberse puesto por delante. Es imposible soñar en grande si se conceden esas facilidades, esté quien esté enfrente.

Las notas de Mikel Recalde

Empate ante el colista: las notas de Mikel RecaldeMikel Recalde

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Segunda circunstancia del empate. Por mucho que fuese el colista, es insufrible que venga Munuera Montero, el socio de Melero López en el famoso “todo OK, José Luis” del Bernabéu, y no señale un penalti claro por mano de Bailly nada más empezar ni castigue con tarjeta roja un derribo flagrante del propio defensor ovetense a Oyarzabal cuando era el último hombre. La jugada no admite discusión. Resulta increíble que un colegiado en el VAR, con todas las cámaras, no lo vea (o no lo quiera ver) y despache la acción en segundos para luego pasarse cinco minutos revisando si encuentra algo punible para anular el tanto de Caleta-Car.

Señor Munuera, usted ya no engaña a nadie. Cuando algo se repite hasta la saciedad deja de ser casualidad. Cada vez que se cruza en el camino de la Real sabemos lo que toca. Es una vergüenza para su supuesto nivel y para el colectivo arbitral, porque da la sensación de que lo suyo con la Real viene de lejos.

Y tercero, lo bueno. Sin jugar bien, sin que sus futbolistas diferenciales estuvieran entonados, pero con coraje y corazón, la Real logró remontar un 0-2 para poner patas arriba Anoeta. Lástima que el suflé bajara de golpe con el cabezazo de Bailly en la prolongación. No hay espacio para la alegría ni la ilusión: era un partido para ganar y la Real se dejó dos puntos que pueden pesar mucho. Bueno, en realidad cinco ante el Oviedo, que también tiene lo suyo.

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Pellegrino Matarazzoes de ideas fijas. Cuando algo funciona no parece que le guste cambiarlo. Mantuvo su apuesta por Pablo Marín, con Turrientes y Gorrotxategi en el doble pivote y Brais en la mediapunta, en lugar de Carlos Soler, que no había tenido la preparación adecuada por una gastroenteritis y su reciente paternidad. En el resto, pocas sorpresas, con Caleta-Car de nuevo por delante de Zubeldia, decisión que admite debate.

Enfrente, un Oviedo en situación dramática, pero muy vivo y dispuesto a morir matando, ganando partidos y destrozando previsiones ajenas.

Una vez más, la Real dejó claro que no es equipo de salidas en tromba, ni siquiera cuando el contexto lo exigía. Nada de primera falta, primer disparo, primer córner para amedrentar. El habitual arranque contemplativo, intentando coger ritmo poco a poco. En realidad, sin llegar a encontrarlo en toda la primera parte, con un Turrientes poco enchufado, un Marín intermitente y un Guedes desaparecido. Todo al ritmo de Brais, que no es precisamente vertiginoso.

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Las mejores imágenes del Real - OviedoEFE

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A los cuatro minutos, Oyarzabal probó suerte, pero Escandell detuvo sin problemas tras tocar el balón un zaguero. A los nueve, el 10 disputó un balón en largo que Bailly tenía ganado y, sin necesidad, el defensor se dejó caer y tocó la pelota con la mano de forma clara. Munuera señaló falta del realista, algo que las imágenes desmintieron. Así se calentó el ambiente. A unos les conceden penaltis con facilidad y a otros se los niegan por sistema.

Reina probó a Remiro, que detuvo en dos tiempos, y Brais, tras pase de Guedes, se quedó sin ángulo y estrelló el balón en Escandell. En el tramo final, la Real entró en zozobra y Chaira tuvo dos buenas ocasiones, pero disparó desviado. En una acción aislada, Oyarzabal asistió a Brais, que con todo a favor disparó al muñeco. Adelantarse habría sido clave. Primera parte soporífera, ideal para un sueñito al sol de febrero.

La reanudación fue esperpéntica. A los pocos segundos, Bailly cometió un error grave; Oyarzabal lo aprovechó y en la disputa fue derribado con claridad. Roja clara que Ávalos Barrera despachó en segundos ante la incredulidad general. Y acto seguido, en dos córners mal defendidos, Fede Viñas puso el 0-2 en tres minutos, ambos tras centros de Hassan. En el segundo, Remiro falló en la salida. Ver para creer. Una cosa es sentirse perjudicado y otra que el colista te haga dos goles a balón parado con esa facilidad.

Para colmo, Odriozola se lesionó nada más salir y la alternativa fue Aritz Elustondo. Al menos, en una acción aislada, Óskarsson recortó distancias de cabeza tras un centro perfecto de Sergio Gómez. Quedaba tiempo.

La Real atacaba más por orgullo que por juego. Pero el Oviedo es colista por algo. En el 87’, Caleta-Car empató tras un barullo en un córner. Y en el 90’, después de una contra guiada por Guedes, Óskarsson puso el 3-2 que parecía definitivo. Pero en la jugada siguiente, Bailly se impuso en el área para hacer el 3-3. Partido desatado. Zakharyan falló un cabezazo incomprensible y Guedes dibujó una rosca preciosa que repelió el poste. El ruso cazó el rechace, pero disparó mal.

Y se acabó. La Real perdió dos puntos, aunque por momentos parecía que no sumaría ninguno tras el 0-2. Así se esfuma cualquier horizonte ambicioso. Sin fiabilidad no hay Europa.

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Imperdonable no derrotar a un rival herido. Pero también basta ya. Penalti y expulsión al limbo con 0-0. Sí, la Real regaló demasiado, pero eso también condiciona partidos. Señores de la Federación, déjenla competir. Basta de decisiones reincidentes y de un VAR que parece no querer ver. No hay derecho a esto.