La Real recurre la amarilla a Guedes al considerar que fue otro penalti claro
El luso, que dijo a sus compañeros que le habían derribado, vio la amarilla supuestamente por fingir y tratar de engañar a árbitro que protagonizó una actuación escandalosa
La Real Sociedad ha decidido recurrir la tarjeta amarilla mostrada a Gonçalo Guedes, supuestamente, por fingir un penalti. En una decisión surrealista e indignante, José María Sánchez Martínez coronó su actuación al pasar por alto el contacto claro de Lekue, que, a esa velocidad, desequilibra claramente y provoca que el luso caiga el suelo. Fiel a su personalidad chulesca y arrogante y, por lo que se vio, sin contar con el más mínimo cargo de conciencia después de la otra pena máxima que había dejado sin señalar por una mano de Laporte, el murciano se dirigió directo y con prepotencia al luso para amonestarle. El propio realista, que protestó enérgicamente la decisión del trencilla al momento, reconoció a sus compañeros al término del encuentro que el penalti había sido claro, que le derriba y que en ningún momento se tira al suelo para intentar engañar al árbitro.
Con todos estos ingredientes y las imágenes de las televisiones en las que, salvo para el ínclito Mario Melero López, se confirma la infracción, el club txuri-urdin dio el paso de presentar alegaciones al acta, aunque albergue muy pocas esperanzas de que fructifique su recurso, después de lo vivido con Brais Méndez tras el atraco en el derbi de la semana anterior.
Un arbitraje escandaloso
La actuación de Sánchez Martínez no tuvo desperdicio en su totalidad. El árbitro influyó en el desarrollo del encuentro y, por supuesto, en su marcador. En la misma línea que la de Guillermo Cuadra Fernández, que le dio una vida extra al Athletic con la alucinante tarjeta roja a Brais en el anterior derbi, o que la de Xavier Estrada Fernández, en la final para siempre, en la que no señaló un penalti clarísimo por otra mano de Iñigo Martínez que sacó fuera del área y después al perdonarle Ignacio Iglesias Villanueva y José Luis González González, que estaban en el VAR, la expulsión en el penalti a Portu. El catalán en realidad le había sacado la roja, pero rectificó tras ser aconsejado por sus compañeros cuando la jugada admitía pocas dudas al ser el último hombre y no tener opción de jugar el balón.
Con estos antecedentes, sobre todo el reciente de Cuadra, que escandalizó a todo el país salvo a los que siempre tienen coartada y salida para todo, clama más al cielo la parcial actuación de Sánchez Martínez. Un colegiado con fama de ser valiente e imperturbable, pero que casi desde el inicio del encuentro dejó muestras de que no estaba por la labor de mantener su fama. Comenzó con continuas faltitas a favor de los locales y con un tempranero aviso de tarjeta a Jon Martín por un ligero agarrón a Guruzeta en campo rival en una acción sin mayor peligro. En mitad de la primera parte, Aramburu entró fuerte ante Adama y este, picado, le empujó sin balón de por medio y con fuerza en un contacto mil veces peor que la de Brais. El colegiado no le mostró ni amarilla.
El otro penalti no pitado
En el minuto 43 llegó la gran polémica de la primera parte. Sergio Gómez botó un córner y el cabezazo de Caleta-Car con dirección a la portería lo desvió con claridad Laporte con el brazo. En el fútbol actual esta jugada no admite ni la más mínima discusión. Se pitan siempre. El árbitro se pasó casi cinco minutos en el campo mientras Melero, que evidentemente estaba revisando la jugada y tenía muchas dudas, no le llamó para que fuese a ver la pantalla. Finalmente, reunió a los capitanes, Oyarzabal e Iñaki Williams, y les explicó que la mano estaba pegada al cuerpo en posición natural, algo que evidentemente no es cierto, y mandó seguir el juego ante la incredulidad del equipo y la afición blanquiazul. El enfado de los aficionados blanquiazules era tan visible que incluso en la tribuna central se vivieron momentos tensos con la parroquia local, que les echaba en cara sus quejas.
Lo gracioso es que en la tribuna de prensa no había ningún periodista local que discutiese que la mano era punible, mientras buscaban todo tipo de excusas como había “un bloqueo”, luego que lo anulaba por un supuesto agarrón que tampoco se produjo o incluso, los más osados, afirmaban que el centro había salido por la línea de fondo. Tuvo que ser Williams el que aclarara al final del encuentro que el árbitro anuló el gol porque no consideró que la mano era suficiente para indicar el punto de penalti. “Al principio, nos ha dicho que lo iban a revisar. Cuando el VAR le ha llamado, nos ha dicho que la mano que le da es la que más cerca tiene del cuerpo y la tiene prácticamente pegada, que no era punible pitar ese tipo de penaltis. Este árbitro es un grandísimo árbitro. El VAR ha estado muy bien y creo que ha sido lo justo”. En fin…
Matarazzo no estaba de acuerdo: “La explicación fue que la posición del cuerpo era natural. En mi opinión, era penalti, he visto muchos de este tipo que se han pitado, pero es lo que es y seguimos adelante”.
El penalti a Guedes
En la segunda parte, se produjo la jugada del penalti a Guedes. Lekue le derriba y el árbitro no es que se lave las manos, es que encima tiene la indecencia de amonestarle cuando estamos viendo cada semana a futbolistas tramposos fingiendo derribos de forma clarísima (sin ir más lejos, ahí está el caso del rojiblanco Paredes en el anterior derbi).
No contento con ello, en la jugada del gol realista, hay una entrada peligrosísima de Padilla a Guedes, que recordó mucho a la de Keylor Navas con la que destrozó la carrera de Agirretxe, y el murciano no le amonestó y, en cambio, sí decidió sacar la amarilla a Odriozola por cambiarse de banda por fuera de los límites del terreno de juego para celebrar con sus compañeros.
Por último, y por si fuera poco, a pesar de que apenas se perdió el tiempo y que el Athletic hizo cuatro cambios de una tacada, el colegiado decidió dar cinco minutos de descuento, a los que sumó uno más porque Guedes, que estaba retorciéndose de dolor en el suelo, tuvo que ser atendido al lado de la línea de banda, por lo que no abandonó el campo rápido. Es más, el trencilla permitió el ataque local a pesar de que era evidente que le pasaba algo.
Demasiadas cosas, todas para el mismo lado, que se suman a atropellos sufridos en un campo en el que se toman decisiones muy extrañas por parte de los colegiados desde hace mucho tiempo. Y si no ahí están los penaltis que le han pitado a favor al vecino esta misma temporada.
Pese a la victoria, ayer no se hablaba de otra cosa en Gipuzkoa, ya que la parroquia realista transitaba entre la alegría y la rabia porque el colegiado acabó con la posibilidad de sentenciar la eliminatoria a los suyos, tal y como se habían merecido con su abrumadora superioridad en el campo. En el ambiente se palpa la preocupación porque en Anoeta vuelva a repetirse la misma historia o porque no haya que lamentar el enésimo atraco sufrido ayer en casa del eterno y protegido enemigo.
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