En la 21ª jornada, a 22 de enero y con casi la mitad del campeonato aún por delante, resulta demasiado temprano para hablar de encuentros ligueros en términos trascendentales. Suceda lo que suceda este domingo en Anoeta (18.30 horas), a la Real Sociedad le quedará mucho camino por recorrer después de recibir al Celta. Pero también parece claro que, durante una temporada completa, un equipo disputa duelos llamados a ser clave, por la capacidad de estos para definir la trayectoria y los objetivos en el torneo en cuestión. Hablamos de partidos bisagra, y el que jugarán los txuri-urdin el fin de semana contra la escuadra gallega pertenece a dicha categoría.

La Real mira a la próxima fecha liguera desde la novena plaza clasificatoria, una posición en cierto modo engañosa si nos atenemos a las distancias que le separan de los puestos europeos y de la zona de descenso. Al fin y al cabo, la situación txuri-urdin en la parcela media de la tabla puede aparentar cierta comodidad, cuando en realidad la pelea por la permanencia se encuentra más cercana (el 18º está a cinco puntos) que la pugna continental (el séptimo tiene ocho más que los de Matarazzo). Ese séptimo clasificado es precisamente el Celta, visitante este domingo en Anoeta, lo que unido al 1-1 de la primera vuelta en Balaídos dota de mucho peso al choque entre guipuzcoanos y vigueses: si gana el conjunto blanquiazul, se colocará a cinco puntos y se asegurará a su vez el average particular entre ambos conjuntos.

Resulta evidente. Una victoria de la Real ante el Celta introduciría la campaña txuri-urdin en una nueva dimensión, al situar a los de Pellegrino Matarazzo más cerca de su anhelo europeo que del siempre inquietante agujero hacia la Segunda División. Pero, para que estas circunstancias puedan ser celebradas el domingo por la noche, tocará primero hacer los deberes sobre el césped, frente a un muy buen equipo que ha labrado su momento actual mirándose en el espejo de la propia Real Sociedad. Con un plantel plagado de futbolistas ascendidos desde su filial (14 de 26, más de la mitad), la escuadra entrenada por Claudio Giráldez compagina con buenos resultados el campeonato de Liga y su concurso en la Europa League. En la Copa, eso sí, fue la primera víctima de postín del matagigantes Albacete.

Similitudes

Más allá de situaciones concretas en torneos determinados, el proyecto del Celta en su conjunto puede recordar al que llevó a la Real a vivir hasta hace nada una de las mejores etapas en la historia txuri-urdin. Está reformando Balaídos mediante unas obras que dotarán al estadio vigués de un aspecto similar al de Anoeta (al menos en su interior) y de un aforo que alcanzará los 40.000 espectadores. Ha entregado las llaves del equipo a un técnico de la cantera promocionado desde el Celta Fortuna, un movimiento como el que en su día implicó aquí la apuesta por Imanol Alguacil. Y se suma a la ecuación, lógicamente, el mencionado carácter autóctono de un plantel que no sólo incluye a jugadores con pasado en el filial: el entrenador también les pone a jugar, mediante una política de rotaciones que hace sentir a todo el mundo más o menos partícipe y que da resultado en lo físico, ya que hay 26 futbolistas en nómina y ninguno está lesionado.

MEDIO BILLETE EN JUEGO, HOY CONTRA EL LILLE

Los de Giráldez disputan hoy su séptimo y penúltimo de la Europa League, en Vigo frente al Lille francés (21.00 horas). Y lo hacen exigidos por una tabla clasificatoria que de momento no les garantiza nada a futuro. Para empezar, aspirar a las ocho primeras plazas, las que dan acceso directo a octavos de final, obliga ganar los dos partidos que restan. Y para continuar, asegurar al menos un puesto en el top 24 (repesca de dieciseisavos) no está garantizado con los los nueve puntos actuales (harían falta uno o dos más). Lo de esta noche supone un primer match ball: una victoria contra el Lille significaría garantizar un billete a la repesca, y avanzar también hacia el top 8. Un empate o una derrota, mientras, acabarían con esas mismas opciones de top 8 , y además dejarían la repesca pendiente de la última jornada, la que espera el jueves 29 y que para el Celta supondrá visitar al Estrella Roja en Belgrado. 

A los gallegos les costó arrancar este curso. Pero luego se fueron entonando, han ganado ahora sus tres encuentros de 2026 y han logrado así abrir hueco sobre la zona no europea de la tabla, ocho puntos al octavo (el Elche). Queda campaña por delante, pero esa misma octava plaza no tiene visos de implicar billete continental este curso, lo que obliga a equipos como la Real a mantener a la vista a los de Claudio Giráldez. Si pierden en su visita a Anoeta, su matrícula se apreciará cada vez más grande a través de la luna txuri-urdin.