Empate para empezar. No está nada mal, habiendo enfrente el rival que había, aunque la situación clasificatoria de la Real Sociedad implica anhelar los dos puntos que se escaparon y que posiblemente se merecieron. Pellegrino Matarazzo se estrenó al frente de la nave txuri-urdin con un 1-1 ante el Atlético de Madrid, en un duelo que sirvió al técnico estadounidense para comenzar a dejar su sello táctico en el equipo. Se dieron cambios concretos respecto a la anterior etapa, variantes que analizaremos a continuación. Pero quizás la modificación auténticamente relevante se dio a nivel general, a nivel de concepto, dentro de un planteamiento relativamente sencillo y basado en simplificarles las cosas a los futbolistas, pensado más para atacar rápido tras robo que para elaborar las jugadas ofensivas.
1- Presión: elegir los momentos
Ante el Atlético vimos posiblemente una de las versiones txuri-urdin más reactivas de la temporada, al menos en Anoeta. Es cierto que la Real de Sergio Francisco apenas hilvanó posesiones largas en Elche y que allí basó gran parte de sus ataques en los contragolpes, pero siempre quedará la incógnita de si lo hizo por convicción u obligada por el buen manejo de balón de los franjiverdes. Este domingo, mientras, sí dio siempre la sensación de que el plan de partido de Matarazzo implicaba presionar las ofensivas colchoneras, recuperar el esférico en posiciones avanzadas y lanzarse hacia Oblak mediante transiciones rápidas y verticales. El equipo lo ejecutó muy bien en líneas generales, principalmente porque supo interpretar cada momento del encuentro y el modo en que tocaba emplearse en defensa: apretando arriba, en bloque medio o juntándose atrás.
Llamó la atención cómo el técnico blanquiazul modificó la estructura defensiva del equipo, respecto a la etapa de Sergio Francisco. El técnico irundarra acostumbraba a respetar sin balón el dibujo 4-3-3 de base, dejando a los extremos en posiciones intermedias: tan pronto saltaban a presionar a un central rival como permanecían con su lateral. Matarazzo, mientras, apostó por un claro 4-4-2 en cuya primera línea actuaban Oyarzabal y un Brais incorporado desde la mediapunta. La utilidad del esquema residió ante el Atlético en que apenas había que modificarlo cuando el equipo olía sangre y se lanzaba a apretar arriba (al hombre): simplemente con el salto de Jon Martín a por el mediapunta Julián Álvarez, todas las piezas encajaban.
Como comentábamos, la Real supo igualmente detectar los momentos en que replegarse y defender cerca del área de Álex Remiro. Estas fases del encuentro implicaron a menudo que uno de los dos extremos (o ambos a la vez) se hundieran hasta integrar la línea defensiva, ayudando de este modo Kubo o Guedes a cerrar con zaga de cinco.
2- A pares: a través del central
Dedicamos un apartado exclusivo al ya citado salto de Jon Martín a por Julián Álvarez, aludido en el anterior punto. Al fin y al cabo, y aun siendo la Real un equipo que se ha prodigado durante los últimos años en las presiones al hombre, rara venía siendo la ocasión en que los txuri-urdin utilizaban a un defensa central para configurar un sistema de emparejamientos individuales por todo el campo.
Es cierto que la estructura del Atlético de Madrid, un 4-4-2 cuyo segundo punta (el propio Julián) se sumaba a la medular, pudo tener mucho que ver en que Matarazzo escogiera al zaguero de Lasarte -Oria como pareja de baile del argentino. Sin embargo, cabe destacar que, en las campañas más recientes, la Real no estaba exigiendo a sus centrales este tipo de recorridos. Sí lo hizo con Imanol cuando Odegaard (como Brais este domingo) presionaba en la primera altura. Pero la posterior llegada de David Silva significó un punto de inflexión en este sentido: para ahorrarle esfuerzos al canario, los txuri-urdin empezaron entonces a apretar a un central rival con uno de los extremos, produciéndose en esa banda una corrección en cadena que afectaba a uno de los centrales (tenía que escorarse a banda, pero no ganar metros y alcanzar la medular). Más adelante llegaría con el oriotarra la defensa zonal mediante un 4-4-2 de media en forma de rombo...
Con Sergio Francisco, mientras, los encuentros en los que la Real apostó por defender al hombre fueron contados, y coincidieron además con duelos ante rivales (Celta o Villarreal) que en la práctica dibujaban sendos 3-4-2-1 sobre el césped. El irundarra se adaptó a los adversarios en ambos encuentros y modificó también el sistema txuri-urdin.
3- El sistema: un claro 4-2-3-1
Hay pocas cosas más relativas en el fútbol que el esquema utilizado por un equipo. Cuando el balón echa a rodar, las piezas se mueven y el dibujo de turno salta por los aires. Y es lo que sucedió este domingo en Anoeta, por ejemplo, con la estructura de la Real. Esta sí pareció significar, al menos, un 4-2-3-1 de base, con todo lo novedoso que tiene ver a los blanquiazules actuar con dos pivotes en paralelo. Sí ha sucedido cuando Imanol y Sergio Francisco han empleado sistemas de tres centrales con dos mediocentros por delante. Pero, integrando la ecuación una zaga de cuatro como la alineada frente al Atlético, cuesta ya dar con precedentes que no nos retrotraigan a la época de Asier Garitano.
Lo cierto es que, con motivo de su único entrenamiento a puerta abierta, Pellegrino Matarazzo ya había mostrado su intención de emplear el mencionado dibujo. Y aquellas pistas quedaron luego confirmadas en Anoeta cuando Carlos Soler y Beñat Turrientes iniciaban muchas acciones en paralelo, por delante de la zaga. Lógicamente, el plan de partido del estadounidense implicó luego determinados movimientos de sus centrocampistas. Y, como veremos en el siguiente punto, dichos movimientos afectaron al esquema blanquiazul.
4- El lado fuerte: banda izquierda
Pellegrino Matarazzo ha aterrizado en la Real tras, lógicamente, analizar los anteriores partidos del equipo, y siendo muy consciente de que Gonçalo Guedes significa ahora mismo el principal argumento ofensivo del equipo. El técnico estadounidense demostró ante el Atlético querer llevar a la zona del portugués las jugadas ofensivas más elaboradas, tratando al mismo tiempo de no arrinconarle en banda. El propio Guedes no es un extremo puro. Se trata de un futbolista cuya productividad aumenta en el carril central. Y el equipo txuri-urdin intentó aprovechar estas características moviéndose en consonancia.
Para empezar, la Real hizo de la banda izquierda su lado fuerte, ese costado en el que volcó sus posesiones más largas. Y una vez allí buscó ensanchar siempre el campo con un futbolista en amplitud que no fuera el propio Guedes, sino otro compañero. Un Sergio Gómez proyectado a extremo, un Carlos Soler escorado a la cal o incluso un Caleta-Car convertido en circunstancial lateral zurdo ayudaron a que el portugués pudiera abandonar la banda para acercarse a Oyarzabal y lanzar desmarques por el carril del 10.
Al tratarse de un futbolista profundo y cuyo juego implica una exigente repetición de esfuerzos, Guedes tuvo que ser sustituido en el tramo final del encuentro. Pero el cambio no modificó gran cosa, pues Ander Barrenetxea, aun contando con un mayor desborde en el uno contra uno, está capacitado para jugar un rol similar en el equipo. En el otro costado del campo, mientras, un Take Kubo acostumbrado en los últimos años a tener que echarse el equipo a la espalda pudo ante el Atlético esperar el balón en el lado débil y disfrutar así de situaciones más claras y provechosas para encarar a su lateral.
5- No equivocarse: cuidar los detalles
El nuevo entrenador blanquiazul cumplió en la práctica con los principios básicos que había citado previamente en rueda de prensa. Habló ante los medios de empezar poco a poco a introducir conceptos tácticos, sin revoluciones y priorizando la claridad respecto al exceso de información. Y se refirió también a la importancia de cuidar esos detalles que pueden determinar el resultado final de un partido, evitando errores que se estaban pagando muy caros últimamente. A efectos de esto último, resultaron interesantes los mecanismos de salida por izquierda citados en el anterior punto, ya que implicaron a su vez evitar filtrar los siempre peligrosos balones interiores. Y fue igualmente novedoso el modo en que los txuri-urdin se comportaron al iniciar sus ofensivas desde Remiro.
El meta de Cascante no combinó en corto. Y si lo hizo fue sólo con uno de sus centrales para atraer la presión rival y que este lanzara en largo. Matarazzo no quiso perder balones complicados que permitieran al Atlético atacar en transición, y apostó desde su guardameta por un juego principalmente directo con matices trabajados para la ocasión. No es la de la Real una plantilla que cuente con futbolistas capaces de bajar un balón frontal de su portero. Al menos no con especialistas al respecto. Y el técnico estadounidense quiso paliar este déficit poblando con hasta cinco jugadores esa última línea a la que enviaba Remiro.
Los dos laterales ganaban muchos metros hasta situarse en paralelo a los delanteros. Ambos extremos centraban su posición para ocupar los carriles del 8 y del 10. Y los centrales, mientras, se abrían para ofrecer soluciones a Remiro en caso de que este no detectara un hombre libre para enviar el balón, lanzando en largo Jon Martín y Caleta-Car una vez recibían. Fue sólo uno más de los matices que Matarazzo introdujo en su primer partido y que, sumados los unos a los otros, nos permitieron ver una versión realista bastante mejorada. También cabe subrayar que ayudó a ello el tipo de encuentro que se vio en Anoeta, ante un Atlético dispuesto a llevar el peso del duelo. El contexto de los compromisos que se avecinan (el del viernes en Getafe sin ir más lejos) resultará distinto.