Crónica del partido Mónaco-Real Sociedad

El Mónaco supera con claridad a un cuadro txuri-urdin que parece perder fuelle y que no está a la altura en el viejo continente

Mónaco 21Real

26.11.2021 | 00:23
Los jugadores del Mónaco celebran su primer gol ante la decepción txuri-urdin.

La Real cayó en Mónaco. Un resultado previsible si se analizan sus estadísticas. El conjunto de Imanol cada vez se parece más a ese chuleta del colegio que se atreve con los más débiles, pero que cada vez que aparece uno de su talla o más grande mengua, se encoge y acaba recogiendo sus bártulos antes de volver a clase sin presentar batalla. Así lo reflejan sus números. Contra los que están o acabaron por detrás en la pasada tabla de la Liga se muestra muy competitivo e incluso a la mayoría les acaba derrotando, pero en el momento en el que se presenta un miura delante, simplemente no da la talla. Y en Europa, por los motivos que sean (los jugadores defienden que es casualidad y no les sucede nada extraño), sus problemas se acrecientan aún más. Un día es que bate un récord de ocasiones falladas, otro que regala un gol, y finalmente en varios, como ayer, simplemente se encuentra con un adversario que demuestra ser bastante superior. Lo malo es que este Mónaco, que ayer le derrotó con indiscutible justicia hasta el punto de que se quedó corta su renta, es actualmente el décimo de la Ligue 1, que no es precisamente la más exigente de Europa. Los donostiarras no pudieron con los del Principado ni en Anoeta ni en un gélido estadio Luis II, al que no pudo dar colorido ni la entregada afición txuri-urdin, que se quedó boquiabierta presenciando la decepcionante actuación de los suyos.


Una Real triste, fría, apagada, que vuelve a emitir señales de agotamiento en el mes de noviembre cuando llega uno de los momentos clave y que amenaza con venirse abajo antes de final de año, tal y como le sucedió el pasado curso a estas alturas. Los de Imanol cumplieron varias máximas imperdonables en duelos de este calibre, como entrar fatal, cometer errores individuales muy graves, ser muy blandos en defensa y encajar los goles en sendos momentos claves. Justo después de una ocasión clara de Januzaj y dos minutos después de haber logrado el empate cuando peor lo estaba pasando. El resto del choque fue un quiero y no puedo de los guipuzcoanos, que echaron mucho de menos la aportación de varias de sus estrellas como sus tres centrocampistas y su capitán Oyarzabal, al que todavía habrá que esperarle un poco más para que recupere su nivel tras la lesión.


Imanol sorprendió dándole la titularidad a Matt Ryan. No jugaba desde su exhibición en Vigo, donde se erigió en el gran protagonista de la victoria txuri-urdin con varias intervenciones prodigiosas. Su milagrosa actuación no merecía pasarse tanto tiempo sin jugar, sin duda, pero, con una final por el primer puesto en juego, siempre era arriesgado. Como si pareciese más recomendable que jugase en Cornellà que en un duelo de máxima exigencia como el del Principado, en el que resultaba más convincente recurrir al once de gala. El resto fueron los esperados, con las novedades en los laterales de Zaldua y Aihen; Zubimendi en la medular; y Oyarzabal acompañando arriba a los, en estos momentos intocables, Januzaj e Isak. Enfrente un Mónaco que esta vez sí, al contrario que en Anoeta, apostó por una alineación muy reconocible, con Ben Yedder y Volland en la punta de ataque y la sonada ausencia de su nueva estrella, Tchouaméni, el mediocentro pretendido por el Madrid.

El partido comenzó de forma pésima para la Real. Los de Imanol entraron con mal pie en el encuentro y no tardaron en mostrarse vulnerables. Los monegascos presionaban muy arriba, lo que provocaba muchas imprecisiones en los visitantes, sobre todo en un Aritz que estaba desconocido y un centro del campo absolutamente superado y anulado. A los cinco minutos, Ben Yedder y Volland ya habían tenido una doble oportunidad en sendos remates que repelió la zaga realista. En noches así, en las que la Real ni se encuentra ni se reconoce, el único que se suele salvar es un Januzaj que atraviesa posiblemente por su mejor momento de forma desde que recaló en Anoeta hace cinco años. El belga probó suerte en una falta cerrada que detuvo el meta local. A los diez minutos, Aritz perdió una pelota y Volland acabó chutando fuera. Fofana fue el siguiente en ensayar el disparo tras un buen recorte, pero también se le marchó desviado. Cuando daba la sensación de que la Real por fin había controlado la situación, con una ocasión clarísima de Januzaj, quien a pase de Aihen optó por romperla en lugar de colocar, llegó el primer tanto local. Entre Zubimendi y Merino perdieron una pelota que el Mónaco convirtió en oro en tres pases certeros que acabó depositando en la red Volland.

Con el conjunto txuri-urdin noqueado, Ben Yedder obligó a Ryan a hacer una gran parada y Aritz salvó justo cuando el exsevillista se disponía a empujar una dejada de Henrique con la cabeza, tras un gran centro de Golovin. Otra pérdida de Merino desencadenó una contra que culminó con una centrada finalización Sidibe que atajó Ryan. Curiosamente, cuando peor pintaban las cosas, Januzaj sacó un conejo de su chistera para asistir a Isak, que batió a Nübel con una sutil vaselina. La noticia, que no podía ser más buena, se vino abajo cuando, a los dos minutos, el Mónaco volvió a ponerse por delante en una acción a balón parado que Badiashile centró con la testa para que Fofana la empujara a las mallas. Un desastre. Antes del descanso, Isak probó suerte en una misión en solitario que acabó con un disparo desviado con la zurda.

En el entreacto, Imanol volvió a mover ficha con rapidez dando entrada a Gorosabel, para proteger a Zaldua, que tenía tarjeta, y a Barrenetxea, en lugar de un Silva, desaparecido en combate una vez más. Y van demasiadas. Igual es que no puede jugar todos los encuentros y hay que comenzar a dosificarle para que cuando lo haga marque de verdad las diferencias apoyado en su calidad superior. Esa magia que comienza a perder efecto con la edad...

Barrenetxea entró fuerte en el duelo pegado en la banda izquierda. Decidido, rápido y fresco, no tardó en desequilibrar, pero sus zigzags se quedaron en muy poca cosa. Le falta templanza cuando llega a las zonas de remate. Lo malo es que le fueron tomando la medida y se fue diluyendo hasta perder demasiados balones. Al menos, no dejó de intentarlo, ya que muchos de sus compañeros parecieron sacar la bandera blanca antes de tiempo. La mejor opción para empatar de los vascos fue un perfecto servicio de Merino a Isak, cuyo chut cruzado con la zurda se marchó a córner. Poco después el navarro, que estaba tocado, fue sustituido y la Real se fue desinflando. Sin fe, sin ideas y sin recursos. Así era imposible. Boadu y Volland incluso dispusieron de las dos únicas opciones reseñables para aumentar diferencias antes de que Oyarzabal terminara su mala noche con un disparo desviado en la prolongación.


Agur a la primera plaza. Un privilegio que la Real nunca se ha merecido en Europa, donde por ahora no está a la altura de lo exigido. Nada más y nada menos. Al menos, antes del duelo de anoche ya sabía que iba a disponer de una última bala de mano ante el PSV en Anoeta. Eso sí, empieza a tener demasiadas asignaturas pendientes en las competiciones en el Viejo Continente. No le va a quedar más remedio que dar por fin la talla si pretende seguir con vida en la competición...

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