Real Sociedad | Moyá: "Cuando vuelva a Zubieta y Anoeta podré dar un agradecido abrazo a todos sin ningún rencor"

14.10.2021 | 20:45
Miguel Ángel Moyá, durante la entrevista.

Agradecido. Esa es la palabra que mejor define lo que siente Miguel Ángel Moyá por la Real y por los "maravillosos años" que ha pasado en Donostia. 'Su Mallorca' visita Anoeta

¿Qué tal le va la vida?
–Muy relajado. Disfrutando de la calidad del tiempo que tengo ahora. Por la mañana me dedico a llevar a mis hijos al colegio. Luego he practicado diferentes deportes que no tienen nada que ver con el fútbol y relacionándome con amigos a los que hacía tiempo que no veía. Por las tardes llevo vida de padre que antes no podía.

¿Cómo definió su retirada?
–(Risas) Que no era oficial, pero no oficiosa, porque no tengo oficio ahora. De momento no he dicho en ningún sitio que me retiro oficialmente, pero lo que sí reconozco es que veo difícil que ahora me reenganche al fútbol profesional. Sobre todo, desde el punto de vista de la mentalidad, ya que mis entrenamientos no están orientados a la elite del fútbol, sino a hacer otros deportes. Pero tampoco puedo descartarlo, porque de aquí a un mes me puede llamar un equipo y me lo pensaría.

¿No se ha vuelto a poner unos guantes desde el último encuentro en Pamplona?
–Ni de coña. Y allí me los puse solo para calentar. Estoy de mudanza y justo acabo de abrir una caja con todas las camisetas de la Real y las botas, que las aparté para tenerlas a mano en el caso de que me llamaran.

¿Se ha puesto melancólico?
–Lo que de verdad echo de menos es a las personas. Pero no el estar en el campo en el día a día, los entrenamientos y los partidos. Son muchos años y a mí el fútbol me gustaba mucho, pero no me encantaba tanto como para no tener tiempo y prescindir de otras cosas. Me apetece más organizar un karting, jugar un paddle o un voley que un partido de fútbol. También me cuesta ver un partido entero, salvo, como es normal, si estoy comentándolo.

Se rumorea que en Zubieta se mueren de risa con su pico de oro.
–A ellos no les extraña que esté detrás de una cámara y me sienta cómodo. Estoy aportando un poco y llenando ese vacío que te genera el dejar el fútbol, que es tu profesión. Volver a engancharte con otra cosa que te exija tiempo a nivel laboral. Surgió cuando se cerró el mercado y las dos partes estamos encantadas. Es la mejor plataforma donde uno puede expresarse en televisión. Hasta lo que dure.

A ver si comenta los partidos de la Real, nos sentimos maltratados.
–Bueno, yo no elijo y no me compete. Aunque creo que a lo largo del año sí que van a mover ficha en ese sentido.

Vamos al tema, ¿se esperaba que no le renovaran?
–Si te soy sincero, lo veía al 50%. Tenía esa sensación de que todavía podía aportar en el vestuario y de que si se hubiese hecho una encuesta entre la gente que compone el día a día en la Real, más del 90% estaría de acuerdo con que siguiera. A todos los niveles, con lo que implicaba que me quedase. No solo por el ser humano, también por el profesional y el futbolista. La lesión y tener que pasar por el quirófano fue un hándicap, por lo que sí que tenía un poco en mente que no hubiese opción de renovar. Estaba con la incertidumbre de lo que podía pasar, pero al final no se demoró mucho la decisión y me lo comunicaron con tiempo para que pudiese organizarme. Eso honra a la Real. Además, cuando me lo dijeron aún no tenían cerrado el sustituto.

¿Cómo fue la conversación con Roberto Olabe?
–Una conversación informal y distendida. Muy directa por parte de Roberto. No le guardo ningún rencor, entiendo cómo es el mundo del fútbol. Él tenía que planificar la dirección deportiva del equipo y consideraba que Remiro necesitaba una competencia más joven, más cercana en la competitividad, por lo que decidió no contar conmigo. Pero, al menos, me dijo las cosas como eran.

Le molestó más el retraso de la renovación del verano anterior cuando había un clamor general de que tenía que seguir.
–No me mosqueó ni me molestó. No es la palabra. La situación era compleja porque también estaba Rulli en la plantilla, aunque se le buscara una salida y no querían que firmara hasta que no tuviesen seguro que se marchaba. Te digo la verdad, una cosa es que yo me quiera quedar, y otra que me digan que no sigo. Yo lo entiendo, esto es fútbol y a mí me han cuidado muy bien en la Real. No tengo quejas. Debo agradecer a la Real que confiara y fuera a por mí en 2018 y me firmara un buen contrato. Yo le he correspondido con trabajo y rendimiento cuando me ha tocado. Con toda mi experiencia y mi aportación y mi suma de carácter y de buen hacer al equipo y a la institución. Yo creo que cuando vuelva me abrirán las puertas de Zubieta y de Anoeta y podré dar un agradecido abrazo a todos sin ningún tipo de rencor. Ahora, entiendo cómo es esta profesión.

Bueno, muchos no saben que usted también ha sacrificado cosas para estar en la Real como una oferta del Atlético.
–Sí, porque en ese momento yo estaba muy bien aquí, donde contaba con unas opciones más reales de poder competir por jugar. Si tienes de compañero a Oblak es muy complicado jugar por méritos deportivos. En mi primer año completo me había alternado con Remiro y, aunque es cierto que volver al Atlético era una opción, yo prioricé que si la Real me quería estaría encantado de seguir.

Se operó con la idea de llegar a la época de mercado con posibilidades de renovar. ¡Y se perdió la final!
–Sí, una putada gorda. Yo al final he aprendido a asimilar los contratiempos en la carrera de un futbolista, sobre todo en lo que respecta a las lesiones. Hay que convivir con las lesiones y los errores. Lo que intentamos en mi proceso de recuperación fue conservador, no tener que intervenir porque podía haber una posibilidad de no operar y que se curase. Pero vimos que pasaba el tiempo y no mejoraba, por lo que para acabar la temporada estando disponible para el entrenador decidimos pasar por el quirófano. Me quitaron la parte del menisco que estaba afectada y eso me podía proporcionar para el futuro un poquito de artrosis, pero para los siguientes tres o cuatro años poder jugar sin problema o con las molestias justas, de modo que me veía con opciones de seguir compitiendo. No me arrepiento porque ahora puedo hacer deporte, me siento bien y si dentro de cinco años me molesta la rodilla, seguro que habrá algún experimento de la ciencia para mejorar eso como prótesis o lo que sea.

Lo curioso es que Ryan, su sustituto, entró con mal pie... O rodilla.
–Me supo muy mal porque me puse un poco en su piel y que nada más llegar a un equipo nuevo y en la primera semana tengas que pasar por el quirófano... Sinceramente, me dio pena. Tengo muy buenas referencias de Matt como persona y así a uno todavía le sabe peor. Pero, casualidades del destino, que no me renueven a mí por la rodilla y llega el portero nuevo y a los pocos días tiene que pasar por una artroscopia de rodilla... Que ya está bien y ha podido debutar, pero mira el destino lo caprichoso que es.

Le ha faltado regularidad en la Real.
–No me quejo de la carrera que he tenido, pero me ha acompañado el tener que salir de algunos equipos por una pequeña lesión que te para un mes, como mucho dos. No han sido contratiempos muy graves, pero me han privado en momentos muy puntuales, por ejemplo, de ir a una convocatoria con la selección española cuando estaba en el Atlético; o en la época de la Real es verdad que llego y me hago con la portería porque Rulli está lesionado, pero en pretemporada con Garitano sufro un pequeño problema de rodilla que no me deja jugar los últimos partidos y ya no comienzo la temporada. Es verdad que me recupero y en la sexta jornada vuelvo a entrar en el equipo hasta que entra Imanol en diciembre. Pero, en un diciembre fatídico, tengo una distensión de rodilla, juega Rulli y así acaba la campaña para mí. Con Remiro, por ejemplo, entra en el equipo y acabo yo jugando los últimos partidos poscovid. Yo no me quejo, he tenido mucha suerte y soy un privilegiado, pero a mí, por ejemplo, en la Real no me podrán decir que me han sacado del once porque no estoy rindiendo. Salgo del once por lesión o porque se ha querido apostar por Remiro en un momento determinado. Cuando entró Remiro el equipo estaba funcionando y se aprovechó la inercia. El entrenador hizo bien porque se quería apostar por él y él funcionó.

Demasiados cambios en la portería sin Llopis y Moyá. Incluso dicen que ayudaba mucho a que Remiro mantuviese los pies en el suelo.
–Remiro tiene un carácter, más fuerte, más temperamental, y a veces la gestión de los momentos la hace de una manera diferente, pero el rendimiento que está dando es de valorar. Como el equipo va bien y estamos arriba se nos olvida, pero ha conseguido récords importantes en la historia de la Real como empezar la temporada con menos goles, porterías imbatidas... Creo que se está dando poco valor al trabajo que está haciendo Remiro. ¿Muchos cambios? Se han ido el entrenador de porteros y un portero. Teníamos un peso importante en el día a día, pero estoy seguro de que Jon Alemán, que es un excelente profesional, hará crecer al equipo, y los números en cuanto a la portería son buenos este año.

Es uno de los grandes creadores de la competencia legal entre porteros.
–En el parón de selecciones estuve cenando con Remiro. Para que veas. Eso ya lo dice todo. La semana que viene he quedado para jugar un paddle con un excompañero portero amigo mío. Creo que, hoy en día, se viven más situaciones de buena convivencia entre porteros. En el Levante ves a Aitor Fernández y Cárdenas y hay una buena relación, aunque estén compartiendo minutos los dos. Ya no es algo tan raro. Es un puesto muy específico y está claro que depende de los egos y de cómo lo puedan llevar o no, y puede haber mejor o peor ambiente. Pero yo, por mi manera de ser, tengo algo, que no sé lo que es, que a la hora de entrenar, de convivir y de competir, hago que el otro portero sea capaz de sentirse presionado pero que podamos ser compañeros, amigos...

En MD dijo que Zubimendi era carne de selección, ¿y Remiro?
–Para mí, también. No soy el seleccionador, lo digo con todo el cariño del mundo y aclarando que Robert Sánchez es otro porterazo, pero cuando tienes a un portero español dentro de los cuatro primeros equipos de la Liga, que está rindiendo bien, que se mueve siempre en unos números buenos, que atesora un juego de pie excelente para la selección, que no le haya dado una convocatoria te hace pensar que a lo mejor sí que se lo merecía. Luis Enrique tendrá sus razones, pero, al igual que ha dejado de llevar a Kepa, por qué no llevas a Remiro, que está jugando la Europa League, que compite en un equipo que queda de los primeros de una de las mejores ligas del mundo... A mí me llama la atención. Que Luis Enrique haga lo que quiera porque además está consiguiendo resultados. Pero yo digo que Zubimendi es carne de selección, aunque probablemente cuando Busquets y Rodri no estén. Eso es complicado, porque son jugadorazos. Pero ves que en la selección De Gea ya no es titular y lo es Unai Simón, que es un porterazo, pero qué pasa..., ¿que Remiro no lo es cuando llevamos dos temporadas quedando por encima y teniendo mejores números? Para mí, Remiro es el mejor portero de la Liga con los pies tras Ter Stegen, con diferencia sobre el tercero, y eso sí que puede ser un titular. Así de claro lo veo. No sé que más méritos tiene que hacer: tres porterías a cero, el año pasado quedamos quintos, ahora jornada 9 y vamos colíderes... Yo que sé...

Se lleva como un título el reconocimiento del vestuario como un capitán sin brazalete.
–Está bien definido. Yo no lo necesitaba para ejercer como tal o para acompañar a a los propios capitanes en el mensaje para poder aportar a los más jóvenes y estar ahí con voz y voto en momentos puntuales. Además, a mí generalmente tampoco me envuelve la polémica en mis decisiones y opto por la vía más sana y factible para todas las situaciones. Noto el recuerdo que he podido dejar ahí.

¿Qué es lo que más le emocionó en la despedida?
–El pensar en algún momento que no los volvería a ver de manera tan asidua. Eso me dejó más tocado. Pero a final de mes voy a estar por Donosti y ya voy a hacer lo posible por estar con el equipo. Todos me han mostrado mucho cariño, cada uno a su manera, pero es verdad que la despedida de Remiro fue espectacular y muy bonita. Y no fue un postureo, se ha preocupado por mí y ha estado muy encima. Y viceversa, claro.

¿Qué tiene de distinto la Real?
–Valores. Los valores de una cantera y de un territorio como es Gipuzkoa. Gente humilde, trabajadora, que entiende el éxito con el trabajo y la humildad. Siempre con ambición, el querer crecer desde el respeto y el saber ganar y el saber perder.

Tanto usted como la Real se hacen mucho de querer... La forma de acoger de la Real a los de fuera es muy distinta de lo que parece fuera.
–Sin conocer el día a día y la idiosincrasia de la Real te puedes hacer una idea de que son de otra manera. Y es probable que, de primeras, el guipuzcoano puede ser un poquito cerrado, aunque me haya encontrado de todo. También por mi manera de ser he podido conectar más rápido. Las personas que envolvían a la Real en el día a día, las de la ciudad, han sido maravillosas. Para mí, estos tres años y medio, o cuatro, han sido una experiencia fantástica.

Su mensaje de bienvenida ha pasado a la leyenda del grupo de Whatsapp de la plantilla.
–(Risas) Llegué con lo puesto desde Madrid a Sevilla, como sabes, un poco más y juego vestido con ropa del Atlético. Durante la mañana del día siguiente, después de conocer a la plantilla en el hotel, los capitanes me dijeron: Miguel, que tienes que hacer un vídeo. Y, bueno, pues intenté ser yo mismo. Sé, por experiencia, que a veces la gente llega con el cartel de soy tímido y tal y luego te sorprende. Pues si al final lo van a entender, por qué no voy a sorprender, la primera vez. Intenté ser ameno, trasmitiendo cercanía y confianza y tuve un muy buen feed back con la plantilla en ese momento.

La despedida de su mujer a la ciudad fue emocionante. ¿Qué va a hacer con el euskera de sus hijos?
–Bueno, no creo que lo olviden, tendrán presentes muchas cosas, pero ahora están, otra vez, orientándose al inglés. Lo perderemos un poco, porque no lo vamos a practicar tan a diario, pero sí que estábamos muy mimetizados con la ciudad a todos los niveles, por cultura, por el idioma, por la manera de ser, de comportarse... Se nos han pegado cosas. Yo decía mañana por la noche pero vosotros decís mañana a la noche. Ahora viene el niño y me dice mañana a la mañana y piensas mira a éste cómo se le ha quedado lo de Donosti. Y más cosas, por ejemplo, el pedido está entregado y dice el pedido está entregau. Hay un deje que todavía queda de ese castellano giputxi que ha dejado marca.

Ojo, no descarte que puedan entrar en la filosofía del Athletic...
–Hombre, yo no cierro puertas (risas). Ya no es mi carrera, sería la de mis hijos. Ahora estamos en Madrid y una cosa es no cerrar puertas. Mi hijo está en la academia del Atlético, pero si el día de mañana le apetece ir a Bilbao o irse al Madrid, pues es su vida, yo no voy a condicionarle cuando sea adolescente, y menos cuando sea adulto, porque es su vida y no la mía.

Le pregunto por el equipo. A usted no le ha sorprendido esta nueva evolución...
–A mis compañeros de Movistar, que saben de fútbol un rato, no creo que le haya sorprendido tampoco ver a la Real ahí arriba. Ya dejó muchas muestras de ser un equipo ambicioso la temporada pasada. Los dos adjetivos que más pueden ir de la mano con esta nueva Real son competitividad y madurez. Siendo igual de competitiva que el año pasado, pero ha dado un salto de madurez con los Aihen, Gorosabel, Zubimendi, Guevara, Barrenetxea. Ya son gente mayor, que tienen 50 partidos en competición oficial. El equipo va madurando con una idea de juego muy clara y con lo que ha dado Imanol al equipo. Hay que agradecer también a Eusebio por implantar un estilo de juego, que no se estilaba tanto por aquí. Intentó traer lo de jugar por abajo, ser protagonistas del partido, tener la posesión. Imanol, amante también de ese tipo de juego, lo ha evolucionado para ser más directos, no jugar por jugar, sino hacerlo para llegar, con unos automatismos, unas teclas, unos movimientos que se entrenan todas las semanas a las mil maravillas, con intensidad en los entrenamientos. La evolución de Imanol ha sido magnífica. La Real puede plantar cara al equipo que sea. Hombre, a doble partido con el Bayern de Múnich, pues no lo sé, pero puede hacer las cosas muy bien. A ver este mes, con partidos importantes, en la Europa League, donde el grupo está bastante caliente. Con el Atlético de Madrid y el derbi a la vuelta de la esquina.

Y la bestia Oyarzabal. Como siga con exhibiciones como las de la semana pasada van a llamar a su puerta todos los gigantes.
–Con el juego que está desarrollando, Mikel está subiendo su valor de mercado muchísimo y está despertando, si no lo había hecho ya, el interés de grandes equipos, que ya lo habían tenido en el pasado. Lo que pasa es que estoy convencido de que Mikel, aparte de ser un jugador de la casa, que siente los colores y la bandera del equipo, y siendo el capitán, mientras haya proyecto en la Real y se clasifique para Europa de manera habitual será difícil que salga. La Real se encuentra en un punto que no puede bajar del sexto puesto y esta temporada, si es capaz de sacar ese puntito más y que le acompañen los resultados de otros equipos y que no vayan tan bien, se puede colar en puestos de Champions. Lo tiene de cara para convertirse en ese nuevo Sevilla. El Sevilla es un equipo de hombres, un equipo con una idea clara, que juega muy bien. La Real, que es un equipo bastante híbrido, con jugadores veteranos y algunos muy jóvenes, se puede acabar convirtiendo en ese tipo de conjuntos, como el Sevilla o el Villarreal. Mientras Mikel vea que hay proyecto y que la cosa funciona, que hay competiciones europeas y que él es la bandera, estoy convencido de que las tentaciones de ir fuera no le van a convencer. Luego el club tendrá que andar hábil y saber valorar lo que le puede dar Oyarzabal a todos los niveles, con una renovación.

¡Usted merecía estar en la celebración del título de Copa!
–No estaría mal recibir una llamada y que todos los que hayamos participado en la consecución de la Copa, de una u otra manera, estemos presentes en Anoeta. Mi partido en Becerril lo tengo grabado, ¿sabes?

Hizo una buena parada.
–Siempre dejo mi marca (risas).

Del Mallorca qué nos cuenta...
–El Mallorca es un equipo que decide afrontar los partidos de tú a tú, hasta que el partido se pone donde ellos querían y a partir de ahí, igual, la manera de afrontar el resto de los minutos es otra. Pero, de inicio, es un equipo valiente, aguerrido y competitivo, como son los de Luis García. Los trata de tú a tú y luego ya veremos. Que después marcan el primero, pues sacan las zarpas y se defienden bien, pueden salir a la contra, tienen jugadores buenos. En la Liga, hoy en día, es difícil encontrar rivales débiles. Lo que pasa es que hay equipos que a veces arriesgan un poco más y la jugada no les sale bien y puede haber más diferencia de goles. Estamos viendo que la gente o gana por la mínima, o empata con muchos goles, o hay un 3-2 o un 4-3€ La Real no se pude confiar contra ningún adversario. Además, en casa últimamente ha tenido victorias por la mínima, empates a cero, tres 1-0.

¿Quién quiere que gane?
–El Mallorca es mi club, pero tengo mucha más relación con la Real de ahora. Si este partido se jugara dentro de diez años, a lo mejor prefiero que gane el Mallorca. Sería complicado decirlo. Si es un partido para que uno gane la Liga, iré con ese; y si es uno para que uno pueda eludir el descenso, iré con él. Pero ahora, a mitad de temporada. ¡Que gane el mejor!

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