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Una única salud

"Siempre fueron leales", por José Manuel Etxaniz

Desde las 18.24 horas del lunes 23 de febrero de 1981, una amalgama de 200 guardias civiles secuestró al Gobierno español y a todos los parlamentarios reunidos en el Congreso de los Diputados

"Siempre fueron leales", por José Manuel EtxanizEuropa Press

Quieto todo el mundo. Desde las 18.24 horas del lunes 23 de febrero de 1981, una amalgama de 200 guardias civiles de diferentes procedencias y especialidades –en absoluto una unidad organizada; ignorantes los más del objetivo y alcance de su misión–, al mando de un caricaturesco teniente coronel de la Guardia Civil, secuestró al Gobierno español y a todos los parlamentarios reunidos en el Congreso de los Diputados, hasta las diez de la mañana del día siguiente, cuando se entregó. Comenzaba la leyenda del 23F.

Era Antonio Tejero Molina, célebre en el estamento militar por su nostalgia franquista, lo que le supondría la destitución de la jefatura de Málaga, tres arrestos estando destinado en el País Vasco y una condena a siete meses, en 1979, por su participación en el intento de golpe de Estado conocido como Operación Galaxia.

La charlotada cosecharía un relativo éxito. En 1982, la UCD y el PSOE aprobaron la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) con el objetivo de “cepillar” el, todavía hoy, constitucional pero incompleto Estatuto de Gernika. Y en esas estamos.

El golpe de 1936

La fidelidad mostrada por la Guardia Municipal donostiarra al Gobierno legalmente constituido de la II República supuso la inmediata destitución de la mayoría de la plantilla, a partir de la liberación de la ciudad, el 13 de septiembre de 1936.

A modo de ejemplo, en junio de 1940 se nombraron guardias efectivos a 75 aspirantes que, con la treintena designada los años anteriores, renovarían la totalidad de los efectivos, a partir de excombatientes requetés navarros de ínfimo nivel cultural.

La situación iría mejorando con los años, si bien las duras condiciones de trabajo, la severa disciplina y los bajos sueldos ocasionarían una gran rotación de personal hasta comienzos de la década de los ochenta.

En 1977, el Ayuntamiento, en el Pleno en su sesión del 28 de junio reconoció una serie de derechos a todos los funcionarios sancionados con separación del cargo por motivos de intencionalidad política, en virtud del Real Decreto Ley sobre amnistía.

Volvemos a 1981

La Inspección de la Guardia Municipal se encontraba en la planta baja de la calle Larramendi, esquina con Easo. El alcalde era D. Jesús Mª Alcain Marticorena, (Donostia, 1922-2001), economista, de EAJ/PNV, y el concejal delegado de Seguridad y Tráfico, el socialista D. Carlos García Cañibano (Donostia, 1943) aparejador. Ambos, históricos desde la clandestinidad en sus respectivas formaciones, aunque el segundo causaría baja en el partido años después.

Tras el asesinato tres meses antes del jefe D. Miguel Garciarena Baraibar, García Cañibano había asumido de facto el mando, aunque fuera jefe accidental, el suboficial D. Luis Sola Apostúa que se jubilaría al mes siguiente.

Con conocimiento del alcalde Alkain que, como la mayoría de los dirigentes políticos, se refugió, aunque permanecería siempre informado, el delegado se personó en la Inspección en compañía de los concejales socialistas D. José Ramón Agote y D. Odón Elorza, que la abandonarían poco después.

Recordaba, en una entrevista concedida a Pablo García Astrain para Huffpost hace cinco años al suboficial D. Ignacio Madina Anduaga, un baserritarra de Oñati, requeté de las Brigadas de Navarra, con más de 40 años en el Cuerpo, que se puso, sin la menor duda, a sus órdenes.

Un motorista fue avisando a los guardias de circulación de los cruces para que regresaran a la Inspección.

La llamada de un ciudadano advirtió la presencia en la calle de dos tanquetas de la Guardia Civil. Efectivamente, atravesaron la desierta ciudad, cosa poco habitual, desde su comandancia en el Antiguo hacia Intxaurrondo, recorrido que siempre hacían por la variante. La Policía Nacional fue advertida desde el primer momento.

El turno de noche, compuesto por ocho agentes y reforzado por los catorce de la Brigada Volante, se incorporó con antelación. El concejal comunicó, con los datos que tenía, la extrema gravedad de la situación, añadiendo textualmente: “Sabemos cómo ha empezado, pero no cómo puede acabar, ni a qué poderes nos enfrentamos. Esto puede superar los cometidos propios de la Guardia Municipal pero, como fuerza pública, debemos enfrentarnos a cualquier delito y más si es en banda organizada que atenta contra el orden constitucional y ello nos puede llevar a situaciones difíciles. El que no esté dispuesto puede retirarse y dejar el servicio, sin problemas”. Toda la fuerza formada en el recibidor permaneció en sus puestos.

El suboficial Madina distribuyó al personal estratégicamente: dos agentes provistos de prismáticos en el Alto de Zorroaga y en Ametzagaina para comprobar el movimiento en los cuarteles y otros en el puente de acceso en Loiola; tres en las inmediaciones del cuartel de Intxaurrondo, y en la avenida de Zumalacárregui, sedes de la Guardia Civil, otro cerca de la Comandancia de Marina, una pareja en el cruce Easo-San Bartolomé; un coche patrulla en el Ayuntamiento y otro que rondara por las sedes de todas las emisoras.

García Cañibano tenía comunicación directa con el comandante de la Policía Nacional, reunido en la mesa de crisis del Gobierno Civil, con quien compartía información local y nacional.

En aquel momento sólo seis policías portaban armas cortas, una Star de 9 mm, cartucho corto de 1942, de la firma Bonifacio Echeverría de Eibar. Se repartió toda la munición que existía, unos 50 cartuchos por arma y se asignó un agente para la protección de la sala de comunicaciones, punto neurálgico de la Inspección, con una escopeta repetidora y siete cajas de postas. Se ordenó que todas las comunicaciones por radio se hicieran, a ser posible, en euskera.

De madrugada, tras la comparecencia televisiva del frívolo muñidor de la chapuza, se desmontó el operativo.

Hoy domingo

Patatas a la riojana. Lengua en salsa con champiñones. Macedonia de fruta. Tinto Vivanco Brunes vegano. Agua del Añarbe. Petit fours de Gasand. Café.