El “incendio”. Para un donostiarra, se refiere al que padecimos el 31 de agosto de 1813, cuando las tropas hispano-anglo portuguesas nos “liberaron” de los franceses, quemando y saqueando la Ciudad. Hoy recordamos la trágica fecha, con diversos actos.

Octavio Augusto

Las primeras informaciones que mencionan unidades organizadas de bomberos nos retrotraen al emperador que tuvo el reinado más largo de la historia, desde el año 27 a.C. hasta el 14 d.C., Reformando el preexistente cuerpo compuesto por 600 esclavos comandados por un magistrado, Aediles Curules, creó el año VI d.C., la Militia Vigilum, cuya misión era velar contra la permanente amenaza del fuego, con una organización y disciplina militares.

El personal, lo componían esclavos libertos la mayoría, porque era la única entidad militar a la que podían tener acceso y donde, después de seis años de servicio, –que podían reducirse a tres–, adquirían la ciudadanía romana. Estaban acuartelados, en permanente adiestramiento, como cualquier otro cuerpo militar y recibían una paga mensual y al retirarse, después de 26 años de servicio, una pensión.

Disponían de carros bomba y cisternas, escalas, cubos, herramientas de mano, mangueras hechas con intestinos y mantas. Entre sus componentes existían especialistas en diferentes funciones. Además, hacían funciones de vigilancia nocturna, actuando contra la delincuencia, lo que les convierte también, en los antecesores de los serenos

Sin embargo, carecían de un Registro Imperial de Pirómanos y a los cónsules incompetentes, los eliminaban sin contemplaciones.

Edimburgo (Escocia)

Fue la primera ciudad del mundo en disponer de un servicio de bomberos municipal, fundado en 1824 por James Braidwood que, más tarde se trasladaría a Londres con el mismo objetivo pereciendo con las botas puestas en 1861, cuando dirigía la extinción del incendio de Algodón’s Wharf Tooley Street.

El primer Cuerpo de Bomberos se fundó en Londres, el 1 de enero de 1866, al hacerse cargo el Ayuntamiento de los recursos humanos y materiales, hasta entonces propiedad de una decena de aseguradoras que, obviamente, sólo atendían a sus clientes.

Santiago

En enero de 2014, invitado por el Grupo TRAGSA, me desplacé a Santiago a explicar a los bomberos gallegos el Plan de Control y Vigilancia frente a la avispa asiática, que veníamos desarrollando en Donostia. Me asombró la diversidad de titularidades de los servicios de bomberos: municipales, comarcales, consorcios y empresas privadas, lo que, unido a su falta de dotación de personal, según la ratio europea, sospeché que generaría graves problemas de coordinación operativa, lo que me confirmaron mis anfitriones y que, a falta de una solución efectiva por las autoridades incompetentes, lo hemos podido comprobar ahora.

Consecuencia inmediata: cuando llega una catástrofe como la vivida, deben recurrir, inmediatamente, a la UME que, conociendo todas sus fortalezas, no debe ser la solución para estos problemas, sino un complemento. Sin ser, ni de lejos, su objetivo, contribuyen con su actuación generosa, al desprestigio del modelo autonómico que, de manera consciente o inconsciente, promueve la incompetencia de estas autoridades autonómicas, para beneficio de quienes desean su desaparición.

Consigna

Todo vale, incluso el uso bastardo del dolor de los afectados y el esfuerzo de profesionales y voluntarios, para desgastar al Gobierno Central. Es la consigna popular. ¡Faltan medios! Hay que activar al Ejército, la Aviación, los submarinos de Cartagena…, ¡la Sexta Flota!

Todo vale también para justificar su falta de planificación, su notable talento para la irresponsabilidad y su evidente incapacidad para la coordinación.

Todo vale para camuflar la ausencia de medidas preventivas, enturbiar el ambiente con deslealtades, imposturas, intencionadas confusiones y brindis al sol, prometiendo ayudas exiguas a unos damnificados que contemplaban horrorizados la devastación de sus aldeas y propiedades.

Todo vale, especialmente la mentira. A pesar de que existieran profesionales y vehículos que ni siquiera fueron activados.

No importa. Argumentando que todos hacen lo mismo, les seguirán votando. Recuérdese el Prestige y la Costa da Morte.

Las consecuencias

Amén de las muertes acaecidas y las que ocurrirán en las próximas semanas como consecuencia de accidentes cerebro vasculares o por respirar las partículas en suspensión, y de las graves repercusiones medioambientales, deben valorarse las consecuencias económicas.

Desde la Asociación Nacional de Empresas Forestales (ASEMFO) cifran entre 10.000 y 19.000 euros por hectárea, el coste de apagar un incendio forestal, dependiendo de la orografía, los medios aéreos movilizados y el tiempo que dure la extinción.

La restauración del terreno, su posterior reforestación, la protección contra la erosión, la reconstrucción de infraestructuras básicas –carreteras rurales, conducciones de agua, tendidos eléctricos– y la recuperación del suelo agrícola, tienen un coste medio de 4.000 a 5.000 euros por hectárea, a lo que se debe sumar el esfuerzo por recuperar las economías locales, agricultura, ganadería, apicultura, turismo, actividades al aire libre… La factura la arrastraremos durante décadas.

Prevención

Es fácil comprender que, la estrategia centrada en apagar, en lugar de prevenir, es un modelo periclitado.

Los costes de prevención—quemas controladas, desbroces, pastoreo subvencionado— oscilan entre 120 y 500 euros por hectárea, pero, la inversión en este capítulo por parte de las administraciones públicas que, entre los años 2007 y 2010, se mantuvo estable en el entorno de los 330 o 360 millones, bajó en 2022 a 175,8 millones, menos que Grecia o Portugal.

Hoy domingo

Marmitako de bonito (Thunnus alalunga). Melón y ciruelas. Pastel de Gasand. Tinto de crianza Solagüen. Agua del Añarbe. Café, petit fours de la misma procedencia. l