Mesa de Redacción

Cielo y tierra

14.10.2020 | 01:15
Cielo y tierra

"Yo no voy a ir a ver el rescate. Él me lo pidió, pero resulta que también invitó a la otra señora y yo tengo decencia. La cosa es clara: ella o yo". Marta Salinas se enteró que su marido durante los últimos 28 años, que cumplió 69 días enterrado en vida, le era infiel con otra mujer desde cinco años atrás. Sabía por las cartas que su todavía marido estaba bien. Con eso le bastaba tras encontrarse con la amante en la puerta de la mina tras el derrumbe. Ni por la tele, dijo, iba a mirar el rescate de los 33 operarios de San José a 624 metros bajo tierra. La tierra les cerró el paso el 5 de agosto. La esperanza de encontrar vida al otro lado del derrumbe cayó con el paso de las horas hasta que la tendencia cambió. La esperanza, pese al escepticismo, crece desde la desolación. Pocos creen en nada en ese momento. Cuando poco después de la medianoche chilena del 13 de octubre de 2010 sonó "esa alarma como de auto" –narró un comentarista de ADN Chile– Byron Ávalos, hijo de Florencio, el Sereno, lloró y lloró. La cápsula Fénix 2 hacía que su padre renaciera y que aquel equipo que tenía el partido perdido empezara a ganar un choque que duró más de dos meses. Las finales no se juegan, se ganan: los 33 salían a la tierra, que era su cielo, y golearon a los escépticos ante un mundo ojiplático.