a consejera de Salud del Gobierno vasco, Gotzone Sagardui, compareció ayer ante la comisión parlamentaria del ramo y aportó las conclusiones de la investigación interna en Osakide-tza sobre el proceso que devengó en la vacunación irregular de los directores gerentes de los hospitales de Basurto y Santa Marina. El suyo fue un intento vano de ofrecer a la oposición las explicaciones de unos hechos que los partidos llegados a esa mesa no deseaban escuchar. Bajo la insistente demanda de clarificación de los hechos las intervenciones de los partidos que confrontan con el Gobierno llegaban escritas antes de escuchar a la consejera y, en consecuencia, se redujeron a obviar la práctica totalidad de los datos ofrecidos. Ni la claridad sobre las instrucciones remitidas a cada centro, ni la descripción de hechos que acreditó la mala praxis por parte de los responsables gestores, ni la celeridad con la que actuó el Departamento ni la diligencia con la que se ha realizado la investigación fueron ayer motivo de análisis. El objetivo de la comisión de ayer para la oposición era reclamar la dimisión de la consejera. Para ello se articuló un discurso cuyo único argumento equiparaba el rigor de una investigación interna con las declaraciones en defensa propia de uno de los damnificados por su gestión errónea. Sobre todo, cuando en esa defensa se soslayan hechos significativos que ayer se pudieron conocer. En términos de veracidad, la equidistancia no se sostiene si de verdad se busca la claridad, la obtención de conclusiones, la identificación de errores y la puesta en marcha de cuantas medidas adicionales permitan evitar situaciones de mala praxis derivadas de decisiones personales como las conocidas. Ni todo se ha hecho correctamente ni cabe elevar a categoría la desviación coyuntural de dos docenas de dosis de vacunas entre las cerca de 50.000 ya administradas. Lo que ha aflorado del asunto señala, en el mejor de los casos, a un equivocado exceso de celo de algún gerente en el uso de dos viales sobrantes y, en el peor, a la sospecha de una voluntad de sustraer la rigidez de los protocolos con un enredo interesado de su interpretación que llevó a propiciar la vacunación, en el caso de Santa Marina, de personal externo e, incluso, representantes sindicales. Quienes se vacunaron y decidieron vacunar a otros a los que no les correspondía sabían que así era. Esos son los hechos.