Durante estas últimas semanas en las que, de manera inusual la literaturaha generado algunas polémicas en la esfera pública -el beef o pique entre Uclés y Pérez-Reverte, la concesión del Premio Planeta a Juan del Val, o del Nadal al propio Uclés- ha pasado, sin embargo, desapercibida la audaz iniciativa de la editorial sevillana Barrett, que a lo largo de este año publicará algunos de los libros de su catálogo de manera anónima, es decir, sin desvelar a los lectores quién es el autor o autora de las obras.
"No está mal que de vez en cuando el centro de la opinión pública sea la literatura"
El Catálogo a ciegas, así es como lo han llamado, pone por tanto en el centro la propia obra y la propia lectura y no todos los condicionantes extraliterarios que demasiado a menudo determinan la suerte de estas: la fama o dimensión social de quien firma el libro, su ideología o aspecto, las simpatías o antipatías que despierta, si hace promoción en La Revuelta, en El Hormiguero o en La Gaceta de Melilla, si es tiktoker, cocinero o experta en literatura comparada, si sus anteriores obras han vendido trescientos ejemplares o doscientos cincuenta mil…
Con su apuesta Barrett viene a poner patas arriba todas las reglas del negocio editorial y a señalar todos sus vicios y trampas (tal vez por eso, precisamente, los medios apenas se han hecho eco), además de liberarnos a los lectores de cierta presión externa, presión que también puede trasladarse a otras disciplinas artísticas: ¿Es realmente Lux de Rosalía poco menos que la Novena Sinfonía de Beethoven? ¿De verdad los Javis son los nuevos hermanos Coen? ¿Solo porque lo diga todo el mundo? ¿Y como lo dice todo el mundo, yo, que soy muy punki, tengo que opinar obligatoriamente lo contrario?…
Claro que, de esta manera, la presión se la puede imponer uno a sí mismo: “¿Sería capaz de distinguir en una cata literaria a ciegas a Juan del Val de Henry Miller?...
Juan del Val: “Nadie me quita las ganas de escribir, el odio me provoca”
No se preocupen, porque es poco probable que en su Catálogo a ciegas Barrett incluya al autor de Vera, una historia de amor (yo creo que si cayera en sus manos un libro como ese lo descartarían solo por el título), aunque sí reconocen que otra de las motivaciones que les ha llevado a poner en marcha este desafío es la venganza, es decir, la posibilidad de pagar con la misma moneda a las grandes editoriales, acostumbradas a robar autoras o autores que han conseguido éxitos literarios desde editoriales pequeñas e independientes: en este caso, se insinúa, será al contrario, Barrett puede que haya birlado a esas grandes editoriales alguna que otra vaca sagrada de la literatura, que se ha prestado a este juego del antifaz literario... o puede que no, puede que tras las obras anónimas se oculte solo, qué sé yo, el vigilante nocturno de un camping de Castelldefels. ¿Se animan a hacer sus porras?