Hoy celebramos el 148º aniversario del Concierto Económico, una fecha que nos invita a detenernos y reflexionar sobre el valor de una herramienta que ha acompañado a nuestro país durante casi siglo y medio. No estamos ante un mero mecanismo técnico reservado a especialistas: el Concierto influye en nuestro día a día, en la calidad de los servicios públicos que recibimos y en la capacidad de Euskadi para tomar decisiones responsables, útiles y adaptadas a su realidad. Es, en definitiva, una de las claves que explican la estabilidad, el bienestar y la prosperidad que hemos construido como país.

El Concierto nació en 1878, tras la abolición parcial del régimen foral y la privación de buena parte de nuestras libertades históricas. Surgió como un acuerdo provisional, pensado para reorganizar las relaciones fiscales y financieras entre el Estado y los territorios forales. Sin embargo, lo que empezó como una solución transitoria demostró pronto una notable capacidad de adaptación y resiliencia. El sistema sobrevivió a etapas de enorme complejidad, a cambios radicales de régimen político –que supuso incluso su derogación en Bizkaia y Gipuzkoa durante el franquismo–, y a transformaciones económicas y sociales profundas. El restablecimiento del Concierto en Bizkaia y Gipuzkoa y su actualización en Álava en 1981 fue, por ello, uno de los hitos más relevantes de la recuperación de nuestros derechos históricos y del fortalecimiento del autogobierno.

Esta longevidad no es fruto del azar. El Concierto Económico ha sabido evolucionar al ritmo de la sociedad vasca. Ha pasado de ser un mecanismo relativamente simple en sus orígenes a convertirse en los cimientos de un sistema de autogobierno fiscal sólido, moderno y flexible, plenamente integrado y reconocido en la realidad europea y capaz de responder a los desafíos del siglo XXI. Cada actualización pactada en las Comisiones Mixtas ha reforzado su vigencia y su equilibrio, demostrando que este modelo no se mantiene por inercia, sino porque funciona, porque genera estabilidad y porque beneficia a todas las partes implicadas.

El corazón del Concierto reside en un principio claro: las Haciendas Forales recaudan y gestionan los impuestos en Euskadi. Esta cercanía con la ciudadanía y con el tejido empresarial permite respuestas ágiles, políticas fiscales ajustadas a la realidad y fomenta una gestión eficiente de los recursos públicos. Pero esta capacidad va unida a una responsabilidad importante: a diferencia de otros territorios, Euskadi asume el riesgo de sus decisiones y el impacto de las crisis. No existe un paraguas estatal que nos salve cuando las cosas vienen mal dadas. Afrontamos los vaivenes de los ciclos económicos con nuestras propias herramientas. Ese equilibrio entre autonomía y responsabilidad es una de las claves que hace tan fuerte nuestro modelo. 

Sostener servicios públicos esenciales

Gracias a esa autonomía fiscal y financiera, Euskadi ha podido sostener servicios públicos esenciales con estabilidad y visión a largo plazo. Osakidetza, el sistema educativo, la Ertzaintza o las políticas sociales se planifican desde aquí, con criterios alineados con nuestras prioridades. Además, el Concierto Económico ha permitido al Gobierno Vasco disponer de una política financiera e industrial propia, lo que ha hecho posible poner en marcha una ambiciosa estrategia de transformación económica y financiera para la legislatura 2024-2028, y todo ello en el marco de una sólida colaboración público-privada. Este vínculo entre autogobierno fiscal y bienestar social constituye uno de los elementos más valiosos –y a menudo menos conocidos– del Concierto. No es solo un instrumento para gestionar impuestos: es la base que permite organizar nuestra convivencia con coherencia, sentido común y responsabilidad.

En las últimas décadas, la autonomía normativa que reconoce el Concierto ha permitido desarrollar políticas fiscales innovadoras. Euskadi ha sido pionera en la aplicación de políticas fiscales para el fomento de la investigación, el desarrollo y la innovación, en la transición energética, en los incentivos a la sostenibilidad y en el apoyo específico al emprendimiento. También hemos impulsado de manera decidida las industrias culturales y creativas, con especial atención al sector audiovisual y a las artes escénicas. Estas medidas no surgieron por casualidad: surgieron porque el Concierto permite anticiparse a tendencias globales y diseñar herramientas adaptadas a nuestro tejido económico.

Desde este Gobierno hemos trabajado con determinación para actualizar y fortalecer el Concierto Económico, ampliando las capacidades políticas de Euskadi. Gracias al trabajo, al sudor y al esfuerzo de generaciones, los vascos hemos sabido crecer, progresar y construir nuestra propia Euskal Etxea: una casa autogobernada que debemos seguir ampliando para afrontar los retos que se nos presentan como país, del mismo modo que lo hemos hecho siempre.

Y por ese camino vamos a continuar. Así lo demuestra el Programa de Gobierno, que recoge de forma explícita dos compromisos esenciales: el compromiso 143, que establece la defensa del autogobierno alcanzado, y el compromiso 145, orientado a fortalecer y desarrollar el autogobierno económico-financiero de Euskadi. 

A lo largo de décadas, gobiernos de sensibilidades diversas han coincidido en su defensa y en la necesidad de actualizarlo con rigor y responsabilidad. Esa continuidad explica en buena medida por qué la economía vasca ha podido crecer sobre una base fiscal estable y predecible. Los 34 acuerdos alcanzados en las cuatro últimas Comisiones Mixtas entre 2024 y 2025 son un buen ejemplo de esta cultura del pacto: muestran que, cuando se trabaja con voluntad de acuerdo, los avances no solo son posibles, sino duraderos.

Hoy, 148 años después, el Concierto Económico sigue siendo un ejemplo de cómo la política puede ser útil cuando se ejerce desde la responsabilidad y el acuerdo. Es una muestra de que el pacto entre diferentes no solo es posible, sino clave para construir un país más fuerte y cohesionado, con uno de los modelos de bienestar más avanzados del mundo.

Por todo ello, este aniversario no es únicamente un ejercicio de memoria. Es una invitación a comprender el valor real del Concierto, a reconocer su aportación al progreso colectivo y a seguir protegiéndolo como uno de los mayores activos políticos, institucionales, económicos, sociales y académicos de Euskadi. Su historia demuestra que cuando decidimos desde aquí, pensando en el bien común, este país avanza. Y esa es, precisamente, la mejor garantía para nuestro futuro.