Antes de entrar en materia, atiendo gustoso la solicitud de una amable lectora para que exprese mi opinión sobre la compra de Ayesa Digital. Se confunde de interlocutor o me sobreestima, porque ignoro en absoluto los negocios que se trae la cuadrilla que lidera el consejero intermitente de Industria, Jauregi, quien manifestó en su día no tener ni idea de política industrial, aunque admito que eso del cloud o quantum computing me fascine.
Si acaso, expresar mi extrañeza por comprar por cien lo que se vendió, no hace tantos años por diez, sin hacer memoria ni cuestionar a los protagonistas y los objetivos que perseguían, lo que me recuerda aquella vieja anécdota del fabricante de tuercas de Soraluze que perdía un céntimo por cada pieza que fabricaba, pero como fabricaba muchas…
Por otro lado, en la citada cuadrilla figura una empresa que acaba de fichar a la mujer de un chistoso, de la que se ignoran otras cualificaciones o habilidades, salvo las que todos suponemos, y al hijo con el que no consiguen hacer carrera un matrimonio de políticos bien situados para desarrollar capacidades en áreas estratégicas e impulsar la transformación digital en Europa. Tan asaz ampuloso como sospechoso.
Una última reflexión: la semántica empleada por los voceros paniaguados al dar cuenta del éxito in extremis de la operación, que supuso pasar del bolígrafo Parker de la firma del contrato al langostino ecuatoriano del cotillón en menos de una hora, nos sugiere un desplazamiento de la recién adquirida sociedad a cualquiera de los pabellones u oficinas de las empresas públicas o con carnet que, con cargo al erario público, sestean en el Parque Tecnológico de Zamudio, lo que justificaría alguna decisión guipuzcoana. Pues eso.
Auditoría
Los medios difundían las fotos de los Mossos d’Escuadra y guardias civiles equipados con fusiles de asalto HK G36 y subfusiles MP5, cuya eficacia en la neutralización de los asfivirus, como el de la PPA, no está suficientemente acreditada por la literatura científica, prestos a practicar una auditoría al laboratorio IRTA-CReSA, Centro de Investigación en Sanidad Animal de Bellaterra (Barcelona), para comprobar las posibilidades de una fuga vírica.
La investigación, tal y como aventuramos en su momento, concluyó como lo hacen todas las de esta clase: que el centro cumple con todos los protocolos de bioseguridad de nivel 3 y es seguro para trabajar con el virus, aunque tampoco se atrevieron en las conclusiones finales a descartar del todo una fuga. Calculada ambigüedad que nos remitía a la secuenciación viral para determinar el origen.
Ahora, el Institut de Recerca en Biomedicina (IRB) de la Generalitat y la Universidad de Barcelona (UB) concluyen descartando que el virus saliera del laboratorio investigado, apelan a la prudencia y, a la espera de los resultados del Laboratorio Central de Veterinaria (LCV) de Algete-Madrid, el de referencia de la PPA, apuntan la posibilidad de una nueva variante vírica no registrada, la número 29, autóctona catalana, lo que le faltaba a Puigdemont que, según fuentes de la investigación, presenta “diversas mutaciones y la pérdida de una parte importante del genoma que la hace menos virulenta” y, en consecuencia, “menos mortífera” a los suidos afectados.
De prosperar esta tesis, decaería la del bocata de salami polaco y perdería interés, si alguna vez tuvo, la de la guerra biológica, a pesar de la existencia de antecedentes en 1977 entre la CIA y Cuba con medio millón de cerdos muertos, y de su coincidencia en el tiempo con la aparición en Polonia, en una zona libre de la enfermedad, de un jabalí con peste porcina africana y una cuerda atada a la pata, lo que provocó que el Ministerio de Agricultura polaco acusara a Rusia de un sabotaje desestabilizador, aunque las sospechas más lógicas apunten a cazadores furtivos o las analogías que, una mente predispuesta a la conspiranoia, podría deducir tras la lectura de La Llama de Focea, la última novela de Lorenzo Silva.
Seguridad
Tener a nuestro alrededor un centro de estas características tiene sus riesgos. A pesar de los muros de hormigón, filtros de aire, presiones inversas y trajes EPIS, la mayoría de los accidentes referenciados se debieron a infracciones de los procedimientos de bioseguridad, como equipos de protección personal inadecuados, déficit en formación del personal, deficiente manejo de las muestras, pinchazos de agujas o derrames; errores en el etiquetado de muestras, excipientes caducados, válvulas en mal estado o despistes humanos o, no menos importante, ausencia de doble vallado y planes de control de la fauna urbana perimetral al laboratorio.
Según The Lancet Microbe, entre 2000 y 2021 se declararon 16 fugas de microorganismos de laboratorios, algunos muy publicitados, como el caso del Instituto de Investigación Veterinaria de Lanzhou (China), dedicado a la producción de vacunas contra la brucelosis. Las bacterias se encontraban en forma de aerosol y se expandieron con el viento, afectando a más de diez mil personas residentes en su entorno en el verano de 2019.
En 2007, a consecuencia de unas obras en el Instituto Pirbright, en Surrey (Inglaterra), un laboratorio de nivel de bioseguridad 3, durante unos trabajos de reparación sufrió una fuga del virus de la fiebre aftosa por los desagües. Los camiones de las obras pudieron llevar el virus a una granja cercana en el barro de sus neumáticos, desencadenando un brote epizoótico que provocó pérdidas millonarias para los ganaderos.
Más cercano en el tiempo, seguimos sin conocer el origen del virus causante del covid-19 y no se descarta que el coronavirus escapase de un laboratorio de Wuhan, porque la dictadura china se ha negado a compartir información clave, según ha denunciado la OMS.
Hoy domingo Alcachofas en vinagreta. Carrilleras en salsa con ensalada de escarola. Manzana asada. Tinto Vivanco Brunes vegano. Agua del Añarbe. Café, las mignardises navideñas que van quedando.