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Juanma Molinero

Adjunto a la dirección

Para toda la vida

"No sé cómo se las apañaba mi padre, osasunista de pro, para conseguir entradas para Atotxa, pero el caso es que aquella tarde del 25 de abril de 1982 asistimos desde uno de los laterales del viejo campo a un acontecimiento histórico"

Para toda la vidaRuben Plaza

No sé cómo se las apañaba mi padre, osasunista de pro, para conseguir entradas para Atotxa, pero el caso es que aquella tarde del 25 de abril de 1982 asistimos desde uno de los laterales del viejo campo a un acontecimiento histórico: el segundo título de Liga de la Real.

Han pasado más de 40 años, la memoria ya empieza a flaquear, pero hay dos recuerdos imborrables: el gentío saltando al césped para celebrar el éxito y el paseo del autobús (no descapotable) que vimos desde el piso en la Avenida de Ignacio Villarrubia, dueño entonces de Pinturas Iztieta, seguidor incondicional de los txuri-urdin y que hoy estaría disfrutando como un niño del momentazo que vive el club.

No recuerdo casi nada de la Copa de Zaragoza del 87 y, desgraciadamente, sí de la del 88, sobre todo las hostias como panes que repartió la Policía Nacional a los aficionados de la Real. Inolvidable también fue el subcampeonato de Liga con Denoueix de 2003.

El Madrid fue campeón pero, como vivía uno de sus clásicos cismas en el vestuario, en Donostia se celebró a lo grande la primera clasificación para la Champions. Así que me pongo en la piel de un chaval o una chavala de 10, 14, 16 años, y me enfundaría la zamarra de la Real para enfilar rumbo a Sevilla con los ojos cerrados y vivir un recuerdo de esos que queda para toda la vida.