Donostia tiene una nueva ordenanza que regula, entre otras cosas, los usos permitidos y prohibidos en sus playas. No se puede fumar, ni llevar a los perros por la noche en temporada de verano, ni hacer uso de altavoces y otros dispositivos sonoros. Pues vale, no lo veo mal. Argumento. Las que hemos sido muy y mucho fumadoras, desarrollamos curiosamente un sentido del olfato del que anteriormente carecíamos. Que se entre en casa con olor a tabaco, por mucho que sea cogido mirando a Santa Clara, no mola. Los perros pagan lo que hacen sus dueñas y dueños. Lo siento, pero es así. En esto, como tantas otras cosas, quizá las excepciones hagan pagar el pato a la mayoría. ¿Y lo de los altavoces? Aquí expongo nueva teoría, y si no les gusta tengo otras. Total, son gratis. Cuando yo era joven, más incluso, aprovechábamos a tope el plan más barato: ir a la playa desde la mañana a la noche. En aquel entonces lo que se llevaba era el radiocassette, con cintas a veces grabadas incluyendo anuncios, que cortábamos de aquella manera. Sin paredes por medio, a quien le gustaba Camela se tenía que aguantar con La Polla Records. y las y los fans de Silvio Rodríguez no era raro que se desquiciaran al ritmo de Metállica. Ahora cada cual baila a su son, hacia dentro. Que está bien, claro. Pero nos dan menos pistas.
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