Absentismo laboral: una alarma silenciosa que pone en jaque al mercado de trabajo
La cifra de asalariados que no acuden a su puesto de trabajo no para de crecer y esta tendencia responde a un entramado complejo de factores laborales, sociales y sanitarios
El absentismo laboral lleva más de una década creciendo de forma sostenida en España y ha alcanzado cifras récord. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), el 5,3% de los asalariados no acude a su puesto de trabajo, el mayor porcentaje registrado hasta la fecha. Lejos de ser un fenómeno coyuntural, el absentismo muestra una tendencia ascendente desde 2013, impulsada sobre todo por el aumento de la incapacidad temporal(IT), que hoy representa cerca del 80% del total.
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Para Sergi Macip, profesor de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y experto en psicología del trabajo, el absentismo es un fenómeno estructural, con múltiples causas que van más allá de una simple relación entre enfermedad y trabajo.
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Aunque motivos tradicionales de incapacidad temporal como son la maternidad, los permisos remunerados o las paradas técnicas han disminuido de forma notable en la última década, las bajas médicas no han parado de crecer. Ahora asoman otros elementos más difíciles de medir como son el desajuste entre la persona y el puesto, las dificultades de conciliación, el impacto del teletrabajo o el peso invisible del acoso psicológico.
Afectados todos los sectores
Los datos muestran que el incremento del absentismo se ha producido en todos los sectores productivos, independientemente de su nivel de precariedad. Análisis recientes, como el informe Estudio socioeconómico de la evolución de la incapacidad temporal en España, publicado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), descartan que sea un problema localizado en determinadas profesiones, edades o territorios, sino que se trata, más bien, de un entramado complejo de factores laborales, sociales y sanitarios.
A este contexto se suma el aumento generalizado de los procesos de incapacidad temporal, incluidos los asociados a patologías graves como enfermedades cardiovasculares, cáncer o traumatología. Sin embargo, el crecimiento más llamativo se produce en las dolencias difíciles de objetivar, como lumbalgias, cefaleas y, especialmente, los problemas de salud mental, que se han incrementado un 87% en los últimos seis años.
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Salud mental y bajas reincidentes
El auge de las bajas por salud mental refleja una mayor sensibilización social, pero también un entorno laboral más exigente y una menor tolerancia a la frustración. Además, gana peso la figura del trabajador repetidor, es decir, personas que acumulan dos o más procesos de IT en un periodo de doce meses. Estas reincidencias pueden deberse a diagnósticos erróneos, procesos de recuperación incompletos, problemas de clima laboral o, en algunos casos, comportamientos oportunistas en patologías poco objetivables.
En este escenario, Sergi Macip señala que el sistema sanitario, el marco legal y los agentes implicados en la gestión de la IT tienen un papel clave, y añade que, las empresas, aunque con un margen limitado, también influyen en la evolución del absentismo.
Malestar laboral
La relación entre bienestar laboral y absentismo es directa y es que cuanto peor es el clima de trabajo, mayor es la tasa de ausencias. Factores como el trabajo a turnos, asociado a más problemas de salud, o el tamaño de la empresa -con índices más altos en organizaciones grandes- influyen de forma significativa.
La dificultad para conciliar vida laboral y personal es otro elemento determinante. Las tasas de absentismo aumentan cuando existen responsabilidades de cuidado, cuando no es posible flexibilizar horarios o cuando no se dispone de días de descanso completos. En entornos rígidos, la incapacidad temporal se convierte, en ocasiones, en la única válvula de escape.
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Teletrabajo y acoso
El teletrabajo y los modelos híbridos han demostrado ser un amortiguador del absentismo en sectores como el tecnológico o el científico, gracias a una mayor autonomía y flexibilidad. No obstante, también presentan riesgos como la hiperconectividad, el aislamiento, las desigualdades o los problemas de salud derivados del sedentarismo.
A ello se suma el impacto del acoso laboral, un fenómeno difícil de medir pero con un coste elevado. El maltrato psicológico deteriora la salud mental, reduce el rendimiento y alimenta un círculo vicioso que acaba desembocando en bajas prolongadas.
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Más allá del coste económico
Sergi Macip concluye que el absentismo, en este contexto, no es solo un coste económico y que reducirlo no pasa solo por reforzar los controles, sino por humanizar los entornos de trabajo.
Así, más que un problema aislado, la ausencia de los asalariados de su puesto de trabajo se puede ver como un termómetro del malestar laboral y como un aviso temprano de que algo no está funcionando en la forma en la que se organiza, se gestiona y se vive el trabajo.
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