En un contexto en el que llenar la cesta de la compra resulta cada vez más caro, los consumidores ya no solo se enfrentan a la inflación tradicional o a la conocida reduflación, que consiste en ofrecer menos cantidad de producto al mismo precio. Y es que en los últimos años hay una práctica, más silenciosa y difícil de identificar, que va ganando protagonismo: la llamada cheapflación.

Se trata de una práctica cada vez más habitual entre fabricantes y distribuidores para hacer frente al aumento de los costes de producción sin subir de forma directa los precios de venta al público. El resultado es que el consumidor sigue pagando lo mismo, pero recibe un producto de menor calidad.

En qué consiste la 'cheapflación'

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) define la cheapflación como la práctica de sustituir ingredientes o materiales de un producto por otros más baratos sin modificar su aspecto, su denominación ni su precio. Es decir, los cambios suelen ser sutiles y nunca se suelen anunciar de forma destacada: aunque el diseño del envase es prácticamente idéntico y se mantiene su coste, el contenido ya no es igual.

Miguel Ángel Serrano, vicepresidente de FACUA, explica que el objetivo de las empresas es abaratar el coste de producción y aumentar su margen de beneficio, evitando una subida de precios que podría pasar factura a las ventas. Según los expertos, esta estrategia no se limita solo a los productos de alimentación, sino que se aplica también a sectores como la electrónica, la tecnología o incluso la ropa.

Algunos ejemplos habituales de cheapflación son el cambio de ingredientes de mayor calidad por otros más económicos como sustituir aceite de oliva por aceites vegetales más baratos, emplear aromas artificiales en lugar de ingredientes naturales o recurrir a materias primas de menor valor nutricional.

A diferencia de la reduflación, donde el cambio de cantidad puede apreciarse fácilmente en el envase, la cheapflación es más complicada de identificar. La OCU advierte de que solo puede detectarse si se lee con atención la lista de ingredientes o la información nutricional, algo que muchos consumidores no suelen hacer nunca al meter los productos en el carro.

Una mujer lee en el envase la composición de un producto.

Por qué es una práctica en aumento

El auge de la cheapflación está estrechamente relacionado con la presión inflacionista que afecta a toda la cadena de producción. Ante este escenario, muchas empresas se enfrentan a la disyuntiva de subir precios y arriesgarse a perder clientes o reducir costes bajando la calidad del producto. Cada vez más optan por esta segunda vía, sobre todo en productos de consumo habitual y en marcas propias de grandes cadenas de distribución.

Cómo afecta al consumidor

Desde el punto de vista económico, la cheapflación supone una subida encubierta de precios, ya que el consumidor paga lo mismo por algo que es objetivamente peor. A largo plazo puede ser incluso más caro, ya que puede hacer necesario comprar más cantidad o buscar alternativas de mayor calidad para obtener el mismo resultado.

En el ámbito de la salud, los expertos alertan de que la sustitución de ingredientes naturales por aditivos, aceites menos saludables o productos más procesados también puede favorecer dietas desequilibradas y alejadas de las recomendaciones nutricionales.

Cómo detectar la 'cheapflación'

Aunque no es fácil, hay algunos detalles a los que debemos prestar atención para no caer en esta trampa. Leer detenidamente las etiquetas, comparar la lista de ingredientes con versiones anteriores del producto y revisar el origen o procedencia de las materias primas puede ayudar a identificar cambios en la calidad. También conviene desconfiar de precios congelados en un contexto de inflación generalizada.

Actualmente, la cheapflación no es ilegal si el etiquetado es veraz. Sin embargo, organizaciones como la OCU piden cambios legislativos para que estas modificaciones se comuniquen de forma clara y visible, garantizando así que el consumidor pueda tomar decisiones informadas a la hora de comprar en el supermercado.