¿Donostia tiene Infierno o Cielo? El nombre de la zona de Ibaeta, a debate
Vecinos de Donostia cuentan las historias del origen de la denominación de una zona cuyo nombre reivindican. Del Infierno, sí, y a mucha honra
El Infierno está ahora muy cerca del cielo, y no parece que a algunos de los vecinos de la zona les haga demasiada gracia que una de las constructoras que operan en el ámbito situado en el extremo de Ibaeta haya bautizado como Zeruene a su promoción de vivienda.
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“Será que si dicen que las casas están en el Infierno venderán menos o tendrán que ser más baratas”, bromea uno de ellos.
Sea como fuere, resulta curioso bucear en los orígenes de tan original denominación: el Infierno. Así lo ha hecho Kepa Vicario, vecino de El Antiguo.
Historias curiosas que tendrán, a buen seguro, más de mito y de leyenda que de base real. Aunque no será improbable que alguna de ellas dé, en efecto, con el punto de partida de este singular nombre.
La curva infernal o la fogata eterna
La nómina de historias vinculadas con el origen del nombre del Infierno, también Inpernua, es larga y aquí se recogen algunas de ellas.
Cuentan en el barrio que hace años existía en la zona una curva muy cerrada y peligrosa, donde se sucedían no pocos accidentes, lamentándose incluso fallecimientos. Era, en definitiva, un punto infernal. Era el Infierno, un averno que desapareció con la construcción de la Variante.
Otra historia vincula el origen del nombre con el fuego, una vinculación lógica, aunque la historia sea particular, ya que sitúa dicho inicio en una fogata que ardió durante varios días en ese punto de la ciudad. En esa gran hoguera se quemaron los árboles que se habían talado para la construcción de la carretera que allá por 1840 accedía a Donostia. Viendo el fuego y las cenizas, hubo quien comentó que aquellos troncos habían “ardido en el infierno”.
El burdel y el Belén
Suma y sigue. También hay quien asegura que la génesis del nombre hay que buscarla en un burdel, una casa situada algo alejada de la ciudad con fonda y bar. Cerca se encontraba el caserío Belén, también con bar. El decente bar de Belén tenía que competir con el del burdel y quienes se decantaban por acudir a este último establecimiento, al ser preguntados a dónde iban, respondían: “Vamos al infierno”.
Otros, de forma más sencilla, aseguran que el Infierno se llama así por estar cerca de Belén, por oposición.
Precisamente, quien fue vecino del caserío Belen Berri, heredero del caserío Belén, Jesús Mari Sagardia, cuenta otra versión del origen. Según a él le ha llegado por vía familiar, sus abuelos se desplazaban al barrio de El Antiguo, e “incluso más allá del túnel”, a vender productos del caserío.
El fuego de la forja
¿Cómo los transportaban? Como correspondía a la época y las circunstancias: en un carro tirado por un caballo.
¿Qué tiene que ver esto con el infierno? La respuesta es algo intrincada. El caballo que tiraba de aquel carro en el que se transportaban principalmente verduras y frutas, estaba lógicamente calzado con herraduras, que se forjaban en una herrería existente en el barrio.
Para poder tener estas herraduras a punto y con el fin de poder trabajar en la fabricación de enseres varios, desde cuchillos a herramientas diversas, el herrero mantenía viva de forma permanente una llama fuerte que le permitía moldear el hierro.
Además del fuego, los golpes del herrero sobre el metal generaban chispas. La suma del fuego continuo para la forja y esas chispas hicieron que se empezara a conocer al entorno de Belén como el Infierno o Inpernua.
Y como cada causa tiene un efecto, sumar un chascarrillo de barrio, a Jesús María Sagardia su cuadrilla le acabó por bautizar como Demonio. Y Demonio sigue siendo.
Curiosas denominaciones
Curiosas son las historias vinculadas al origen de la denominación del Infierno, pero no lo son menos otras anécdotas que ha recogido Vicario.
Formando una terna con Belén y el Infierno, alzando la mirada y dirigiéndola hacia Oriamendi, se hallaba el caserío Gure Pakea. Infierno, Belén y Paz.
¿Qué más podía faltar? Pues el Paraíso, nombre de un caserío ubicado en la zona de Aiete, aunque pertenecía a Amara, donde se hallaba asimismo el caserío de Santa Teresa.
Como recuerdo a aquel paradisíaco caserío, el Ayuntamiento le puso un nombre a una calle. La calle Paraíso se sitúa cerca de Pakea Plaza y Katxola kalea.
El peso de la toponimia, según recuerdan en el barrio, tuvo también otras consecuencias, Así, el perro de uno de los caseríos de la zona, en Atotxa Erreka, fue bautizado con el nombre de Poncio y un vecino de El Antiguo, que frecuentaba la zona, puso a su can el nombre de Caifás.
Historias varias, con origen diferente y fruto más del mito y la conversación.
Sea como sea, algunos vecinos reivindican con orgullo la denominación del Infierno y recuerdan que, también en la Korrika se reconocía que “Inpernuan ere euskaraz”.
