Los croquis de escalada son un mundo desconocido para muchos pero esenciales en la vida de Rafa Elorza, uno de los artífices, junto a Eli Azurmendi y Juancar Sanz, del documental Harri, Orri, Arkatz, que versa sobre estas herramientas. La cinta, tras triunfar en Bilbao y Donostia, sigue siendo un eje central en la programación del Mendi Tour, que podrá disfrutarse en Tolosa en el mes de marzo, con fecha aún por concretar.
¿De dónde surge el proyecto?
–La idea surge a partir de las actividades que organizamos en el Club Vasco de Camping (CVC). Tenemos una pequeña sala de exposiciones donde Eli Azurmendi expuso sus acuarelas, en las que hay retratos, paisajes y algunos croquis de escalada. Tanto Juancar Sanz (presidente del CVC) como yo estábamos en la directiva, y ambos dibujábamos también, y decidimos colaborar los tres y realizar una exposición, a la que luego se le fue sumando más y más gente.
Entonces, ¿el siguiente paso fue realizar un documental?
–Exactamente, es una extensión del proyecto. Hablamos con BBK Bilbo Mendi Film y acogieron la idea. Decidimos parar y hacer un trabajo un poco más profundo. Ahí entramos en un trabajo de investigación sobre la historia del croquis de escalada, sobre croquis de todo el mundo. Se realizó una gran exposición en Bilbao, donde también se presentó el libro que creamos los tres, lo que fue un gran éxito. Entonces, con lo que sacamos decidimos que el siguiente paso era realizar un documental. Harri, Orri, Arkatz es la guinda al pastel.
¿De dónde viene la idea del título?
–El documental se titula Harri, Orri, Arkatz, que es el título de la exposición y el título del documental. Piedra, papel, lápiz. Entonces, lo que hace es un juego de palabras en euskera (piedra, papel, tijera). Reúne, por un lado, los tres elementos (la piedra, el papel y el lápiz) del croquis de escalada, y al mismo tiempo es el nombre de un juego. Entendemos que, por muy serio que se ponga y por muy dramático y épico que sea subir a una montaña, nunca deja de ser un juego. Siempre es un juego, aunque te juegues la vida.
¿En qué consiste un croquis de escalada?
–Se da cuando tú subes por primera vez una pared o abres una vía. A la hora de relatar lo que has hecho para que otra gente pueda repetir esa ruta, además de las explicaciones escritas, tienes que hacer un croquis. Un croquis es un mapa que explica por dónde va la ruta. Es un mapa en vertical, como cuando un explorador necesita una guía para ir de un sitio a otro. Esto es exactamente igual.
¿Cree que es necesario hacer más obras de este tipo?
–Por supuesto. El croquis es una herramienta utilitaria y se seguirá empleando mientras haya gente que escale. Hoy en día hay croquis hechos con técnicas digitales divulgados a través de Internet, que podrán tener más o menos valor artístico, pero siguen resultando muy útiles. Los croquis se siguen haciendo y se seguirán haciendo mientras haya escalada y mientras la escalada se divulgue. Es la forma de continuar la actividad de escalada: por dónde has subido, qué dificultad te vas a encontrar, etc. Otra cosa es la tesis que nosotros defendemos, es decir, el propio arte del croquis de escalada.
¿Nota un aumento del gusto por la escalada?
–Sí, hay no solamente un aumento, sino una masificación en la escalada. Yo llevo 50 años escalando y cuando empecé éramos cuatro locos raros que se subían por las paredes. Hoy en día, sobre todo por las generaciones jóvenes, se empieza a través de los rocódromos y tal, y se introduce a más personas en el mundo de la escalada. Vas a cualquier área de escalada aquí en el País Vasco o en cualquier sitio y están siempre llenos de gente. La gente quiere ir, y tiene el mismo derecho que tú, por supuesto, pero eso en algunos sitios incluso crea problemas con la gente local, con el medio ambiente y con más aspectos.
¿Qué se puede ver en el propio documental?
–En el documental participamos los tres autores y una serie de invitados que son escaladores, artistas… Está, por ejemplo, Jesús Mari Lazcano, que es un pintor realista vasco de los más conocidos, está Eduardo Martínez de Pizón, que es un catedrático de geografía de Madrid con mucho prestigio en el mundo de la montaña… También aparecen varios escaladores, uno de los autores de croquis más conocidos en España, un escritor que es montañero también… Creo que son como seis invitados o así, y entre todos, según el guion de Jon Herranz, vamos contando un poco lo que es tanto el proyecto nuestro como lo que es la historia de los croquis y la evolución que han tenido desde ese croquis funcional, simple y práctico hasta una obra de arte.
¿Cómo se conjuga la idea en un proyecto de verdad?
–Cuando nosotros nos planteamos hacer un documental acudimos a Mendi Film. El presupuesto del documental ha sido mucho mayor del que pensábamos, aunque ahí entraron patrocinadores de Mendi Film, el Club Vasco de Camping, los beneficios del libro… Nosotros no somos realizadores de cine, y no teníamos ni idea de eso, y recurrimos a Mendi Film, que nos puso en contacto con Jon Herranz, que es un realizador que tiene experiencia de unos cuantos documentales. Yo ya conocía su trabajo de hace tiempo, y es un realizador muy bueno, sobre todo de proyectos de tipo documental.
¿Cómo recuerda el proceso de grabación del documental?
–El proyecto estuvo muy bien dirigido gracias a Jon Herranz. Se implicó muchísimo, se notaba que la idea le gustaba y todos le hacíamos caso. Al final, yo sirvo un poco como nexo en la historia, para dar paso a otros personajes, cambios de escena... Al final yo solo respondía a sus preguntas sin saber qué venía antes y qué saldría detrás, por eso tiene tanto mérito el trabajo de guion que hizo Jon. Nos lo pasamos muy bien. Da la impresión de que hay un texto anterior donde nos pone qué tenemos que decir, pero él lo que ha hecho es coger partes de las entrevistas para construir un relato y una historia muy bien contada. Es un gran trabajo, muy laborioso, con una fotografía con mucha sutileza.
¿Recuerda alguna anécdota en especial?
–Una anécdota con la que me quedo es cuando en una de las escenas, en una localización cerca de Jaca, fuimos a un campo donde el cereal de los campos estaba bastante alto. Al volver del sitio donde habíamos estado filmando me dijo Jon que si quería hacer un Gladiator, pasando la mano por encima del cereal. Yo no lo pillé, pero a cada persona que se lo cuento ya capta la referencia. Todo el mundo lo pilla menos yo.
¿Sigue yendo al monte?
–Jamás he dejado la montaña. Lleva más de 50 años siendo mi pasión, es algo que me inculcaron desde niño y que he podido mantener. Soy un apasionado de la montaña, directivo de un club grande como el CVC e incluso presidente durante casi dos legislaturas… Pero vivo la montaña como un complemento. No soy un enfermo de la montaña. Puedo estar semanas sin ir, y cuando lo hago no tiene que ser necesariamente muy exigente. No me despierto cada día con la intención de subir un seismil. Entiendo que tengo otras actividades en la vida, pero ser demasiado ambicioso en retos alpinísticos te quita de otras cosas.
¿Qué es es lo que ya no le gusta de la montaña?
–La masificación creo que es un mal inevitable. Si yo reclamo mi derecho a ir a la montaña, no puedo negárselo a otro. Cuando íbamos cuatro era distinto, no era tanto un objeto de consumo como es ahora. Pero hoy en día todo el ocio se ha convertido en un objeto de consumo. Hay un ansia de consumir y todo te parece poco. El conocimiento que teníamos antes no era el mismo, y tampoco podíamos ir todos los fines de semanas. Era distinto.
¿En qué?
–La intensidad con la que disfrutabas era diferente. Hoy veo que a la gente le cuesta más disfrutar el momento. Cuando están subiendo un monte ya están pensando en cuál va a ser el siguiente, y ese ritmo de vida es difícil de sobrellevar. Hay poca reflexión placentera de recordar el momento, de pararse y conectar con la montaña. O, por lo menos, queda menos. Entramos en esa dinámica de consumir montaña, colgarlo en una aplicación y que todo el mundo nos vea.
¿Hay cierta contraposición entre el trabajo de hacer un documental y la inmediatez de las redes?
–Sí, eso es verdad. La gente no se para a mirar lo que hace y siempre está pensando en qué va a hacer el finde siguiente en vez de disfrutar lo que está haciendo en ese momento. Aun así, tengo que añadir un matiz importante, y es que las redes sociales nos han permitido llegar y conectar con gente que mantiene una pasión por la montaña y también por los croquis de escalada. La gente nos mandaba sus bocetos y sus obras por Instagram, y nos ha permitido conocer más gente de todo el globo. Es verdad que las redes sociales tienen esas dos caras. Está la parte más consumista, con la necesidad de subir fotos y vídeos cada día con las cosas que haces, y no te deja sentarte a disfrutar. Pero, por otro lado, también tiene el poder de conectarte con gente muy distinta a la que le gusta lo que haces, y eso nos ha sorprendido mucho a todos.