Luis Mari Moreno ‘Pirata’ (Errenteria, 1973) es uno de esos músicos que han hecho de la carretera, los escenarios y la calle su forma de vida. Está a punto de cumplir 40 años en el mundo de la música, con una trayectoria marcada por etapas, diversos proyectos y una agenda siempre en movimiento. Tras pasar por numerosos grupos y tocar en contextos tan distintos como grupos, txarangas, grandes giras o programas de televisión (Manolo García, Ana Belén o el programa Late Motiv, de Andreu Buenafuente), ahora presenta 'Me vale madre', un nuevo proyecto con tono mexicano que nació casi por casualidad y que ya es una nueva ventana abierta en su carrera.
Este viernes estrenó ‘Me vale madre’, el último proyecto que ha puesto en marcha. ¿Sigue poniéndose nervioso cada primera vez?
Un poco, porque siempre está ahí el gusanillo de estrenar un grupo. Cuando preparas un grupo siempre crees que está listo para triunfar y que va a ser cojonudo, pero al final la gente es la que decide.
¿Cómo fue?
La verdad es que estuvo muy chulo. Lo hicimos en el Cyne Reina de Errenteria, que para mí es mi casa, y dejando a un lado algunos problemas técnicos, el resumen fue muy positivo.
¿En qué momento surge la idea de montar un proyecto tipo mariachi? Quizás sea el único género que no había tocado hasta ahora.
A mí siempre me ha gustado mucho la música mexicana, y en las txarangas por las que he pasado, por ejemplo, siempre se ha tocado mucha música mexicana. Yo, particularmente, he escuchado muchísima música mexicana. Pero ‘Me vale madre’, en concreto, surge junto a Leire, mi sobrina y cantante del grupo. Después de regalarle a mi padre por su 86 cumpleaños un disco grabado por mí con diferentes canciones con el saxofón, ya no sabía que regalarle (ríe). Fue ahí cuando llamé a Leire, que estudia Musicología en Madrid, a ver si le gustaría grabar algunas rancheras, boleros… Le gustó la idea y después de eso surgió la idea de seguir adelante y formar el grupo. Después, evidentemente, nos hemos rodeado de otros grandes músicos como Iñaki Diéguez, que nos acompaña con el acordeón.
En definitiva, ya está en otro grupo y en otro estilo de música. ¿No cansa tener que reinventarse cada cierto tiempo?
La vida son etapas, vivir de la música es muy complicado y, si quieres hacerlo, estás obligado a tocar muchos palos.
"El éxito, sin duda, es poder vivir de la música. El pelotazo, para mí el pelotazo es comer caliente todos los días"
También formó parte de Los del Gas. ¿Habría firmado pegar el pelotazo y hacer su carrera solo con ese grupo, por ejemplo?
Los del Gas resume a la perfección lo de que la vida se divide en etapas. Recuerdo con mucho cariño esa época, y trabajamos mucho, pero igual que otros proyectos, se fue apagando poco a poco. Ahí decidimos juntarnos con Zo Zongó y la idea era hacer una cooperativa que contase con la oferta de diferentes grupos formados por los mismos músicos. Los del Gas estaba ahí, y también empezamos con Rockalean y Euskorleans. Así, completábamos nuestra agenda con diferentes actuaciones que hacíamos con diferentes grupos. No considero que pegar el pelotazo sea alcanzar tanta fama que te haga poder desarrollar toda tu carrera en el mismo sitio.
Éxito
¿Qué considera pegar el pelotazo?
El éxito, sin duda, es poder vivir de la música. El pelotazo, para mí el pelotazo es comer caliente todos los días. Tenemos la mala costumbre de comer todos los días (ríe) y solamente poder hacerlo gracias a la música es un éxito.
Hoy en día, ¿un músico puede permitirse estar en un solo proyecto?
Algunos sí, pero otros tenemos que multiplicarnos y tocar con muchos grupos teniendo una agenda muy bien coordinada para no pisar las actuaciones. La vida te va llevando. Ni siquiera pasa en algunos grupos grandes. Ya no se escucha eso de este es el guitarrista de Loquillo o de La Orquestra Mondragón, por ejemplo. Hay grupos grandes en los que los músicos a veces son los mismos.
El camino le ha vuelto a llevar a casa, pero antes pasó por la tele con Andreu Buenafuente y también realizó una gira con C. Tangana. ¿La diferencia es muy grande?
Sí, y donde más lo noto es en la conexión con el público. Yo me lo paso bomba haciendo actuaciones a pie de calle, por ejemplo, con Rockalean. Me gusta estar cara a cara con la gente y ver que disfrutan. Después, la diferencia está en la gente que te ve y en la gente que trabaja detrás de cada actuación. Cuando hice la gira con C. Tangana por Latinoamérica, viajábamos 73 personas, aunque luego al escenario salgamos apenas diez. En Late Motiv, también, el equipo de trabajo era de 100 personas. Con grupos más pequeños con los que toco en la calle, no necesitamos de tanta gente, pero lo bonito no está en cuánta gente llevas detrás. Lo que me engancha es hacer música para la gente. Sea un grupo de versiones de rock o una txaranga, conectar con la gente y desarrollar la actuación en función de eso es lo que me gusta.
¿Cómo ve la música de calle?
Muy bien no está, tengo que reconocerlo. Este año cumpliré 40 años tocando en la calle con grupos, txarangas… y desde que empecé en 1986 nunca he escuchado hablar de que la cosa va mejor, siempre ha ido peor. He pasado la crisis del 92, la del 2000, la del 2008, luego llego la pandemia… he ido de mal en peor. Para hacerte una idea, ahora estoy cobrando por un concierto lo mismo que cobraba hace 26 años. La música está muy complicada. Los alimentos suben, las casas suben… la música, no.
¿Qué es lo que ha cambiado?
Cada vez hay menos música de base. Hay menos salas, ya no hay bares para tocar. Hoy en día no hay sitios. Recuerdo cuando montamos Blues Thorpes, con miras a que se hiciera grande. En Donostia estaba el Altxerri, el Etxekalte, la Gatera… Ahora no quedan apenas sitios para tocar en directo. Cada vez se programan menos conciertos pequeños y, sin embargo, hay más grandes conciertos en estadios. La brecha es muy grande. Y es una pena porque la gente nueva no tiene donde existir.
¿Se valora poco al músico de calle? Usted tiene sus estudios y toca más de 20 instrumentos.
Puede ser, sí. Antes la txarangas, por ejemplo, estaban compuestas por gente que había estudiado algún instrumento de pequeño y se juntaban para hacer cuatro chapuzas contadas. Hoy en día hay txarangas en las que muchos tienen la carrera superior de música. Es lo más triste, porque cuando más preparada está la gente a nivel musical, es cuando menos trabajo hay. El nuestro es un oficio de pasión, y quizás por eso me de tanta pena.
"Cada cosa me ha llevado a otra diferente, pero reconozco que a veces te sientes frustrado y con ganas de dejarlo. Conozco a grandes músicos que tras la pandemia no han vuelto a la música"
Dejar la música
¿Ha pensado alguna vez que no merecía la pena aunque fuese su hobby?
Sí, y de hecho he estado en otros trabajos. Al final, en épocas en las que hay menos trabajo, tú quieres tirar para adelante porque hay que pagar el alquiler o la hipoteca, lo que sea, y comer. Lo que pasa es que, por otro lado, siempre me niego a rendirme. Además, con la gente con la que estoy, tengo la suerte de que cuando se cierran las puertas se abren las ventanas. Siento que siempre que está a punto de acabarse todo, pasa algo. Cuando llegó la crisis y tuvimos que dejar Los del Gas, apareció Rockalean, y antes de Los del Gas estuve en Madrid, tras dejar Blues Torphes, en Académica Palanca, hasta que murió mi compañero Antonio. Cada cosa me ha llevado a otra diferente, pero reconozco que a veces te sientes frustrado y con ganas de dejarlo. Conozco a grandes músicos que tras la pandemia no han vuelto a la música.
Acaba de abrir la ventana de ‘Me vale madre’. ¿Cuántas tiene abiertas?
Muchas, y más que se pueden abrir todavía. En junio voy a hacer 53 años, y espero no estar a los 67 dando vueltas por la calle, pero todavía quedan proyectos por hacer, seguro. Además, nunca sabes de dónde puede surgir uno. De un regalo de cumpleaños a mi padre salió ‘Me vale madre’, no te digo más.
¿A donde irán ahora?
La próxima actuación será el 28 de febrero en la carpa de Gure Zirkua en Tolosa. Me hace mucha ilusión, porque siempre he sido un fanático del circo.
¿Se acordará de coger el instrumento y la vestimenta correcta?
Espero que sí, aunque he llegado a ir a una actuación sin instrumento, o me he dejado a algún compañero que tenía que recoger. Todo puede pasar.