El artista multimedia Oscar Tuazon (Seatle, EEUU, 1975), escultor, instalador, pintor y diseñador de arquitecturas presenta en la galería Cibrián de Donostia un conjunto de seis pinturas y seis esculturas dedicadas a la luna que se mueven todas ellas entre el concepto y el minimalismo. Tuazon siempre trabaja con materiales industriales y naturales que cuestionan los límites entre arte y construcción, trabajando con piedra, madera, acero y hormigón. En esta ocasión, con mármol negro y crema de Markina para la escultura, y con esmalte y acrílico sobre cedro rojo tallado y carbonizado en la pintura.

En esta muestra dedicada a la luna presenta seis catalejos de piedra de distintos colores que van del gris negro al amarillento, con sus orificios y óculos, cuyas cavidades internas no comunican con ningún espacio, y que van dirigidas a seis pinturas de base cuadradas negras, con sus círculos interiores de colores amarillos, grises y ocres, con repertorios lunares a base de manchas, círculos y aguamarinas lunares. Todo un poema conceptual que lleva a preguntarnos si miramos la luna en noches de plenilunio, si gustamos su misterio, o si soñamos con sus formas, tamaños, y colores. El propio autor indica: “Escribimos sobre la luna porque está ahí; pintamos la Luna para capturar de nuevo, en el presente, esta cosa eterna. Retener el significado es la forma más generosa de enseñanza”.

El artista parece hacer una reflexión sobre la falta de conexión del hombre contemporáneo con la naturaleza y su atrofia visual y contemplativa con el cosmos. Tuazon añade a su obra reflexiones de Georges Bataille sobre el sol y la luna y trata de enmarcar y contextualizar su obra sobre los misterios de la naturaleza y arte. Sus repertorios iconográficos parten de dos de las figuras principales de la simbología exotérica, los cuadrados, símbolo de la tierra, y los círculos, símbolos del cielo, y con ellos, y valiéndose de los mismos, realiza sus propuestas artísticas.