Dinamarca, Islandia, Alemania y Croacia lucharán por las medallas del Europeo de balonmano, mientras España se despidió del torneo con un nuevo tropiezo ante una Portugal que selló su pase para el próximo Mundial

Pizarra islandesa

La lucha por las medallas ya ha quedado reducida a cuatro selecciones. Una idea de juego bien definida ha marcado el paso en el Europeo, con un dato significativo. Tres de los equipos que pelean aún por las medallas están liderados por seleccionadores islandeses. Dagur Sigurdsson, al frente de Croacia, Snorri Steinn Gudjónsson, de Islandia, y el exbidasotarra Alfred Gíslason, de Alemania, han impuesto una filosofía reconocible basada en un balonmano directo, de alto ritmo y con decisiones rápidas en ataque.

Más allá de matices tácticos, las selecciones que han alcanzado este tramo decisivo comparten una identidad clara y una enorme fortaleza competitiva. A pesar de contar con grandes defensores y porteros que marcan diferencias, Gisli Kristjansson, Juri Knorr o Luka Cindric reflejan en el 40x20 lo que quieren sus seleccionadores. Las rápidas transiciones y el juego directo han matado a sus rivales.

Torneo de aprendizaje

En el caso de la selección española, el balance del Europeo ha dejado sensaciones encontradas. El equipo dirigido por Jordi Ribera ha competido en la mayoría de los encuentros, pero le ha faltado consistencia en algunos aspectos. Uno ha sido el centro de la defensa, una zona clave donde se han evidenciado desajustes a pesar de que Abel Serdio y Antonio Serradilla hayan dejado claro que pueden ser la pareja defensiva para España en los próximos torneos.

Más allá de las imprecisiones en tareas ofensivas, que pueden ser puntuales, las dudas se han extendido también a la portería, una zona del campo que habían cubierto Gonzalo Pérez de Vargas y Rodrigo Corrales durante la última década. La falta de regularidad de Sergey Hernández, que llegaba como el número uno y en un gran momento de forma en el Magdeburgo, ha impedido dar un paso adelante en encuentros ajustados, donde Robin Hauge o Andreas Wolff decantaron la balanza para Noruega o Alemania.

España ha mostrado carácter y fases de buen juego, pero la sensación general es que al equipo le ha faltado esa fiabilidad colectiva necesaria para instalarse en la pelea real por las medallas. No obstante, el torneo ha sido un buen test para seguir formando un equipo que progresará en las siguientes citas.

Un grupo coral

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Croacia, ha construido su camino desde una propuesta muy diferente. Lejos de contar con una gran estrella como Mathias Gidsel, capaz de decidir partidos con Dinamarca por sí solo, el equipo dirigido por Dagur Sigurdsson ha llegado a semifinales apoyado en un bloque coral que no deja de luchar. Su fortaleza, tras la retirada internacional de su líder Domagoj Duvnjak, reside en el compromiso colectivo y en la capacidad para repartir responsabilidades sin perder intensidad.

Los datos refuerzan esa idea. En los siete primeros partidos del Campeonato, solo Ivan Martinovic ha repetido como máximo goleador, y únicamente en dos encuentros. En el resto han aparecido nombres como David Mandic, Mario Sostaric o Tin Lucin, asumiendo en cada encuentro el papel de líder, confirmando una variedad ofensiva insistente e incómoda para los rivales.