Coronavirus en Euskadi | Así vació la vacuna las UCI

La ocupación en las Unidades vascas de Críticos cae un 70% en cuarenta días y ha pasado de un pico de 195 enfermos a 61

14.06.2021 | 00:38
Foto de archivo de la UCI del Hospital de Cruces, el pasado mes de febrero, cuando estas unidades estaban saliendo de la tercera ola. Foto: Pablo Viñas

donostia – Hace solo seis semanas, el 3 de mayo, la olla de las UCI vascas parecía a punto de explotar. Las Unidades de Críticos de la red de Osakidetza tocaban techo con 195 pacientes con cuadros muy graves de coronavirus y los hospitales recibían enfermos sin cesar. 40 días y un millón y medio de vacunas después (el total de antídotos inoculados), la presión en esta zona cero del virus ha caído un 70%, con 61 enfermos ingresados. Resultado única y exclusivamente de las vacunas, que han alejado a toda la población de riesgo de este parte de guerra en el que se habían convertido los servicios de intensivos.

Pongamos solo un ejemplo. En aquel día para olvidar, en el Hospital de Basurto había 108 hospitalizados y 21 pacientes en UCI. Pues bien, anteayer, sábado, apenas permanecían 22 pacientes ingresados y solo tres estaban tan malitos como para requerir cuidados intensivos. Es la nueva cara de las UCI, tras la tormenta de la cuarta ola que ha mantenido a los hospitales vascos al límite y ha amenazado de nuevo con colapsar el sistema sanitario.

Avance de los pinchazos

Los expertos tienen pocas dudas de que esta mejoría obedece al acelerón en el ritmo de vacunación. Tanto el número de muertes en términos absolutos como su redistribución van calcando el avance de los pinchazos por grupos de edad. Hay que recordar que en Euskadi se está empezando a citar a los ciudadanos de 45 años y prácticamente un 35% de la población vasca está totalmente inmunizada.

Pero a finales de abril y principios de mayo, los intensivistas debieron superar otra prueba de fuego. Félix Zubia, jefe de la UCI del Hospital de Donostia, declaraba sentirse como "un marinero en medio de la galerna". "Pasados unos días, uno no puede desprenderse de la sensación de volver una y otra vez a la casilla de salida. Llevamos más de un año respondiendo a este reto sanitario y la situación se repite una y otra vez. Resulta agotador", admitía.

Pudieron tomarse un pequeño respiro en marzo, pero luego la situación volvió a complicarse. No hay que olvidar que el de las UCI es el indicador que más tarda en mejorar, ya que depende de la evolución de cada paciente. Por ello, que bajen las cifras y se recupere este valor es una muestra de la evolución positiva de la pandemia, y una de las consecuencias de la vacunación, al provocar que enfermen menos personas con casos graves. Porque allí llevan 16 meses acostumbrados a observar con lupa la curva de contagios. Saben que esta unidad es la punta del iceberg a la que llegan diez de cada 100 ingresados. Necesitaban que la transmisión del virus se cortase para poder responder y salvar vidas. No en vano, cerca de un 15% de los ingresados, más del 30% en la primera ola, ha fallecido por coronavirus.

En cifras de confinamiento

Si el 1 de abril había 91 enfermos con covid en intensivos, el 25 la cifra se duplicaba, 188. Era el número más elevado desde la primera ola, en pleno confinamiento domiciliario, concretamente desde el 10 de abril de 2020, cuando las camas UCI acogían a 198 pacientes graves. El jefe del servicio de Reanimación del Hospital de Basurto, Raúl de Frutos, recordaba entonces que los pacientes con coronavirus no eran los únicos atendidos en las UCI. "Se sigue interviniendo a otros pacientes con patologías graves que también necesitan cuidados. Eso ha producido una escalada y estamos por encima del 80% de ocupación y más del 60% de 387 camas son pacientes covid", lamentaba.

Y es que ha sido una primavera para olvidar que ha llegado a registrar datos de ocupación prácticamente como en la primera ola. Por eso, Osakidetza se vio obligada a adoptar una decisión drástica. El 26 de abril anunció que suspendía las cirugías no urgentes en todos los quirófanos y el sistema público de salud no pudo retomar la actividad quirúrgica ordinaria hasta el 17 de mayo. Durante este periodo solo se practicaron intervenciones urgentes, oncológicas y no demorables, lo que provocó un cuello de botella en las listas de espera.

Porque la situación era casi desesperada. La alerta roja permaneció encendida durante varias semanas en Euskadi, y especialmente en Gipuzkoa, donde fue necesario derivar pacientes a hospitales vizcainos y alaveses. El virus hizo tanto daño que durante algunas jornadas, siete de cada diez vascos estaban confinados en sus localidades y 65 municipios de más de 5.000 habitantes rebasaban el índice de 400 casos. Conforme iba subiendo la cifra de positivos, los hospitales recibían enfermos sin cesar, hasta alcanzar el centenar durante varios días. Eso sí, Euskadi no ha superado el nivel tres de contingencia de las UCI de un escenario de cinco, aunque estaban previstas hasta 600, en el peor de los futuribles. Ahora el panorama ha cambiado radicalmente y las UCI se han liberado. Todas las comunidades se encuentran ya fuera del riesgo extremo, después de que Madrid haya bajado del umbral del 25% de ocupación.

El perfil del paciente que ingresa en UCI también ha dado un giro de 180 grados. El peso que han perdido los mayores en los ingresos lo han ganado personas más jóvenes con otras patologías, pero, en general los casos son menos graves y tienen más probabilidades de supervivencia. Sin embargo, ahora evolucionan más rápido son más jóvenes y menos vulnerables porque no tienen enfermedades crónicas.

También han crecido de forma alarmante los pacientes graves de menos de 50 años. Según los últimos datos del Registro covid-19, extraídos del estudio de los pacientes críticos ingresados a partir de la segunda ola de la pandemia –y dados a conocer por la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc)–, se determinó un aumento significativo del porcentaje de pacientes de entre 31 y 50 años. Un dato que contrasta con el descenso de los pacientes de más de 50 años, especialmente el grupo de 61 a 70 años, que llegaron a ser un tercio del total, y ahora son muy residuales.

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