Lavar la ropa en frío ya no es una excepción.

Con detergentes cada vez más eficaces y una mayor conciencia sobre el ahorro energético, el programa de 20 o 30 grados se ha convertido en una opción habitual en muchas casas.

Pero no todas las prendas admiten este tipo de lavado. Saber cuáles sí y cuáles no es clave para evitar daños en los tejidos y mantener la ropa en buen estado durante más tiempo.

En general, el lavado en frío está recomendado para prendas poco sucias, tejidos delicados y ropa de colores intensos que puedan desteñir. También es una alternativa eficaz para el día a día si no hay manchas difíciles.

Ropa de algodón poco sucia

Las camisetas, pijamas o ropa interior de algodón pueden lavarse en frío siempre que no tengan manchas incrustadas.

Este tejido resiste bien temperaturas bajas y, además, se reduce el riesgo de encogimiento. Para prendas blancas muy usadas o con suciedad visible, puede ser necesario subir la temperatura.

Tejidos sintéticos

Poliéster, nylon, elastano o acrílico son fibras que se lavan sin problema en frío.

De hecho, el agua caliente puede deteriorarlas con el tiempo. La ropa deportiva, por ejemplo, suele estar fabricada con materiales sintéticos y se recomienda lavarla a baja temperatura para conservar su elasticidad y forma.

Ropa oscura o de colores vivos

El agua fría ayuda a fijar el color y evita que las prendas destiñan. Vaqueros, sudaderas, camisas negras o prendas rojas conservan mejor su tono cuando se lavan a 20 o 30 grados. Además, el frío reduce el desgaste de las fibras, lo que prolonga la vida útil de la ropa.

Prendas delicadas

La lana, la seda o la lencería deben lavarse en frío o en programas específicos para prendas delicadas.

En estos casos es importante utilizar un detergente adecuado y evitar centrifugados intensos. El agua caliente puede deformar estas prendas o hacer que pierdan suavidad.

Ropa con poca suciedad

Si se trata de prendas usadas pocas horas o que solo necesitan refrescarse, el lavado en frío es suficiente. También es útil para ropa que simplemente ha estado guardada y necesita eliminar olores leves.

Las lavadoras modernas permiten ajustar la temperatura de forma sencilla Freepik

¿Cuándo no conviene lavar en frío?

No todo puede ir a baja temperatura. Las toallas, sábanas, paños de cocina o ropa muy sucia requieren programas más largos y, en muchos casos, temperaturas de 40 grados o superiores para garantizar una limpieza más profunda.

Lo mismo ocurre cuando hay manchas de grasa o restos difíciles.

Además, en situaciones donde se busca una mayor desinfección —por ejemplo, tras una enfermedad— conviene optar por temperaturas más altas, siempre que el tejido lo permita.

Ahorro y sostenibilidad

Uno de los principales beneficios del lavado en frío es el ahorro energético. Calentar el agua supone la mayor parte del consumo eléctrico de la lavadora. Reducir la temperatura puede suponer un descenso significativo en la factura y, al mismo tiempo, una menor huella ambiental.

Revisar siempre la etiqueta de cada prenda es fundamental. Allí se indica la temperatura máxima recomendada. Apostar por el frío cuando sea posible no solo protege la ropa, sino que también contribuye a un consumo más responsable en el hogar.