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El Hospital Donostia realiza 40 implantes cocleares al año

La clínica donostiarra es el centro de referencia para pacientes con hipoacusia de la CAV y La RiojaParticipa en un estudio internacional para conocer los genes que influyen en esta dolencia

El Hospital Donostia realiza 40 implantes cocleares al año

donostia - El implante coclear está considerado como uno de los doce inventos más importantes del siglo XX, al ser el único capaz de restaurar un sentido. Con más de 400 implantes a sus espaldas desde que en 1991 se realizara el primero y 40 intervenciones anuales, el Hospital Universitario Donostia se ha convertido en el centro de referencia para los pacientes con hipoacusia (deficiencia registrada en la capacidad para percibir los sonidos en su intensidad habitual). Se estima que en el mundo hay 400 millones de personas con hipoacusia, una dolencia que se multiplica conforme envejecemos, alcanzando al 85% de los pacientes con más de 85 años. Pero la dolencia también afecta a los más pequeños. Cinco de cada 1.000 recién nacidos presentan problemas auditivos, y uno de cada 1.000 casos corresponden a dolencias graves. Esto provoca que los menores tengan graves dificultades para comunicarse, al no poder desarrollar el lenguaje oral, lo que muchas veces produce problemas de integración en la sociedad. En los adultos, la pérdida auditiva genera aislamiento, soledad y depresión. Por ello, los pacientes que reciben un implante coclear experimentan un cambio radical en sus vidas.

un cambio “total” de vida Así lo atestigua Miguel Mari Corcostegui, quien en 1991 se convirtió en el primer paciente del Hospital Donostia en recibir un implante coclear. “Ha sido un cambio total en mi vida. Llevo una vida completamente normal”, asegura este hombre, que ayer participó en una jornada sobre implante coclear organizada por el Hospital Donostia.

Corcostegui sufrió sarampión con cuatro años y, a partir de entonces, desarrolló problemas auditivos. Tras años de consultas médicas y de probar distintas alternativas, como audífonos, en 1990 recibió la llamada que le cambió la vida. “El doctor Algaba me planteó que había la opción del implante, pero que iba a ser el primero del hospital. No había oído nunca hablar de ello, pero dije que sí, todo lo que fuera mejorar...”, recuerda.

Fueron cinco horas de quirófano, diez días de ingreso y seis meses de tratamiento logopeda que todavía se emociona al recordar. Pero la conclusión es clara: “Merece la pena”.

Tras 26 años, el implante comenzó a fallar y en 2017 se enfrentó a su segunda intervención para la colocación de otro dispositivo, esta vez en el oído derecho. Casi tres décadas después, la experiencia quirúrgica resultó totalmente distinta. “A la hora y media estaba en planta y al día siguiente en casa. Cada año tengo revisiones porque el cerebro cambia y hay que reprogramar los electrodos, pero no es gran cosa y merece mucho la pena”, asegura.

Por ello, su mensaje para los familiares de niños que sufren esta dolencia es inequívoco: “Que se hagan la prueba cuanto antes porque te cambia la vida”.

También da fe de ello la familia de Saroi Urrestarazu, que fue implantada con 16 meses. “Fue un proceso difícil, porque no sabíamos si la niña oía o no, se le caía el imán”, recuerda su madre, Nora. Pocos años después, fue implantada por segunda vez. “Ahora controla perfectamente las pilas, las baterías. En la ikastola es una más, hace deporte y vida normal. Se va de colonias, de excursión... No tiene ningún problema”, explica esta madre.

investigación genética La experiencia de estas dos personas atestigua la importancia de seguir avanzando en la investigación. Y es en ese camino el que se ha embarcado el Hospital Donostia, a través de Biodonostia, junto con otros cinco hospitales de España, Francia y Portugal. Se trata del proyecto GHELP, al que el Fondo Europeo de Desarrollo Regional ha dotado de 1,3 millones de euros.

Según explicó ayer la doctora Zuriñe Martínez, la hipoacusia infantil grave, que afecta a uno de cada 1.000 recién nacidos, tiene entre el 60 y el 70% de los casos un origen genético y en el 95% de los casos no presenta antecedentes familiares.

Para detectar estos casos, en la actualidad se realiza un cribado auditivo en las 24-48 primeras horas de vida y los bebés que no lo superan son sometidos a un análisis genético a través de un análisis de sangre. “El origen de la hipoacusia determina la evolución de la enfermedad y permite un mejor pronóstico de cómo van a funcionar los audífonos y el implante coclear”, explica Martínez.

Por ello, el estudio en el que se está trabajando tiene una doble finalidad: por un lado, descubrir nuevos genes que influyen en esta dolencia auditiva, para lo cual se va a realizar un panel de 183 genes a valorar. Y por otro lado, analizar el coste efectivo de realizar esta prueba para decidir a quién aplicarla.

“Lo que se busca es avanzar hacia una medicina cada vez más personalizada; una detención cada vez más precoz para personalizar el tratamiento. Además, si llega la terapia regenerativa, será fundamental conocer bien los genes que intervienen en la hipoacusia”, expone la doctora.

GHELP inició su estudio en enero de 2018 y se prolongará hasta enero de 2021, cuando se harán públicas las conclusiones.