¿Sabías que decir gracias dispara tu dopamina y que llorar regula tus niveles hormonales? ¿O que pensar en positivo puede hacer que te recuperes antes de una lesión? ¿Que la música reduce la ansiedad y sirve de ayuda ante el dolor?, pregunta en voz alta el doctor José Manuel Felices. “No basta con dormir, comer bien y hacer deporte: detrás de la salud y la felicidad se esconde una asombrosa ciencia de la que nadie habla”, apostilla este radiólogo acostumbrado a observar lo invisible a simple vista. 

QUIÉN ES

José Manuel Felices es radiólogo y profesor de la Universidad Católica de Murcia (UCAM), con beca en el programa Clinician Educator de la Universidad de California y ha desarrollado una estancia en Harvard. Es uno de los divulgadores sobre salud más seguidos de nuestro país. En su perfil de Instagram comparte consejos, desmonta mitos y aclara dudas sobre medicina entre sus casi 500.000 seguidores. Acaba de publicar su primer libro Radiografía de una vida sana.

Preguntados “¿quién es el responsable de tu salud?”, muchos responden “Mi médico”. Pero, en realidad ¿qué responsabilidad juega el paciente y cuál el doctor? 

Es responsabilidad compartida; el paciente debe ser consciente de que el principal responsable es uno mismo; lo que no significa que se le deje solo, y los médicos nos formamos para no ser solo quien pauta y da una serie de indicaciones, sino quien acompaña a llevarlas a cabo y a integrarlas en la vida adaptándolas a cada paciente. Es lo que ondeo por bandera en Radiografía de una vida sana. No es un libro de hábitos más, que, a veces, no es fácil incluir en nuestro día a día; pero si nos acompañan a cómo hacerlo de forma más eficiente, se puede conseguir. Las personas no somos una talla única, para la salud necesitamos un traje a medida. 

¿Es genético ser propenso a la felicidad o es algo más epigenético, familia, educación, entorno…?

Es un conjunto; la felicidad no se puede explicar por un único motivo, pero sí es cierto que nuestra actitud ante la vida es el ingrediente más importante para alcanzarla. Una de las cosas que he aprendido en el hospital, con los pacientes, es a vivir, a afrontar la vida y a tomar los problemas de manera positiva ante situaciones cotidianas. Si mi jefe me ha puesto mala cara, o he llegado tarde por mi pareja… son situaciones que nos irritan y nos producen días grises, aunque sean problemas de mierda. Pero esto lo percibes en un hospital cuando por ejemplo a una recién madre le diagnostican un sarcoma, le amputan un brazo y aún así pone buena cara, y todo lo hace para recuperarse y estar con su hija. O al paciente con un diagnóstico terrible que pone toda su intención para seguir disfrutando de sus nietos y viajando con su mujer. Te das cuenta de que enfermar no implica dejar de ser feliz. En la vida no hay que dejar que los contratiempos nos roben la felicidad. 

¿Ver el lado positivo y luminoso de la vida produce salud fisiológica y mental? ¿Más feliz es ser más sano o es al revés? ¿Cómo lo explicaría la ciencia?

No quiero entrar en mensajes cargados de positividad absurda, pero la actitud positiva sí nos mejora porque impacta en nuestra la fisiología; cuando sonreímos, hacemos algo bueno por otra persona o recibimos cariño de una persona o mascota, en nuestro cuerpo se desencadenan cascadas hormonales en consonancia con esa buena actitud y esa alegría. Esta respuesta fisiológica inducida es pura neurociencia, neurotransmisores y hormonas que ayudan al bienestar del cerebro, a que la musculatura funcione mejor y a conseguir un rendimiento óptimo. Estoy satisfecho por ese cóctel de neurotransmisores hormonales derivados de esa positividad, de recibir esa alegría, de devolver esa sonrisa... y no es solo fisiológico, sino también psicológico. Hay ciencia detrás de la felicidad y conocer los procesos nos ayuda a cuidarla y usarla a nuestro favor.

Tristeza, estrés y ansiedad somatizan en patología psicofísica. A la inversa, ¿la empatía o un beso, se somatizan en mejor salud? ¿Es milagrodeautoayuda o ciencia?

Es ciencia. Queremos a los perros porque de manera genuina nos demuestran una alegría que desencadena en nuestro cuerpo respuestas que nos ayudan a encontrarnos bien. Mi reflexión va hacia nosotros mismos como humanos porque, a veces, por convenciones sociales, por vergüenza o por el qué pensarán otros, no mostramos el suficiente afecto con personas a las que queremos. Así que mostremos genuinamente nuestro cariño, estemos predispuestos a manifestar la alegría de verte hoy y las ganas que tenía de pasar un rato contigo, de decirte que me sienta bien darte un abrazo. A veces nos cuesta hacerlo con personas de nuestro entorno, ¡cómo es posible si son las personas que más queremos! Hacerlo nos hará más felices a nosotros, a nuestros padres, hijos y amigos.

“Decir ‘gracias’ dispara tu dopamina”

Propone sencillos hábitos para que la felicidad y equilibrio vital sean motores de mejor salud. Hay un pero, ¿cómo educar voluntad y constancia para hacerlos cotidianos?

Requiere un esfuerzo, como todo en la vida, sobre todo al inicio. Pero llega un momento en el que con esa constancia educada podemos permitirnos el lujo de relajarnos, porque mantener un hábito diario por obligación no aporta nada. Además, hay que ser conscientes de que hay altibajos y abrazar los bajonazos como normales y parte válida del proceso, porque nos ayudará a tener adherencia. No se trata de hacerlo todo perfecto, sino de manera continuada, algo mejor que la perfección, porque lo perfecto es enemigo de lo bueno. Lo bueno es el hacer constante, lo perfecto es imposible y descargarnos de esa ansiedad también nos ayudará a ser más constantes.

Dieta saludable, ejercicio moderado y sueño reparador, trípode de la mesa de la salud, pero con una cuarta pata sería más estable, ¿cuál sería para usted esa cuarta pata?

La cuarta pata son las personas que nos rodean; hacer todo en compañía, porque compartir vida y hábitos hace que todo sea más fácil y sencillo. Quizás no sea tan perfecto como nos gustaría, pero resultarán mejor porque nos asegurará la adherencia y todo será más dulce y agradable que en soledad. Comer y entrenar solo no es algo negativo, pero si buscamos adherencia, la cuarta pata de la salud es hacer las cosas junto a alguien a quién queramos.

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“El mejor plan de pensiones es hacerle caso a nuestro músculo”

Pensar en positivo, dar las gracias, ceder el paso, saludar, llorar, abrazar… ayuda a mejorar la salud, ¿hay evidencia científica de que sea así?

Esos actos desencadenan en nuestro cuerpo respuestas de neurotransmisores, activación de circuitos cerebrales relacionados con la felicidad de una sonrisa. Nuestro cerebro nos premia secretando dopamina al realizar actividades que requieren esfuerzo, como un entrenamiento, aprobar un examen, el agradecimiento de un amigo o el beso de tu pareja. ¿Qué pasa con las redes on line? Que nos intoxican, porque no diferencian entre las gracias de un amigo del like en internet. En redes, el cerebro interpreta mal esos corazones de pantalla, desencadenando dopamina de forma tan simplona que nos provoca no necesitar el esfuerzo que antes sí se requería. Tengo recompensa sin esfuerzo y segrego dopamina, cayendo en una intoxicación hormonal. Ser conscientes de ello es el primer paso para intentar evitarlo.

La salud mental mengua en nuestra sociedad, ¿qué ve en la radiografía del paciente estresado y ansioso en busca del bálsamo, de fierabrás? 

Hay muchos signos que los radiólogos vemos en nuestras pantallas, con radiografías, TAC y resonancias. Lo evidente es a nivel muscular, donde podemos ver grasa muy gruesa y músculos muy delgados frente a lo idóneo que sería al revés. Pero no solo es el calibre, sino zonas inflamadas, porque el sedentarismo y una forma de vida apática hace que la grasa se meta en el músculo y éste sea más graso. Además, al sustituir tejido muscular por grasa ya no cumple la misma función y empieza el declive, porque mis brazos y piernas llenas de grasa no tendrán músculo para sostenerme y bajará la capacidad de caminar o de ir al supermercado porque no podré llevar las bolsas. Se ve el declive a nivel muscular, el del hígado o del riñón por el cambio de color; un hígado más blanco y riñón más negro nos dicen que el hígado está captando grasa, y un hígado graso predispone al cáncer de hígado fruto de una vida poco activa. A nivel cerebral también vemos cambios, como su paulatina deshidratación y atrofia a lo largo de los años; los cerebros de personas de 80 años con vidas activas se ven turgentes, con tejido neuronal funcional; mientras que a las personas que dejan de utilizar ciertas zonas del cerebro se les atrofian y van perdiendo tejido neuronal sustituido por vacío.

¿Muchos de nuestros males podrían aminorarse si viviéramos bajo la premisa de que la salud no lo es todo, pero que sin salud no hay nada?

De acuerdo con esta premisa, porque es una de las máximas que visibilizo en el libro. Ahora que nos preocupan nuestras finanzas y jubilarnos con un buen plan de pensiones, cabe recordar que el principal plan de pensiones es hacerle caso a nuestro músculo; no hay mejor ahorro que tener tejido muscular sano; no hay tesoro que valga lo que un tejido muscular fuerte. Además, podré tener un plan fantástico de pensiones, pero sin ese tejido muscular sano no podré moverme, ni tener autonomía, ni disfrutar de lo que me gusta. ¿De qué me sirve ese dinero?  

Todos ansiamos una vida sana, pero, ¿a quién dirigiría con especial dedicación su libro de prácticos y sencillos consejos para mejorar la salud?

A las personas que piensan que no merece la pena tener buenos hábitos porque consideran que no garantizan no enfermar. Algunos aducen que, aunque hagas todo perfecto, nada evita enfermar; ante esto, debemos dejar claro que la prevención es positiva porque disminuye la posibilidad de enfermar, aunque no lo garantice. Y hay otro motivo, la prehabilitación, que consiste en fortalecer el organismo para que en caso de padecer una patología, el paciente cuente con mejores herramientas de recuperación y calidad de vida. Los buenos hábitos prehabilitan la capacidad de recuperar calidad de vida y hacerlo antes. Todo gracias a los hábitos que llevemos a lo largo de la vida.