Ni fumar ni comer ultraprocesados: este es el hábito más peligroso para nuestra salud
El dietista y nutricionista Carlos Ríos enumera las prácticas más nocivas para el organismo y destaca una de ellas como la peor
Carlos Ríos es una de las voces más influyentes en materia de nutrición y salud en las redes sociales.
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Estudió Nutrición Humana y Dietética en la universidad Pablo de Olavide de Sevilla, aunque es más conocido por haber creado el popular movimiento 'Realfooding', al que se han sumado más de un millón y medio de seguidores a través de su cuenta de Instagram @carlosriosq.
El dietista y nutricionista trata de luchar contra el consumo de ultraprocesados y devolver la comida "real" a la población.
En uno de sus últimos vídeos, Ríos hace un repaso de los hábitos más perjudiciales para la salud. Entre ellos destacan el tabaco, el sedentarismo, la ingesta de ultraprocesados o el estrés.
Sin embargo, a la hora de tener que decidir el hábito más nocivo y perjudicial para la salud, Ríos se decantó por la falta de sueño: "Sin dormir no podemos vivir".
Según explicó, dormir menos de cinco horas al día o tener insomnio afecta mucho a nuestra calidad de vida: "Sería el peor hábito".
Qué ocurre cuando descansamos poco y mal
Dormir no es un lujo ni una pérdida de tiempo.
Es una función biológica esencial para el correcto funcionamiento del organismo. Sin embargo, dormir poco o mal se ha convertido en un hábito frecuente por el ritmo de vida actual. Las consecuencias van mucho más allá del cansancio y afectan de forma directa a la salud física y mental.
Cuando no dormimos lo suficiente, el cerebro es uno de los primeros órganos en resentirse.
Disminuye la capacidad de concentración, la memoria y la toma de decisiones.
También se altera el estado de ánimo, lo que incrementa la irritabilidad, la ansiedad y el riesgo de depresión. A largo plazo, la privación de sueño se asocia con un mayor deterioro cognitivo.
Mayor riesgo de enfermedades
El sistema inmunitario también se debilita.
Durante el sueño, el cuerpo produce y libera proteínas clave para defenderse de virus y bacterias. Dormir poco reduce esta respuesta, lo que explica por qué las personas con falta de descanso enferman con mayor frecuencia y tardan más en recuperarse.
Aumenta el riesgo de obesidad
Otro de los grandes afectados es el metabolismo. Dormir mal altera las hormonas que regulan el apetito, aumentando la sensación de hambre y la preferencia por alimentos calóricos.
Esto eleva el riesgo de sobrepeso, obesidad y diabetes tipo 2. Además, la falta de sueño influye en la regulación de la glucosa y la presión arterial, incrementando el riesgo cardiovascular.
Regeneración celular
El descanso nocturno también es fundamental para la reparación de tejidos y la salud muscular.
Durante el sueño profundo se libera hormona del crecimiento, clave para la regeneración celular. Dormir poco dificulta la recuperación física y aumenta la probabilidad de lesiones.7
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En definitiva, dormir bien es una inversión directa en salud. Mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de acostarse y priorizar el descanso no solo mejora el rendimiento diario, sino que protege al organismo frente a enfermedades a corto y largo plazo.
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