El tema me tiene realmente desconcertado. Alucino con los youtubers y streamers que se graban solos en su casa mientras ven los partidos de sus equipos. Lo digo sinceramente porque a mí, que tengo que luchar en cada encuentro con el forofo que anida en mí sin lograrlo en multitud de ocasiones, me daría una vergüenza terrible filmarme y comprobar que viendo fútbol soy un tipo bastante asalvajado. Me impresiona que les encante verse. Yo me habría ruborizado en el momento del gol de Zubeldia al verme levitar engorilado por el pasillo de los pupitres de la prensa, sin entrar a valorar que en el abrazo final con los de Mundo Deportivo tras la segunda parada de Marrero nos dimos cuenta de que mi ordenador estaba triste y solo, aunque afortunadamente encendido con vida, en el suelo. Imagínense, con la hora que era, la guillotina de la hora del cierre del periódico cada vez más afilada pendiendo sobre mi cabeza, o mejor dicho mis manos o mis diabólicos dos dedos cuando, como es normal, dada la euforia y la locura que se estaba viviendo, tenía la crónica patas arriba. En el recuerdo queda el famoso puñetazo que le dio un excompañero de ese medio en un derbi con el que se cargó la pantalla de mi computadora. Es más, tuve que salir pitando hacia la redacción nada más acabar el encuentro porque, como es lógico, no podía trabajar. Eran otros tiempos, bastante más dramáticos. Si esa vetusta y obsoleta zona de prensa hablara…

Verdades absolutas

Más allá de estas excéntricas modas modernas que muchos no acabamos de digerir ni de entender, nunca me ha gustado el tú más. Y eso que tengo tres sobrinos a los que siempre he querido como si fuesen mis hijos, que se pueden pasar una comida familiar de domingo machacando a Lucía preguntándole a ver a quién quiere más o quién es su primo favorito. Que conste que son incorregibles, es una batalla perdida, no hay nada que hacer. Por este mismo motivo no me gustan las verdades absolutas en los debates futbolísticos ni, por supuesto, ningún galardón individual, ya que se trata de un deporte de equipo y siempre estará marcado por la injusticia.

La mejor noche en Anoeta

Ahora bien, “Marrero, Marrero”, creo que te convertiste en el héroe de la mejor noche que hemos vivido en la historia de Anoeta. Una noche que tuvo de todo. El clásico duelo copero con un vertiginoso tobogán de sensaciones. Con momentos malos, por supuesto, con un arbitraje lamentable, que todavía encendió más a la grada que ya de por sí estaba caliente a pesar del mazazo del tempranero 0-2, con una Real muy superior a Osasuna cuyo triunfo en los 90 minutos hubiese sido una injusticia supina, con un equipo con una fe y con una confianza en sus posibilidades inquebrantables, con una mandíbula que ha pasado de ser de cristal a parecer de granito al no venirse abajo en ningún momento, con un gol antológico en el 93 casi por aplastamiento y con la incertidumbre de ser un rechace y un disparo que entra tras pegar antes en el palo, con un penalti desaprovechado por el lanzador infalible en la prórroga y con una tanda de penaltis agónica y emocionante que acabó rompiendo una maldición incomprensible que duraba 36 años sin salir victoriosos desde los once metros. Menudo párrafo, cuántas emociones fuertes. Aquello parecía Hollywood. Momentos de abatimiento, desesperación, enfado, resignación, excitación, euforia, hundimiento y un estallido final de alegría, con una celebración vibrante incluida, que, dicho sea de paso, necesitábamos todos. El club y sus fieles.

El estado de optimismo

Recuerdo que cuando el Madrid ganó el partido de los seis minutos a la Real, el diario en el que trabajaba tituló en portada: “Luxemburgo declara el estado de optimismo”. Creo que se puede decir lo mismo con Matarazzo en la Real. No estoy de acuerdo con que esté regando su flor, porque esa expresión se utiliza normalmente para el que consigue sobrevivir a situaciones en las que sumas más de lo que mereces, pero por ahora no está siendo el caso. Los goles que ha logrado in extremis en Getafe y ante Osasuna hicieron justicia para los méritos contraídos y estoy convencido de que no fue casualidad.

Esto es como todo, se entiende a los escépticos que dicen que no es para tanto porque en el minuto 90 de los dos partidos el peor Getafe que se recuerda había igualado a los realistas y un Osasuna plagado de reservas tenía la clasificación en el bolsillo hasta que llegaron los salvadores tantos de Aramburu y de Zubeldia. Pero está claro que algo está cambiando. Te lo empiezan a reconocer los jugadores en privado que “tiene muy buena pinta”. En solo tres encuentros ya ha recuperado para la causa a varios jugadores, siempre bajo sospecha en situaciones así, que parecían abandonados a su suerte y a la deriva.

Matarazzo

Me hace gracia que Matarazzo, que es muy inteligente, esté obsesionado con integrarse lo más rápido posible, no solo al club, sino también a la vida donostiarra. Muchas veces trata de dar la impresión de querer demostrar que lo tiene controlado y que nada se escapa de su control. Me parece normal. Es por eso que destaca que la Real es un equipo al que se le da muy bien la Copa y que incluso llegó a aludir que como está acostumbrado a llegar tan lejos en la competición, al comenzar la tanda estaba relativamente tranquilo. Alguien debería explicarle el apagón de un cuarto de siglo, que Anoeta apenas ha paladeado noches coperas no ya del estilo, sino cercana a la que vivió el martes y que, como hemos dicho, llevaban casi cuatro décadas sin salir airoso del marrón de las tandas. Algunas especialmente dolorosas como la última ante el Mallorca también en Anoeta.

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Insisto, yo creo que fue la noche más emocionante y vibrante que ha vivido el estadio de Amara por lo mucho que pasó. Aunque es indiscutible que ha habido victorias mucho más meritorias y actuaciones de los nuestros que se encuentran a años luz del buen nivel que mostró su equipo. Muchas gestas ante los clubes más poderosos de la Liga, con todo lo que ello supone. El nuevo técnico debe saber que si su equipo derrota al todopoderoso Barcelona no le sorprendería ni lo más mínimo ni al más pesimista de los aficionados blanquiazules. Y que todos los gigantes de la competición son plenamente conscientes de lo que les espera cuando visitan Anoeta. Por eso conocen el riesgo que corren si deciden hacer rotaciones o no se lo toman al 100%. Algo que también sucede en escenarios cercanos como en Bilbao o en Pamplona. Que se preparen, porque le pueden preguntar hasta a Messi, que se dejó muchos puntos en Donostia liderando a algunos de los mejores Barcelonas de la historia, con victoria memorables. A mi amigo Eneko Picavea le suele gustar pedirme que repita una afirmación que expreso mucho pero que es una indiscutible realidad: “He visto a muchas plantillas peores que esta de la Real ganar a cualquier Barça”. Y si alguien no me cree, ahí están los datos.

Voy a cerrar con una teoría que seguro que algunos tildarán de poco ambiciosa, conformista o incluso que hace de menos a un club de la talla de la Real, para nosotros el club más grande. Tal y como está concebida la Copa, a la que torturan introduciendo normas para buscar un clásico en la final, y las diferencias económicas que existen en la Liga, en momentos de debilidad embargado por la emoción y la satisfacción casi doy por buena una temporada con una noche tan sideral como la de Osasuna. Aunque luego todo se quede en nada, como el año pasado el fugaz 1-3 de Oyarzabal en el Bernabéu. “Marrero, Marrero”… Luego se me pasa y ahora con Matarazzo todos queremos más. ¡A por ellos!