Pellegrino Matarazzo se mostró claro cuando fue preguntado la víspera sobre la posibilidad de que la eliminatoria se decidiera en los penaltis y si había ensayado los lanzamientos en los últimos entrenamientos. “Sí, lo hemos hecho, tenemos ya la lista de quiénes chutan y el orden, quién lo hace primero, segundo... Tenemos buenos jugadores en los penaltis, pero el objetivo es acabar el partido en los 90 minutos”. Marcaron Oyarzabal, Guedes, Carlos Soler, Sergio Gómez y falló Zakharyan.

Llamó la atención que al final del encuentro, ya con la victoria en el bolsillo y con la euforia instalada en el cuerpo, el americano reconoció que tenía todo bajo control y que confiaba mucho en los suyos para hacer feliz a una afición que, por cierto, ovacionó a su equipo cuando el árbitro decretó el final del tiempo extra. Aunque sí pidió en broma a sus pupilos que había que empezar a ganar antes los encuentros: “Tenemos que parar estas victorias de último minuto, no son buenas para mi salud. La energía del estadio y del equipo fueron increíbles. Es fantástico cómo remontamos el 0-2. Creamos situaciones y empujamos. Lo igualamos, fallamos el penalti y seguimos en ello. Fuimos recompensados, creímos, no fue una coincidencia. Perdíamos 0-2 y seguíamos conectados y con el plan, y seguimos creciendo. Fuimos mejorando según transcurría el partido, pudimos resetearnos y seguir adelante y esa fue la clave. Había que sufrir, y se sufrió. Aunque no es sufrimiento, ganar no es sufrir. Para mí muy emocionante, muy intenso, y nos vimos recompensados. Me encanta el fútbol, el trabajo que hacemos, y seguro que si seguimos teniendo esta mentalidad, vamos a seguir viviendo buenos momentos”.

Héroes

Unai Marrero, el héroe de la noche, reconoció que se encontraba preparado para un momento así: “Estaba tranquilo, porque sé mis cualidades, sé dónde soy fuerte y, aunque no todo depende de mí, tenía claro que debía darlo todo. Tenía que confiar en mi mismo, estar muy preparado mentalmente. Habíamos visto los penaltis, los habíamos estudiado un poco y salió bien, estoy contento. ¿Que no he visto los lanzamientos de mis compañeros? Es verdad, estaba en lo mío, pensando en quién podía lanzar el siguiente y cómo lo iba a hacer…”.

Lo que no sabían es que, a pesar de que últimamente la Real ha hecho buenos papeles en la Copa con cinco clasificaciones seguidas a cuartos de final, ante Osasuna rompieron una maldición de 36 años. Concretamente desde que se impuso al Sabadell en Atotxa con el meta González como héroe después de que la Real igualara con un 3-2 el 1-0 de la ida. Desde ese momento, solo derrotas, que empezaron ante el Partizan de Belgrado, que eliminó a los blanquiazules en la Copa de la UEFA tras imponerse en 1991 por 4-3 en los penaltis, después de un empate global a uno.

Más tarde llegarían mazazos más modestos en la Copa del Rey ante Numancia (1995), Mirandés (2004) y Zamora (2005); la tanda de la Supercopa ante el Barça, en la que erraron Oyarzabal, Bautista y Willian José; y la más dolorosa de todas que valió una final, ante el Mallorca, en la que solo falló Oyarzabal, en las semifinales de la campaña 2023/24. 

Ni el subidón del martes ante Osasuna mitiga la pena que se vivió aquella maldita noche, aunque la cita del martes fue probablemente la mejor experiencia en la Copa que se ha vivido en la historia de Anoeta.