Muchos no lo saben, pero Maradona ya había sacado a pasear la mano de Dios un año antes al inmortal gol que anotó en el Mundial de 1986 ante Inglaterra. Sucedió en un Udinese-Napoli en 1985 cuando, cerca del final del partido, el balón se estrelló en el travesaño tras un remate de los visitantes. El barrilete cósmico saltó como si fuera a cabecear, pero, en realidad, desvió el balón con la mano y marcó el gol del empate. El árbitro y sus asistentes no se dieron cuenta y concedieron el tanto. El brasileño Zico, que jugaba en el Udinese y había visto claramente lo que había hecho, se acercó al astro argentino y le dijo algo así como: “Si eres un hombre honesto, dile al árbitro que ha sido con la mano”.
La respuesta literal del eterno 10, contada por él mismo entre carcajadas en un programa de televisión, fue, en lugar de admitirlo, estrecharle la mano a Zico y presentarse: “Deshonesto Diego Armando Maradona, mucho gusto”. Después de partirse de risa y hacer un corte de mangas en el mismo plató, no dudó en exclamar un “¡y un tomate voy a reconocerlo! Todo el potrero que yo me comí se lo voy a regalar a Zico”.
El potrero
El famoso potrero argentino con sus reglas, o mejor dicho sin ellas. Un descampado del barrio, porterías improvisadas con piedras, zapatillas o sudaderas, una pelota gastada, sin árbitro y con partidos que se prolongaban hasta que se hacía de noche y ya no se veía, lo cual siempre era motivo de polémica; hasta el clásico mete gol gana; o hasta que el propietario de la pelota se tiene que ir porque el grito de su madre ha retumbado hasta en los barrios ricos de la ciudad. Hablando en plata y con mayor corrección, una señal de origen humilde, de un aprendizaje del fútbol llamémosle crudo marcado por la picardía, creatividad y la gambeta. En resumen, la viveza del fútbol puro de la calle.
Un día a un sabio como Luis Aragonés se le encendió una luz en el cerebro y se dio cuenta de que lo mejor que tenía el fútbol español era la mayor calidad técnica de aquella generación de locos bajitos a los que parecía imposible arrebatarles el balón. El exitoso seleccionador de la albiceleste, Scaloni, que ha mamado de la escuela argentina y la española, explicaba muy bien, en una entrevista con Valdano, que ha seguido un proceso muy similar con su equipo para acabar logrando el título de campeón de Mundo que te otorga la gloria eterna: “Los prejuicios de decir: Ha cambiado el fútbol, el potrero no está más. Lo hablamos mucho con Pablo Aimar. Tenemos que trabajar mucho más en quién y cómo les explica a los niños. El entrenador, en este caso, es el potrero. Si estoy continuamente diciéndole al niño ¡pasá la pelota!, ¡a dos toques!, le estoy sacando la inventiva, lo que mejor tiene. Antes, en Argentina, los que más salían eran los enganches. Ahora te sacás a dos jugadores de encima y te dicen: ¡Pasala! ¿Cómo pasala? ¿Me saqué a dos de encima, puedo hacer el gol y le voy a dar el pase a mi compañero? Déjale hacer el gol, si tiene que hacer cuatro, que los haga: ése va a marcar la diferencia. Los argentinos venimos de una cultura futbolística que es la picardía, sacarse jugadores de encima, tirar un caño, buscar una pared. Si los vamos manejando con un joystick, es un error”.
Y, permítanme la licencia y la insistencia, incluso va más allá: “De Rusia 2018 me llevé la imagen de que el fútbol iba para las transiciones, poner jugadores rápidos. Quería hacer un equipo así. Pero digo: Si el futbolista argentino tipo, los mejores, no son así. Los mejores jugaban a otra cosa. Jugar bien significa que se junten, que se asocien. Si les pedimos velocidad, pases de 30-40 metros, no va. Nosotros necesitábamos juntar muchos pases para que la cosa salga. Cuando juntábamos diez pases, era situación de gol, siempre; situación o gol. El equipo lo entendió bien. Y nosotros, como cuerpo técnico, supimos cambiar. No soy de los que dicen: Hagamos esto porque para mí, entrenador, es mejor. ¿Pero si para el equipo no es mejor?”.
Estilo Bordalás
Casi me parece que está hablando de la Real y su actual etapa deprimente post-Imanol. En un ciclo bajo, para que todos nos entendamos. A ver si consigo explicarme bien. No me cae bien Bordalás, sobre todo porque se ha encarado con algún jugador realista sin venir a cuento, como con el mismo Oyarzabal. Me parece que es bastante pelota y cobarde con los poderosos y valiente con los terrenales. Pero tengo muy claro que, aparte de esos piques tontos que tampoco me aportan demasiado, lo que más me ha molestado de él fue lo mal que se portó en su día con Jagoba Arrasate sin venir a cuento y, sobre todo, porque nos ha ganado demasiadas veces teniendo una plantilla de mucho menos nivel.
Es el eterno debate del concepto de jugar bien y jugar mal. Y los prejuicios que siempre le acompañan. Bordalás es un técnico que ha hecho competir a todos los equipos a los que ha entrenado. En función de si contaba con más nivel o no en su plantel, sus pupilos actuaban con mayor o menor brillantez. ¿Si jugaban bien? Unas veces sí, otras no. ¿Competían bien? Siempre. Como animales. Salían al campo sin sentirse menos que sus rivales y plenamente convencidos de que con sus armas podían hacer mucho daño. Y, la pregunta clave, ¿te sacaban de quicio con sus exageraciones y sus continuas pérdidas de tiempo? Pues qué quieren que les diga, quizá analizándolo en frío, tengamos que apuntar hacia otra persona que es el árbitro y el supuesto encargado de que se cumpla el reglamento para impartir justicia. Si se lo permite, no hay nada que hacer. A mí lo que más me ha decepcionado con diferencia de la implantación del VAR es que no ha acabado con los tramposos. Los que fingen, los que exageran, los que se tiran… Para mí no son potreros, ni formados en campos selectos de colegios pijos, solo son tramposos. Y los colegiados cuentan con una nueva herramienta para acabar con ellos y lo único que han hecho ha sido darles más cobertura, ventajas, atajos y coartadas. Ser cómplices. Por momentos el fútbol se ha convertido en una deliberada y fraudulenta búsqueda del penalti, que, además y por increíble que parezca, luego puede fortalecer el videoarbitraje con el discutible refuerzo justificado por el simple hecho de que se produzca un contacto más propio de una personal de baloncesto que de una falta de fútbol.
Hace unas semanas leí que Bordalás estaba en la terna de posibles candidatos para dirigir al Crystal Palace, vigente campeón de la FA Cup inglesa. Y la verdad es que no me puede sorprender por sus méritos deportivos contraídos, ahora bien, imaginar que intente implantar su estilo en un conjunto de la Premier le podría costar tener que abandonar la isla a escondidas casi con nocturnidad y alevosía para evitar una lapidación. Eso sí, hablando en serio, si le contrata, estoy convencido de que con una versión muy distinta a lo que todos conocemos que jamás sería aceptada en un campeonato que hace tiempo que desterró a los bad boys, conseguiría buenos resultados porque ésa es precisamente su principal seña de identidad.
Soldados fieles
Si se dan cuenta hay muy pocos jugadores que rajan de Bordalás después de haber estado a sus órdenes y de haberles exprimido al máximo. Por algo será. Yo me suelo guiar mucho por lo que comentan tanto en público como en privado futbolistas que me inspiran confianza como Markel Bergara, uno de las mejores personas que ha pasado por Zubieta, y éste le defendió a capa y espada en una entrevista en este periódico: “Soy muy contrario a esa corriente. No se está siendo justo con Bordalás. Soy del pensamiento de que dentro de unas reglas de juego, uno tiene que intentar sacar todo el rendimiento posible de la plantilla que dispone y él es muy bueno en eso. También hay una corriente que cree que es un entrenador muy defensivo y todo lo contrario. Es un técnico al que le gusta mucho salir a presionar arriba. Tiene una idea de juego y te convence de que ésa es la mejor forma para ganar. Es un entrenador muy exigente a nivel mental, a nivel físico y en el día a día. Te lleva al límite, pero en el buen sentido de la palabra. Guste o no, lo que hace el Getafe está dentro de la legalidad”. Y no le faltaba razón...
Muchas veces nos creemos que Kubo comenzó a hablar con gracia cuando llegó a Zubieta, pero antes ya iba dejando perlas como la que dijo al referirse al equipo de Bordalás en su cesión en el Coliseum: “El vestuario del Getafe no es como el de otros equipos… parece un bar o una calle, con la gente borracha sin beber alcohol”. Señal de buen ambiente.
Sin excusas
Lo que no admite discusión es que pocos entrenadores sabían desconectar y anular mejor el estilo Barça que se implantó hace años en la Real. Auténticos baños en la pizarra que acababan con demostraciones de verdadera impotencia como lo confirma que hicieron saltar la banca una vez en Anoeta y se cargaron al entrenador y al director deportivo. Confiamos en que alguien le habrá explicado a Matarazzo que con la fórmula anterior, la que tratan de desterrar y borrar en los últimos meses, entre otras cosas, con su contratación, resultaba muy complicado imponerse a la banda de Bordalás.
Aún así, el Coliseum es un campo de Primera, que ha visto jugar unos cuartos europeos ante todo un Bayern o una remontada increíble en una semifinal de Copa al Barcelona. No es un potrero. Hay reglas y un árbitro que debe hacerlas respetar. Y la más importante que hay que cumplir es ser mejor que tu rival y derrotarle. Lo demás, para ser honestos y aunque por momentos saquen de quicio hasta el más paciente, acaba siempre en el baúl de las excusas. ¡A por ellos!